Interpol siguen adelante. De hecho, ya están trabajando en su nuevo larga duración que aparecerá el próximo año, pero aprovechan el tiempo para protagonizar una gira que rinde tributo a su primer trabajo “Turn On The Bright Lights” (02), publicado hace quince años.

Podremos verles el 8 de septiembre en RazzmatazzBarcelona, (entradas aquí) y el 9 de septiembre en Dcode FestivalMadrid (entradas aquí).

Si algo caracterizó a la década de los 2000 fue la proliferación de álbumes de debut que pusieron el listón demasiado alto a sus propios artífices. El ya lejano pistoletazo de salida a la carrera de Interpol, aquel “Turn On The Bright Lights” (02) que exhumaba con sorprendente pericia las exequias de Joy Division y algunos otros próceres del post-punk más fibroso, fue uno de ellos. Aprovechando el largo hiato entre su último largo, “El Pintor” (2014), y la edición de un próximo trabajo que verá la luz en 2018, la banda neoyorquina, que ahora solo integran (de forma estable) Paul Banks, Daniel Kessler y Sam Fogarino, lleva ya unos meses embarcada en la recuperación de aquel rutilante trabajo. Estarán el 8 de septiembre en Barcelona (Razzmatazz) y el 9 de septiembre en el Campus de la Complutense de Madrid, formando parte del cartel del Dcode. Ese es el motivo por el cual su guitarrista y miembro fundador, Daniel Kessler, nos atiende al teléfono desde Viena, justo al día siguiente de actuar en la capital austriaca como parte de la manga centroeuropea del rescate nostálgico -las cosas como son- de aquel fascinante debut. Nunca superado por ellos mismos, huelga recalcar. Por muchos balones fuera que, en su pleno derecho, nos remita nuestro interlocutor.

Estáis recuperando en vivo vuestro álbum de debut, “Turn On The Bright Lights” (2002), y no sé si con el tiempo, dado que sigue siendo recordado como vuestro mejor trabajo, representa una bendición -por el jugo que aún le podéis sacar- o una maldición –por aquello de que posiblemente nunca lo hayáis superado-.
No creo que sea ni una cosa ni la otra. Todo esto va ligado al propio rock and roll. La primera vez que buscas algo y lo encuentras tan pronto, siempre es especial. También lo es para quien nunca nos hubiera escuchado hasta entonces, porque no deja de ser una introducción a nuestro sonido, pero no es algo que veamos como una carga. Si hay mucha gente que lo ve así, hay que aceptarlo. Es algo que ocurre con todos los debuts, siempre marcan mucho por ser lo primero que alguien escucha sobre cualquier banda. Creo que nuestro último álbum, “El Pintor” (14) es igual de bueno que “Turn On The Bright Lights” (02). Todos forman parte de nuestra historia, y estamos orgullosos de ella.

¿Cómo os sentís tocando esas canciones más de quince años después de haber sido compuestas, sobre todo teniendo en cuenta que la banda ha atravesado varios cambios importantes en su formación desde entonces, como fue la baja de vuestro bajista Carlos Dengler en 2010?
Son canciones que nunca habíamos tocado en el mismo orden que tenían en el disco, así que en cierta forma te sientes como si empezaras de nuevo. Estamos embarcados ahora en la grabación de un nuevo trabajo, y hacía tiempo que no las tocábamos. Es excitante tocarlo así, es un subidón de energía que nos viene muy bien.

Tocar las canciones en la misma secuencia que tuvieron en el disco, ¿responde a una reivindicación del álbum como algo que obedece a un concepto o a un relato más que a una mera colección de canciones?
No, ten en cuenta que aquel álbum no lo ideamos en el orden en el que luego tuvieron sus canciones. No las escribimos así. Algunas de ellas eran de 1998, de cuando tocamos por primera vez en vivo, y otras son de 2001. Es un poco como la historia de la banda desde el principio. Creo que la primera canción que escribimos como banda fue “PDA”, que es la tercera del álbum. Y la última del disco es “Leif Erikson”, que es la última que grabamos antes de meternos en el estudio y también es la última del álbum, así que no te podría decir. Es complicado, porque me resulta igual de gratificante tocar sobre el escenario una canción que empezó a tomar forma allá por 1997 que una de nuestro último disco. Todas forman parte de nuestra historia. Todas son como partes de tu cuerpo. Y no hay nada de él que quieras rechazar: o te gusta todo o lo desechas todo.

Siempre que se habla de ti, se te considera como el punto de anclaje de Interpol, el miembro que se encarga de mantener ligados al resto de miembros de la banda. Como el pegamento que mantiene unidas a sus partes. Algo que tiene su lógica, dado que fuiste quien puso en contacto al resto de miembros a finales de los noventa. ¿Aún te ves en ese papel?
Sí fue así un principio, porque es duro cuando eres joven y no tienes muchos recursos el poner en pie una banda e ir poniendo en contacto a las diferentes piezas del engranaje, pero al fin y al cabo todos somos miembros de Interpol y remamos en la misma dirección. Yo no me siento especial por ello ni me considero algo así como el tipo que mantiene a la banda unida.

Vivís en ciudades diferentes desde 2012. Fue también entonces cuando abordasteis vuestros primeros proyectos por separado. Y me da la impresión de que para muchos grupos (y puede que vosotros no seáis una excepción) resulta más sencillo mantener a largo plazo en pie un proyecto musical si los miembros que lo componen toman cierta distancia y acaban residiendo a muchos kilómetros y embarcándose en aventuras paralelas, que resultan oxigenantes. Al menos es la historia recurrente de muchos. ¿Es ese también vuestro caso?
No del todo. Son mis compañeros, son también mis amigos, y el haber crecido juntos formando parte de esta modo de vida hace que los vínculos se mantengan. Hoteles, aeropuertos, pruebas de sonido… es mucho más fácil todo eso cuando hay respeto y aprecio por la gente que te rodea que cuando es gente a la que no soportas. Todavía sentimos que podemos hacer cosas mejores que las que hemos hecho hasta ahora, y eso es lo que debería mantener a alguien en un proyecto artístico, seas pintor, músico o cualquier otra cosa. Estamos grabando nuestro nuevo álbum, que saldrá el año que viene, y esa sensación de seguir creciendo creativamente es la que importa, por encima de distancias o de cualquier otra consideración.

¿Lo tenéis ya terminado?
Estamos en ello. Está prácticamente escrito. Esperamos grabar cuando finalice esta gira, a finales de año o a principios del próximo.

Teniendo en cuenta que “Turn On The Bright Lights” (02) fue reeditado y remasterizado a los diez años de su edición, en 2012, que ahora lo recuperáis íntegro en directo, y que el siguiente disco vuestro en ser reeditado por su décimo aniversario ha sido este año el tercero, “Our Love To Admire” (07), ¿Os veis rescatándolo también por su quince aniversario dentro de cinco años?
No lo sé. Es la primera vez que hacemos gira entre álbumes sin presentar nada nuevo, porque hasta ahora la secuencia siempre era la misma: disco, gira y luego desaparecer para escribir canciones nuevas. Y coincidió con lo del quince aniversario del disco y nos pareció una buena idea. Fue así de simple, sin ningún plan previo. Y la verdad es que es divertido, es algo nuevo para nosotros.

Aquí vais a actuar en una sala, Razzmatazz, y en un festival, el DCode. ¿Disfrutáis por igual el hecho de actuar en salas y en festivales?
Ya sé que es un tópico, pero me gustan ambos. Cuando tocas tu propio concierto en una sala, tienes una prueba de sonido más concienzuda, sabes que la gente a ido a verte expresamente, actúas más tiempo. Es diferente, e implica más preparación mental. Pero también me gusta la incertidumbre que tienes en un festival acerca de cómo va a ser el público. Es todo más impredecible y crudo, con más espacio para las sorpresas.

¿Cómo os acoge el público español, en comparación con el de otros países?
Es tremendo. Yo lo veo como un público muy entusiasta. A lo largo de una hora y media de actuación tienes tiempo más que suficiente para saber cómo es la acogida que el público te dispensa, y eso a veces te permite soltarte más, e incluso hacer mejores conciertos. Nos ha ocurrido tanto en Madrid como en Barcelona.

Una última pregunta, al hilo de tu trabajo al margen de Interpol. Hace un par de años, y siguiendo el ejemplo de Paul Banks, que fue el primero en editar fuera de la banda, diste salida a un álbum a nombre de Big Noble, tu proyecto paralelo junto a Joseph Fraioli, y en un plano mucho más atmosférico y cinemático que Interpol. ¿Tendrá continuación?
Es muy posible. Joseph es muy amigo mío y lo pasamos muy bien grabando. Me gusta esa clase de música, que parece ideada para ilustrar películas, así que seguro que hacemos algo de nuevo. Seguramente será una banda sonora.