Recién estrenado su estatus como primeras espadas del indie-rock nacional, Nudozurdo se enfrentan con “Tara, motor, hembra” a la gran reválida: consolidarse ante esa audiencia que abarrotó salas de gran aforo al final de la última gira, reinventarse sin traicionar un sonido que no pertenece a nadie más que a ellos mismos.

Tara

Por un momento estuve tentado de titular este artículo “Nudozurdo, esa banda de anormales”. Luego recordé que en respuesta a un comentario muy parecido, Joy Division tomaron la decisión de no volver a hacer declaraciones a ningún medio por el resto de su corta carrera. Son los riesgos de jugar a confundir persona y artista, trayectoria vital con carrera profesional. Un par de minutos de conversación son suficientes para comprobar que los componentes de Nudozurdo (tres comparecen a la interviú: Leo, César y Meta. Se ausenta el último fichaje, el ex Zoo Josechu) no difieren demasiado de los colegas de barrio con quienes compartiste adolescencia. Sin embargo, todo lo que ha rodeado el crecimiento de la banda ha estado condicionado por lo peculiar, por una indudable anormalidad.
Desde la grabación del recientemente reeditado “Nudozurdo” (02) hasta la refundación del grupo tres años más tarde para entrar a registrar “Sintética”, su peregrinar en busca de sello, la definitiva publicación del disco en 2008, el contundente rechazo de ciertos medios -que les señalaron como émulos desaventajados de la escuela “corcobadiana”- y el discurrir del boca oreja, que les ha llevado del anonimato a convertirse, casi diez años después de su formación, en referencia del rock alternativo en castellano. (Leo) “Cuando empecé a trabajar en ‘Sintética’ sólo tenía claro que no quería cometer los errores que había cometido con el primer disco. Y como no teníamos ni puta idea de hacer nada y fue un poco desastre todo, cuando salió yo ya no sabía qué coño iba a pasar, porque además había transcurrido mucho tiempo y el proceso había sido muy amargo, incluida la negociación con algunos sellos que nos marearon para nada. Así que todo lo que vino después fue la hostia”. (César) “Yo quiero pensar que ‘Sintética’ era lo suficientemente bueno como para que pasara lo que pasó. Por otro lado pusimos muchísima pasión en directo. Yo he llegado a sentir auténticos éxtasis musicales tocando, y te juro que no son fingidos (risas). La gente percibió que, con sus errores y sus aciertos, se trataba de una propuesta sincera”. (Meta) “Es que además hay algo muy primitivo en las canciones de Nudozurdo. Son muy viscerales, ritmos básicos que llegan a todo el mundo”.

Motor

Las dificultades, los cambios de formación vuelven a condicionar el nuevo disco. (Leo) “No acabábamos de encontrar un punto de encuentro con Jorge en el que todos estuviéramos satisfechos. Llegábamos a sitios guays, pero había que forzar mucho la máquina. Y además, como en las familias, también podemos hablar de caracteres diferentes”. (César) “Josechu actuó de forma muy inteligente, porque se dio cuenta de que tenía muy poco tiempo, que la mayor parte de estructuras ya estaban cerradas, y el tío ha sido muy receptivo, siempre con una sonrisa en la cara”. Todo ese tiempo en que trabajaron en el local con el puesto de batería vacante les sirvió para jugar con la caja de ritmos en busca de nuevas sonoridades que ocupan la “cara b” en canciones como “Sueño demo” -con ese aire a los tempranos New Order- y que le aportan al grupo otros puntos de fuga. En la misma línea rupturista y melancólica, ahí están también los magníficos arreglos orquestales de Manuel Moreno (Autumn Comets) o el contrapeso vocal de las hermanas de Leo en el tema de cierre “El diablo fue bueno conmigo”, cuyo origen se me ocurre situar en la versión de “Cenizas” de El Columpio Asesino que hicieron junto a Ana Bien Querida en el escenario de FNAC Callao hace un par de años. (Leo) “Es el disco más premeditado. Lo que teníamos claro es que no queríamos hacer ‘Sintética II’. Estamos en otro momento, sabemos más de música y lo que ha salido es un disco más luminoso”.

Hembra
¿Luminoso? Quede claro que las canciones de Nudozurdo aún se mueven en el alambre y sus protagonistas, imaginarios o no, naufragan en lo emocional y rasgan sus vestiduras en una sucesión de escenas de alto voltaje sexual. (Leo) “No te puedo decir si el acercamiento a la mujer que hago en mis letras tiene un mayor componente sexual o sentimental. En realidad no creo que se puedan desligar ambos”. También rechaza la escritura automática como fuente de una lírica a menudo indescifrable, que no cuenta con referentes válidos dentro de las más populares bandas indie-rock que utilizan el castellano como vehículo. (Leo) “Para hacer bien escritura automática tienes que ser un puto genio. No es mi caso. Obviamente hay cosas que incluyes sin saber muy bien de dónde salen, pero todo está mucho más ordenado de lo que puede parecer. Lo que ocurre es que intento conseguir que las canciones tengan varias lecturas”. (César) “En cualquier caso yo creo que hay un montón de grupos exitosos en España que no han dado a su público aquello que les demandaban. Se me ocurre así a bote pronto Nacho Vegas o Los Planetas”. Ejemplos, sí, de un modo singular de afrontar el aspecto lírico, pero que siempre se han regido por una lógica, incluso por un pálpito narrativo del que Nudozurdo parecen prescindir.
En ese sentido no extrañan las comparaciones habituales con 713avo Amor, Vírgenes Adolescentes y la tropa del sello Triquinoise. (Leo) “Lo veo así en parte. Por otro lado, canciones como ‘El hijo de dios’ o en este disco ‘Ganar o perder’ cuentan historias muy claras”. La consecuencia de todo esto es que esperamos de vosotros un discurso trascendente, poético, filosófico… ¿No estáis hasta los huevos de tener que parecer inteligentes en las entrevistas? (César) “Intentamos que esos marrones se los coma Leo (risas)”. (Leo) “Hay veces que nos han hecho reflexionar sobre detalles de nuestras propias canciones en los que no habíamos caído. Pero también es una putada, porque reconozco que hago música para evitar tener que hablar de determinados temas. Para mí la música es una forma de trasmitir sentimientos que no puedo explicar con palabras, y ahora toca hacer el ejercicio contrario, decodificarlo”. Algo tendrán que ver algunas decisiones, como esa sesión de fotos en El Valle De Los Caídos, con Leo postrado de rodillas frente al altar… “Es una consecuencia de quién te rodea. En ese caso la sesión la propusieron los de la revista Arto!, que están como cabras. Era algo impactante y fui allí sin pensar mucho en ello, también movido por cierta intención de provocar. Cuando arrancas hay más ganas de llamar la atención y hacer ruido. Al alcanzar cierto nivel el show empiezas a montártelo en tu casa…”. Luis J. Menéndez