Hibai Etxebarria ha bautizado a su nuevo proyecto con, precisamente, su propio nombre, una pista definitiva de la identificación plena que el músico gernikarra siente por él. Con un multiforme y complejo debut, TripTics I-II (Gaztelupeko Hotsak), parte de la música americana y de la tradición vasca para desde esas dos líneas maestras abarcar todo un amplio abanico de influencias. Una diversidad que no acaba ahí, ya que el plantel que ha participado en la ejecución del álbum es de lo más extenso. Todo un florecimiento de expresiones sonoras dirigidas bajo la batuta elegante del mismo que a continuación nos desgrana con verbo fluido el primer, y no último, capítulo de esta nueva andadura…

Debutas con el proyecto HIBAI a través de un disco complejo en forma y fondo. ¿Tuviste claro que querías empezar esta etapa con un un trabajo de esta envergadura o no fue siempre ésta la alternativa?
Llevaba bastante tiempo sin escribir canciones. Estaba fuera de la escena artística musical y centrado más en la docencia e investigación, al margen de colaboraciones puntuales que me pedían y que me resultaban de interés. A finales del 2015 retomé este proceso creativo y comencé a grabar en mi estudio personal canciones sin ninguna pretensión. Tan solo disfrutar en mi tiempo libre siendo creativo, plasmando lo que sentía a través de la música. Han sido ellas las que me han ido abriendo el camino hasta llegar hasta este punto donde estoy ahora.

Sobre la envergadura, no es nada nuevo para mí, porque muchos de mis proyectos previos también eran de ese nivel, aunque algunos fueran imposibles de ejecutar en su totalidad. La diferencia es que ahora dispongo de mayor capacidad logística que antes. He sembrado mucho durante estos años.

Uno de los elementos destacados del álbum es la lista enorme de músicos con la que cuentas. Al margen de la organización y logística, supongo que a la larga también se hará difícil lograr de un elenco tan amplio el resultado exacto que uno tiene en mente.
Las canciones ya estaban grabadas con una buena calidad en mi estudio, interpretando yo todos los instrumentos o secuenciando aquellos que no dominaba o disponía, por lo que fui a los estudios Mecca de Oiartzun con las ideas bastante claras. De hecho, las grabaciones finales son más ligeras que las demos originales. Nos hemos desprendido de algunas capas sonoras en beneficio del resultado final. El objetivo ha sido recrear esas demos con el mejor sonido posible.

En un principio, cuando Mikel e Igor Eceiza, dueños de los Mecca Recording Studios, me llamaron para interesarse por lo que tenía entre manos, hicimos una prueba de grabación tocando yo todo allí. Tras hablarlo, me insistieron en la idea de incorporar gente profesional. Toco muchos instrumentos y he grabado de todo previamente pero soy guitarrista y pianista, y es indudable que no puedo tocar todo al mismo nivel que lo haría un profesional. Solo puede haber un Jacob Collier (risas). No entraba en mis planes incorporar más gente al proyecto porque, ciertamente, no quería meterme en semejante movida. Siendo solvente de forma individual, el proceso creativo y de grabación es mucho más económico y rápido, pero con una ejecución que no estaría al máximo nivel. Además, no tenía ninguna intención de llevarlo al directo, por lo que no necesitaba buscar músicos. Pero me animaron a probar y empecé a llamar a personas que son muy especiales para mi. Quería profesionales, pero con un vinculo especial. La respuesta por su parte ha sido inmejorable. Les estoy muy agradecido. Ander, Carlos, Iraide, Henar, Alfredo, Gotzon, Leire,Maddi, Pello, Xabi… son, además de unos músicos con unos curriculums de asustar, unos seres humanos de una belleza que solo la música puede expresar. No se ha inventado un adjetivo que los defina. Mi aprecio y admiración vienen de lejos y no se ha fraguado entre notas musicales.

“Hoy en día todo se hace deprisa, creo que se ha perdido buena parte de la labor artesanal del estudio”

Por la forma de trabajar podríamos dividirlos en dos grandes grupos. Por un lado “los clásicos”: cuerdas, vientos, percusión de orquestas.. Quienes han interpretado las partituras que les he escrito. Y, por otro lado, aquellos con los que he estado trabajando en el estudio de una manera más individual: batería, contrabajo, percusión, teclados… basándonos en las grabaciones previas y tratando de sacar lo mejor de ellos, dejando que fluyan mis ideas a través de su manera de interpretar el instrumento. Todos han estado al servicio de la música y es lo máximo que un interprete te puede dar. No es que haya sido lo que tenía en mente, ha sido mucho mejor de lo que esperaba, tanto el resultado como el proceso. Aunque ha sido duro, porque me ha costado desprenderme de algunas de mis ideas originales en determinados instrumentos. Los tenía un poco sacralizados de tanto escucharlos, pero me he fiado de su criterio en muchos momentos y estoy encantado con el resultado. Creo que, además, es importante también para ellos, porque el proceso resulta mucho más gratificante y enriquecedor. Se crea un vínculo diferente hacia la música que están grabando.

¿Quiere decir eso que la procedencia dispar de todos ellos ha ayudado en esa diversidad sonora alcanzada por el disco?
No, porque la instrumentación ya estaba decidida y escrita. He llamado a quienes necesitaba para grabarlo. El único cambio medianamente notorio ha venido en la sección de metales. Los tenía escritos para formatos diferentes y fue Carlos Sagi quien, además de grabar la batería, ha retocado mis arreglos originales Me he fiado completamente de él. Carlos es un maestro escribiendo para big-bands. Como quería lo mejor para el proyecto le propuse que lo hiciera y aceptó con agrado. Él me propuso grabarlo en sexteto y eligió los instrumentos, les ha dado su toque personal y han ganado mucho en calidad y consistencia. Suenan mucho más jazzeros. Ha respetado mis ideas originales y las ha hecho brillar de una manera increíble. Es un genio. Le amo.

“El camino es lo único que me importa, las metas son efímeras”

A lo largo de los días has compartido vídeos de adelanto de cómo suena el disco, pero te has centrado en mostrar ese proceso de grabación, algo poco habitual. Entiendo que le has dado un peso capital a este aspecto, siendo en este caso el camino igualmente de importante que la meta..
Me pregunto por qué se enseña tan poco hoy en día de los procesos de grabación… En mi caso, con lo videos no pretendo realmente nada más que mostrar la naturalidad con la que está grabado. En los teaser hago un fundido desde el sonido grabado en directo del móvil hasta el definitivo, volviendo de vuelta al móvil. Se ve lo natural que resulta. Lo hemos grabado todo sin copia-pegas ni trampas de ningún tipo. Sin MIDI. Todo natural. Es un disco que huele a madera. Mikel e Igor me insistieron mucho en esta idea. En hacerlo diferente a lo que se lleva hoy en día. Todo se hace deprisa, los discos ya no se venden apenas y creo que se ha perdido buena parte de la labor artesanal del estudio, dejando mucho en manos de las máquinas. La industria está muy centrada en los directos, pues es donde se generan los mayores beneficios. La palabra más repetida durante la grabación ha sido “tranquilidad”. Es algo que los músicos que han venido a grabar han sentido. El camino es lo único que me importa, las metas son efímeras. Cuando recorres uno pensando en una meta concreta, el hecho de alcanzarla o no, puede influir en valorar el propio camino. En saber si, por llegar o no, ha merecido la pena hacerlo. Por ello no me interesa a dónde me lleve. Lo que me importa es por dónde voy.

Cuando un trabajo como éste alcanza un resultado que deja atrás cualquier encorsetamiento genérico precisamente por mezclar todo tipo de elementos (música clásica, rock americano, funk, folk vasco, jazz..), ¿habla de un creador con unos gustos musicales amplísimos o más de uno con un gran espíritu para improvisar y abarcar todo lo que pueda?
Ambos. Soy un coleccionista y melómano tremendamente ecléctico. Mi casa es como un pequeño museo musical. Y si te digo cuales son los últimos cinco conciertos importantes que he visto, no encontrarás ninguno que se parezca en cuanto al estilo: Swans, Kase-O, Jorge Drexler, Philippe Jaroussky y Jay-Jay Johanson. Ah, y un concierto de música contemporánea de varios autores. También procuro ir a sitios más underground a ver conciertos. Hay que apoyar más a la escena local, hacen un gran trabajo manteniendo sitios para que las bandas puedan tocar y hay muchos proyectos de gran calidad. En Euskadi hay un gran nivel, invisible a los ojos de demasiada gente. Por otro lado, la improvisación es uno de los fundamentos de la manera en la que concibo la música, tanto en la faceta creativa como en la educativa. Trabajo mucho la improvisación como docente. Buscando, a través de la misma, la voz propia de cada alumno. Este proceso lo aplico también en mis fases creativa, pero en este caso, es mi propia voz la que surge. Es un proceso de lo más natural si se trabaja adecuadamente.

“En Euskadi hay un gran nivel, invisible a los ojos de demasiada gente”

En el disco se observa una diferenciación clara entre una parte interpretada mayoritariamente en inglés y otra íntegra en euskera. Mientras que la primera, con toda la diversidad que tiene, se desarrolla en un entorno más “americano”, la segunda parece actualizar la tradición de cantautores vascos. ¿Qué influencia ha tenido el aspecto idiomático a la hora de dar una forma concreta u otra a las composiciones?
Para mi el único lenguaje importante es el musical. Es el que influye en el idioma y no viceversa. Cuando estoy creando la canción, la melodía vocal es la que me muestra la prosodia del idioma que mejor se ajusta al tema. He escrito en muchos idiomas, aunque principalmente en inglés y euskera. Reconozco que la definición que has dado es muy acertada. Este disco se divide en dos trípticos, de ahí el nombre de “TripTics”, que son como pequeños recopilatorios de canciones que tienen algún hilo que los une. Aunque no sea necesariamente lo que pretenda, pues no busco actualizar nada, el segundo tríptico tiene un regusto a cantautor vasco y el primero coquetea con distintas fórmulas del cancionero popular americano. Este primer trabajo es como un aperitivo de lo que está por llegar. Una muestra donde hay un poquito de todo.

El disco se compone de solo ocho canciones, ¿la complejidad del proyecto ha hecho acotar el numero o había muchas más y estas son las seleccionadas?
El disco tiene en realidad seis canciones. Tres por tríptico. Después, cada tríptico incluye lo que denomino un bonus-trip, que es como una remezcla o revisión de uno de los temas. No es simplemente una versión. Antes de llevarlas a Mecca, la criba de canciones la hice en casa. Lo tengo todo montado para grabar las demos con cierta velocidad manteniendo una buena calidad. Antes de poner el proyecto en marcha tenía cientos de canciones grabadas, pero procuré empezar creando nuevas . Desde que me puse a ello a finales del 2015, hasta que entramos a grabar a Mecca el 26 de Diciembre de 2016, escribí unos 40 temas para este proyecto. Este fue, digamos, el primer saco del que he extraído las 16 que entramos a grabar. No todas se han completado, pues el proceso hace que sea lenta la producción. Ahora editamos ocho en este primer álbum. Sigo escribiendo y seleccionando más temas para seguirlos grabando. El trabajo creativo y de grabación no acaba. Es un proceso constante. Hay, ahora mismo, otros cuatro trípticos completos en camino grabándose en Mecca. Algunos están casi al cien por cien , otros en sus inicios. Hay de todo. A finales de diciembre volvemos a entrar a grabar a trío las bases de unos temas nuevos. El criterio de selección de estos ocho es una cuestión netamente conceptual. Nada que ver con su calidad. Cada tríptico tiene su razón de ser.

Llama la atención un tema como “Invisible”, primero cantado en inglés y luego la misma letra en italiano pero bajo una forma musical muy diferenciada, ¿qué hay detrás de esta curiosidad?
La versión italiana de “Invisible”, titulada “Invisibile”, surge de la colaboración con el dúo Nebbian. La cantante italiana Valentina Ridolfi y el guitarrista Haritz Laboa son dos personas por las que tengo un cariño muy especial. Ya participé en su disco e incluso les he acompañado en directo. En uno de los ensayos les enseñé la canción y le pregunté a Valentina cómo se diría la primera frase en italiano. Me gustó tanto cómo sonaba que decidí trabajarla con ellos y reinterpretarla a su manera. Le he añadido un piano y lo hemos cantado juntos. Lo grabamos en directo, sin metrónomo y muy improvisado, natural. Fue un momento realmente mágico, como muchos de este proceso. Porque, a pesar de llegar con las ideas claras, hemos creado mucho en el estudio. El tema ha quedado completamente distinto, con cambios en todos los aspectos musicales, tanto armónicos como melódicos, textuales y organológicos. Lo único que hemos respetado es la estructura, pues es una canción ideal para cantarla a dúo por lo que habla la letra. Es uno de esos bonus-trip de este primer disco.

“El primer tríptico coquetea con distintas fórmulas del cancionero popular americano y el segundo tiene un regusto a cantautor vasco”

Ese hecho de que el disco no se encuadre en ninguna “escena”, ¿crees que a la larga es una ventaja por la capacidad de alcanzar a un público más heterogéneo o por el contrario al no pertenecer a ningún género concreto te puede colocar en “tierra de nadie”?
No pienso en nada de eso. Me gustaría que llegase a mucha gente porque es un proyecto completamente autofinanciado. No tengo ayudas, ni subvenciones ni apoyos económicos de ningún tipo más allá de lo que ahorro con mi sueldo como profesor. Y las dimensiones del mismo hacen inviable que lo mantenga eternamente sin más apoyos. A mi me encantaría que le interesara a la industria, que le gustara lo que hago y que me apoyasen. Siempre estoy abierto a escuchar lo que me puedan ofrecer. Yo les ofrezco lo que tengo, música. Ojalá que guste, pero es indudable que nos movemos por etiquetas, somos muy tribales. Es una manera que tenemos de adquirir identidad, de sentirnos parte de una masa. La música es un elemento que une.

Y cuando uno da forma a un álbum como éste, ¿qué papel espera, si es que has reflexionado sobre ello, del oyente?
El oyente es un concepto excesivamente abierto y heterogéneo. Abarca muchos individuos como para reflexionar sobre ello. La música tiene una manera distinta de enganchar a la gente. Existen fórmulas que parecen funcionar pero no por igual a todo el mundo. Hay ciertos elementos difíciles de predecir. Trato de dar al público canciones que les puedan acompañar. Sea para cantarlas, bailarlas, reflexionar a través de las mismas, llorar, reír… hay también una heterogeneidad en los conceptos que trato en los temas. A través de esa variada y gran instrumentación busco que resulten edificantes y enriquecedoras, que te sigan sorprendiendo tras muchas escuchas, que encuentres elementos nuevos y vayas enlazando los distintos motivos musicales que aparecen, adquiriendo cada vez un mayor sentido.

Y un concepto tan complejo instrumentalmente, ¿te preocupa que a la hora de llevarlo al directo pierda parte de sus esencia?
No es un asunto que me preocupe. A mi me encantaría poder tocar mucho en formatos muy grandes, como con la orquesta y la banda juntos, pero no soy tan inocente como para pensar que eso es viable. Pero, al menos, hago un esfuerzo para intentar grabar mis canciones como a mi me gusta que queden registradas. Doy lo máximo que puedo dar. Lo menos importante de una canción es la instrumentación. Si lo básico -estructura, melodía, armonía y letra- es bueno, lo demás no es más que la vestimenta. Digamos que, en ese aspecto, soy bastante barroco, por no decir rococó (risas), aunque en el disco también hay temas que van muy desnudos. Creo que las canciones suenan bien interpretadas sencillamente, cantando acompañado con la guitarra o el piano. De hecho es un formato en el que suelo tocar. Tenemos formatos que van desde yo solo, al dúo de blues, trío de jazz clásico, un septeto más habitual de lo que denominan pop-rock y otras agrupaciones. Las canciones se pueden defender en muchos formatos y espero tener oportunidad de demostrarlo.

El pop/rock tiene la capacidad de ser ejecutado sin grandes conocimientos técnicos. Tú eres músico profesional ¿crees que eso influye de alguna manera particular en tu manera de interpretar el género?
¡Niego la mayor! (risas). Cualquier música se puede interpretar sin grandes conocimientos técnicos. Otra cosa es que se note más o menos. Eso quizás nos debería hacer reflexionar sobre la situación de la música popular actual, donde no solo está el rock. En mi caso, me limito a escribir canciones, no a interpretar nada. De hecho, no considero que el pop, que es lo mismo que popular, sea realmente un género musical “per se”. Hay mucha discusión musicológica entorno a lo que realmente significa la música popular y lo que engloba. Personalmente, considero que un género tiene que poder agrupar ciertas obras con características musicales y sonoras que formen un conjunto homogéneo. En el pop entra de todo en ese aspecto. Ser popular implica que tienes cierta penetración en la masa social y capacidad de ser atendido y seguido. Capacidad de influir en la cultura del presente. La etiqueta pop no es algo que uno deba ponerse a si mismo. Uno no hace pop. Se es o no se es pop. Yo, obviamente, no soy muy conocido, por los que poco de pop tiene el disco. De ser algo es indie… (risas) Pero, una vez más, nos tienen que etiquetar de alguna forma. Y, a pesar de que entiendo lo que quieres decir, porque es ya una idea enraizada en el acervo cultural, lo comento para la reflexión general…

“La música es, sin duda, un elemento vital. Tanto para una construcción personal como a la hora de dar forma a un colectivo”

Has colaborando musicalmente en muy diversos proyectos, ¿de esas situaciones también has tomada enseñanzas que luego vuelcas en este proyecto personal?
Somos lo que comemos y me he puesto las botas estos años. He trabajado en todo tipo de proyectos y a través de todos ellos he aprendido y enriquecido mi lenguaje y mi persona. Este proyecto es otra fase de un proceso de crecimiento musical y personal continuo en el que trato de superarme día a día.

Uno de ellos fue tomar parte en la banda sonora del documental “Markak”, sobre el bombardeo de Gernika. Al margen de su carácter lúdico, la música también puede jugar un papel decisivo en la memoria colectiva, ¿qué opinas?
“Los hombres y pueblos sin memoria, de nada sirven”, decía Salvador Allende. Aunque ese concepto es tan viejo como el hombre, pues hay registros de frases similares desde la Roma de Cicerón, y sigue siendo una asignatura pendiente de esta sociedad. No aprendemos que tenemos que saber y recordar. La música es, sin duda, un elemento vital. Tanto para una construcción personal como a la hora de dar forma a un colectivo. Tiene no solo la capacidad de situarnos, también de transportarnos en el tiempo y el espacio. Es algo que experimentas según te haces mayor y tu biblioteca de recuerdos musicales es más amplia. Escuchando una melodía se te puede alterar hasta el sentido olfativo.

Trabajar con mi hermano Aitor es un gran placer. Es un músico increíble. Yo le conozco, seguramente, como nadie, y puedo decir que pocas personas he visto con mayor capacidad de leer y comprender el presente para adelantarse a lo que va a venir, o directamente, crearlo. Es un genio. Un innovador. Siempre mirando hacia adelante. Y estoy seguro de que os va a seguir sorprendiendo. Compartir con él buena parte del proceso de “Markak” y llevarlo al directo, tocando desde New York a Berlin, ha sido una de las mejores experiencias musicales de mi vida. Y seguimos en ello. Ha sido muy especial porque se trata de algo que nos afecta en lo personal. Amo mi pueblo. Es un vergel artístico. Con una cantidad de creadores y creativos muy amplia y con cierto reconocimiento en muchos ámbitos. Ha sido, a su vez, un ejemplo de reconciliación y memoria, de dignidad. Mucho más allá del simbolismo que ha adquirido a través del cuadro de Picasso o del Árbol de Gernika. Una buena parte de este pueblo siempre ha mostrado una gran capacidad de trabajo, esfuerzo, sacrificio, cooperación, ilusión, emoción, solidaridad, creatividad… Ingredientes necesarios para lo que Antonio Gramsci denominaba, en sus “Quaderni del carcere”, como la “consapevolezza”. Una preciosa palabra italiana que significa la toma de conciencia. Es una palabra muy compleja de traducir. No se trata simplemente de estar informado, del saber o el conocimiento más intelectual. La conciencia es una condición relacionada con el conocimiento de lo más íntimo, perfectamente armonizado y coherente con el resto de la persona. El tipo de conocimiento que da forma a la ética, a la conducta en la vida y a la disciplina, en su acepción más bondadosa. La conciencia no como un hecho o una idea, más como la construcción original con la que relacionarse con el mundo. El conocimiento de la identidad, que se eleva por encima de la ignorancia y la desinformación. La conciencia que guía e inspira; la conciencia del dolor, que te hace compasivo y amable; la conciencia de ser amado, que te vuelve invencible. La música es parte de esa memoria, por algo se enviaron al espacio fragmentos musicales en las misiones “Voyager” de la NASA. Porque la música es necesaria para comprender no solo lo que somos los seres humanos, también lo que somos capaces de crear y hacer sentir.