Cruzando la diagonal de todo lo que esperabas, dando esquinazo a lo que se considera normal, a seis grados de desesperación de lo que pudo haber sido, justo en ese punto se alzan los “Caminitos del deseo” (Collar de Macarrones, 14). Manos de Topo autoproducen junto a The New Raemon su cuarto y beligerante trabajo. ¡Sálvese quien pueda!

Manos de Topo ya no están enfadados con las chicas que les destrozaron su corazoncito, la cosa se ha puesto más seria, aunque te seguirán tirando en cara que sólo les llames cuando no tengas a nadie más. “Este disco refleja cómo creces y cómo quizás las expectativas y los sueños no se están cumpliendo. No sólo a nivel personal. Por eso hay que romper los caminos y hacer las cosas de otra forma”, asegura Miguel Ángel Blanca, inconfundible líder del grupo. El resto de los Topos asienten con vehemencia, en medio de una abarrotada plaza en Gracia. “Caminitos del deseo” mantiene la esencia hijoputilla y diferencial de Manos de Topo, pero dejando de lado el ombliguismo para alzar la mirada. ¿Se ha politizado el grupo? (Rafa de los Arcos, batería) “Es el contexto, lo que está pasando, todo es político. Política no es sólo un disco con Che Guevara en la portada como en los noventa. Político es decidir cómo tratas a la gente, qué harás con tu trabajo…”. “Que te quieras autoeditar” le interrumpe Alejandro Marzoa (teclados/ xilófono) y añade: “Miguel Ángel lleva el peso de las letras, que siguen tirando pullas sobre el amor, el desamor, pero de repente se desvían y relacionan al personaje con su entorno. Ha sabido ser hombre de su tiempo”. “Cuando publicamos el primer disco, hablábamos de lo que vivíamos con veintitrés años, pero ahora no puedes cantar sólo de la resaca del viernes o lo que te metiste de festival. Nunca había sido tan exagerado lo que está pasando como para cerrar los ojos”, asegura Miguel Ángel.

Referencias bélicas (“bragas por bandera”, “conquistar la república popular de tu bajo vientre”, “bombas del Liceo”), ataques verbales de los que te hacen bajar la mirada, percusiones contundentes y una atmósfera barroca y combativa, son los nuevos caminos por los que nos conducen Manos de Topo. Diez canciones en las que vuelven a contar con la producción de Ramón Rodríguez (The New Raemon), tras una semana de grabación en la masia-estudio Cal Pau, que acabó por parecer unas colonias adolescentes con bocatas de pan Bimbo y un hiperactivo Rafa de los Arcos asustando al personal. De toda la experiencia de autoproducirse, parece que los sustos de Rafa fueron los únicos momentos de terror que el grupo sufrió y casi se indignan al preguntarles si sienten algo de miedo. “Nunca me había sentido tan liberado, me da igual si el disco no gusta. Ya no es como con el segundo, donde la presión era brutal. Será cosa de hacerse mayor, madurar. ¡Ostia, he dicho madurez en una entrevista!”, bromea Miguel Ángel. “La tensión siempre es buena: adrenalina necesaria para hacer las cosas bien”, argumenta Edu Campos (bajo). Puede que los actuales caminitos de Manos de Topo arrastren a nuevos fans, gracias a unas letras menos crípticas, melodías adictivas y la voz más suavizada de Blanca, que ya apuntó cierto cambio con los consejos de The New Raemon con el tercer disco. Y claro, habíamos tardado treinta líneas en hablar de la controversia y la pasión que despierta la banda gallego-catalana. “No sé si es sólo cosa mía, pero me siento cómodo en terrenos pantanosos. Es como el protagonista de la película ‘En tierra hostil’. Nos gusta la hostilidad”, sentencia Miguel Ángel. Bueno, quizá tanto como la hostilidad… (Alejandro Marzoa) “¡Miguel Ángel, a ti te gusta hacer de rabiar! Nos retroalimentanos un poco de la crítica, de la dureza. Despertamos amores y odios y nos lo tomamos con humor. ¡Mira nuestro Twitter y todos los retuits”. A lo que Edu añade: “creo que las críticas que te pueden doler son las bien argumentadas de alguien que te ha escuchado siempre. Ahí te decepcionas”. Sin embargo, Rafa es aún más tajante: “lo único doloroso es haber invertido mucho tiempo y esfuerzo en algo que después te das cuenta que es una mierda. Y eso con Manos de Topo no nos ha pasado”. “¡Yo soy fan de Manos de Topo, de verdad!” exclama Marzoa en un arranque espontáneo. (Miguel Ángel) “Si no quisiéramos estar rodeados de críticas negativas, no cantaría así, no habríamos hecho este puto disco, porque hay cosas que a priori, no son agradables”. Y es que hay militancia topilla, y sino que les pregunten por la venta anticipada de su cuarto disco, la expectación en las redes sociales o el sold-out en Heliogàbal. Edu añade la nota romántica del día. “Es una de las razones por las que toco con vosotros, por vuestra autenticidad, por ser fieles a lo que queréis”. (Rafa) “Eso tiene que ser con todo lo que hagas, si no es un coñazo. No sé si es la madurez o las canas, pero en estos años he aprendido un montón: haz lo que te apetezca, ¿qué más da?”. Por eso están tranquilos con los tres años de espera desde que presentaran “Escapar con el anticiclón (y volver con la boca roja)”. Si su vida dependiera del grupo, la cosa sería distinta, pero sigue siendo algo para disfrutar, aunque se lo tomen muy en serio. “Imagina que tuviéramos la presión de firmar un disco cada año. ¡Yo me muero!”, asegura Blanca. En la conversación, se dibujan con claridad las personalidades de cada uno, los distintos puntos de vista y la devoción con la que los cuatro defienden “Caminitos del deseo”, un disco que verá la luz a través de su sello Collar de Macarrones (cuyo nombre daría para otra entrevista completa). Una hora y media más tarde, sin haber salvado el mundo y mucho menos haberlo intentado, Manos de Topo enfilan la calle Verdi para asistir a un festival de magia juvenil. Aún hay esperanza.