Grabado en Nueva York con una banda creada ex profeso para la ocasión con Stephin Merritt entre sus componentes, “Superluv. Por lo que tiene de romántico” es el nuevo disco del músico madrileño, una indagación de lo imperfecto y lo azaroso como generadores de orden.

Mientras el mundo perfecto, el de las ideas puras y de las categorías continúa por siempre dentro de la cueva, aquí fuera hay que seguir viviendo e inventando nombres, explicaciones para lo que hacemos. Justificando, esquivando o abrazando la gran paradoja. “Superluv. Por lo que tiene de romántico”, el nuevo disco de Remate, indaga en estos pequeños hallazgos de luz, en aquello que se salta el guión y en sus simbolismos. Está dedicado a una serie de actrices de la industria pornográfica norteamericana que se apellidan artísticamente Luv, un amor con erratas pero tan real, más si cabe, que el amor al que suplanta o sustituye, al que refleja. Y a recrearse en el efecto de su onda expansiva. “Todo comenzó porque estaba escribiendo canciones que tuvieran que ver con la palabra amor mal escrita, pero en principio se basaban, podría decirse, en el ingenio, que es algo que en el fondo valoro muy poco. Eran ideas mías acerca del amor con erratas. De repente encontré una entrada en Internet que hablaba de estas chicas y comencé a tirar del hilo. Actrices porno que deciden ponerse ese nombre es casi lo último que te puedes imaginar que puede existir en la industria del porno. En seguida vi que aquello sería mucho más interesante que cualquier cosa que yo pudiera inventar”, explica. Ese mismo día, pese a que Remate aún no tiene mucho material, decide escribir a L.D. Beghtol, músico, productor y habitual colaborador de Stephin Merritt, el genio que se esconde tras The Magnetic Fields. Remate y Beghtol mantienen el contacto desde que este reseñara los primeros trabajos del músico madrileño en algunas revistas. “A L.D. le dije que ya tenía el disco, aunque no lo tuviera todavía. A partir de ahí todo fue rodando, me tiré desde una sima. Me dijo que me lo producía, entró Stephin Merritt, se formó la banda, hice el plan de grabación, me fui a Nueva York a grabarlo… ”. A conseguir ese efecto magnético, algo que Remate en parte ya traía de casa. “Más allá de la forma que tuvieran mis discos, ellos siempre vieron en mi manera de construir e interpretar las canciones algo que les interesaba y que querían producir, algo que sentían cercano”, explica Remate. “Pero esto al final es de esas cosas que se escapan un poco de la primera impresión. Sabíamos, eso sí, que la composición de las canciones era sólida y que nos íbamos a ir a algo que no tenía nada que ver. La producción es barroca, tiene un efecto ‘Phil Spector de las pequeñas cosas’, por así decirlo, son trincheritas en vez de murallas. La paradoja está en hacer algo grande de cosas pequeñas”. Un poco de la mano de la temática del disco, ampliada con una galería de personajes también reales y enigmáticos, como Elvis Presley, Shirley MacLaine o Daniel Johnston, todos ellos presentes en las canciones de “Superluv”. Otra vez la paradoja, lo imperfecto y real frente a lo puro e irreal, la onda expansiva de gestos azarosos que superan a la razón. “Esas chicas consideran que en lo suyo hay un amor pero además es un amor especial, a cámara rápida, extraño. El efecto es como si el punto de vista lo diese Shakespeare, o incluso Woody Allen. Ves la película y no te genera exactamente ese deseo físico, sino una especie de emoción romántica. Me parecía que la realidad era tan increíble y tan simbólica que para qué iba a buscar otra cosa”. Como ya hiciera en su anterior disco, “Somersaults”, grabado con y para Muni Camón, Remate se deja atrapar por las musas para crear, musas en este caso personalmente desconocidas para él. “Ahí fui un poco Daniel Johnston, dedicado días y noches a personas que ni siquiera conocía. De todas maneras el resultado es mucho mejor. Cuando no hablas de ti mismo, lo que digas va a ser siempre muchísimo más interesante”.