Qué presupuesto el de Foo Fighters. “Sonic Highways” (Sony, 14), un disco grabado en ocho estudios separados por miles de kilómetros a lo largo y ancho de Estados Unidos, sólo para hacer realidad un capricho de Dave Grohl. Un bendito capricho.

Porque sin siquiera haber escuchado su nuevo trabajo (el miedo a la filtración debió atenazar a su sello y no recibimos el audio correspondiente, aunque Grohl estaba al tanto de todo), la idea que hay detrás es tan fantástica que tiene el potencial de trascender el resultado final. Es decir, que aunque sus canciones no fueran increíbles, “Sonic Highways” seguiría siendo un hito en la historia del rock’n’roll.
El octavo álbum de los Foo es algo excepcional en el rock porque sigue el método científico. Con su hipótesis, su experimento y su conclusión. La teoría es que las escenas musicales de las ocho ciudades-muestra tienen una idiosincrasia condicionada por el entorno ambiental, y que, de algún modo, su interconexión crea un todo mayor que la suma de las partes. El experimento es la grabación realizada en Seattle, Nueva Orleans, Washington D.C., Chicago, Nashville, Austin, Los Angeles y Nueva York, con músicos emblemáticos de su escena como colaboradores. Respecto a la conclusión… quizá deba correr a cuenta del oyente, pero Grohl tiene la suya. Me lo comenta telefónicamente. “En realidad, la hipótesis tomó su forma definitiva cuando ya había empezado el experimento. No lo tenía todo claro desde el principio del proceso. Quiero decir que, cuando nos propusimos grabar un nuevo disco, sí quería grabar en ocho ciudades pero no tenía este concepto como punto de partida. Fue cuando hice las entrevistas a los colaboradores, y cuando investigué y me sumergí en la historia musical de cada ciudad, cuando me di cuenta de que existía la posibilidad de establecer unas identidades y unas relaciones entre esas identidades. Al tocar con cada colaborador, al tocar en cada ciudad, sentíamos algo diferente que terminaba condicionando la canción. Sentíamos que el espíritu de la música en Austin, o en Nueva Orleans, en Seattle, se iban integrando en el disco de manera natural gracias a esa interrelación entre músicos de distintas procedencias y fuentes de inspiración. Los viajes de un lado a otro también terminaron formando parte del proceso creativo… así que empecé a notar que estábamos haciendo un especie de mapa musical de Estados Unidos. Todo esto fue lo que me inspiró para las letras, y por eso no las escribí hasta la noche anterior a la grabación de mis voces”.

Sorprendido, verdad? Quienes veían a Grohl como un tipo más bien elemental tendrán que revisar su percepción, porque la cosa tiene miga. “Sí, es un álbum conceptual, extremadamente conceptual. Es que… ¿sabes? Entrar a un estudio, colocar los micros y grabar unas canciones es algo jodidamente fácil para Foo Fighters a estas alturas. Quiero decir, llevamos veinte años haciendo esto, y tenemos la obligación de plantearnos retos, pero retos de verdad. Hacer cosas frescas, nuevas, es la única manera de mantener viva la energía de nuestra música”.

Música viva, con sus virtudes y defectos. Ese concepto tan despreciado por las fórmulas de éxito hoy en día. “Estoy de acuerdo -responde Grohl-, yo no quiero trabajar con grandes productores hipermodernos ni grabar en estudios que parecen laboratorios estériles. Quiero una cabaña en mitad del desierto, y que la arena que golpea contra las ventanas se pueda oír en el disco. O una vieja casa de Nueva Orleans en la que la humedad cambie los tonos de los instrumentos y los haga únicos, pero no gracias a un ordenador sino al entorno ambiental”. Vale, pero ¿cómo es el disco? ¿cada canción se diferencia mucho de las demás? ¿o todas siguen el estilo clásico de los Foo? Grohl sabe que el entrevistador no ha escuchado el álbum, y muy amablemente se presta a describirlo. “Cuando decidimos ir a ocho ciudades diferentes, la gente nos preguntaba: ‘bueno, y ¿qué vais a hacer? ¿vais a grabar un tema country en Nashville, un blues en Chicago, y así?’. Mi respuesta siempre era: ‘¡ni de broma! ¡Somos Foo Fighters, joder!’. Sólo queríamos empaparnos del espíritu musical de cada ciudad y ver qué efecto causaba en nuestra música, no cambiar a Foo Fighters. Pero sí puedo decirte que se notan mucho los cambios de sonido de una canción a otra, por haber sido grabadas en estudios tan diferentes. También es interesante fijarse en el tempo de las canciones. En Nashville la gente es muy calmada, feliz, aman la música y así están muy tranquilos. En Nueva York todo el mundo está jodidamente loco, ves a gente corriendo, gritando, todo es muy extremo. Cada ciudad tiene su velocidad, su energía, y eso también ha influido mucho”.
Las entrevistas de Grohl con los colaboradores (Dolly Parton, Pharrell Williams, Mike D, Paul Stanley, Chris Martin, Josh Homme, Dan Auerbach, Willie Nelson, Chuck D… ¡y Obama!) debieron ser de lo más interesantes, y todas ellas las podremos ir viendo en la serie televisiva “Sonic Highways”, un documento audiovisual con el que el frontman parece haber seguido, a su manera y salvando las distancias, los pasos de Alan Lomax. “Es el mejor jodido cumplido que me han dicho”, exclama. “Creo que es importante poner a la música en su sitio, reivindicar su importantísimo papel como agente histórico. Si cuentas la Historia de un país sin tener en cuenta su tradiciones musicales, no estás contándola entera, y además estás perdiendo un elemento que facilita la comprensión de muchos procesos sociales y políticos. Hay que intentar que la música también sea un factor fundamental cuando dentro de cuatrocientos años alguien quiera saber cómo era la gente en California, o en Nueva York o en el lugar que sea. Personas como Lomax fueron los pioneros en documentar todo esto de lo que estamos hablando, así que lo que me has dicho es muy grande. El reto de hacer la serie era enorme, pero después de lo de ‘Sound City’ sabía que podía hacerlo. Yo nunca di clases de batería, pero me dije ‘me da igual, voy a hacerlo’. Otros baterías me decían, ‘eso que haces está mal’, pero no me importaba una mierda. Tampoco terminé el instituto, así que tampoco entré en ninguna carrera audiovisual, pero he terminado dirigiendo documentales”.
¿Y cómo se tomó todo este complejo y ajetreado proceso de grabación su productor, Butch Vig? “Recuerdo su cara cuando le hablé de mi idea por primera vez. Estaba alucinando (risas). Y entonces… Creo que se toma demasiadas confianzas con nosotros (risas), porque ni siquiera le dijimos que queríamos grabarlo con él -lo cual era cierto, claro-, cuando de repente dijo: ‘¿vale, cuándo empezamos?’. Nunca pregunta si va a producir nuestro próximo disco. Sabe que será él, porque es otro miembro de la banda. Para Butch, que Foo Fighters vuelvan al trabajo es sinónimo de que él vuelve al trabajo. Es automático. Y es genial porque es un puto genio”.

“Sonic Highways” será lanzado a la venta en vinilo con  nueve portadas diferentes, otra muestra del poderío financiero comentado al principio. “Sí, tener la posibilidad de sacar tu álbum con nueve artworks distintos es una buena prueba del éxito de esta banda”, bromea Grohl. “No, en serio -continúa-, cuanto más te sumerges en un proyecto, más necesidad tienes de cuidarlo, de hacerlo especial, y de atreverte a hacer locuras que te hagan sentir que estás embarcado en algo emocionante. Si te digo la verdad, durante la grabación, cuando alguien me decía ‘oye Dave, tengo una idea estúpida’, siempre la probábamos. Igual era grabar una línea de bajo dentro de un túnel de una carretera de Austin, o cosas así, pero yo siempre decía ‘adelante, qué cojones, hagámoslo’. Todo lo demás, como te decía, es demasiado fácil”. ¿Entonces, el próximo disco también será algo novedoso? “Te lo contaré cuando volvamos a hablar dentro de dos años, pero sí, será conceptual. Volveré a sacar a la banda fuera de su zona de confort e intentaré hacer algo alucinante”.