“Ceremonia” (Elefant, 12), un título cuyas resonancias sugieren exactamente aquello que vas a encontrar en este tercer trabajo de La Bien Querida, más que nunca una historia de dos. Ana y David hablan de las circunstancias en las que han parido un disco que mira al cielo, a las estrellas, y con el que de alguna manera se reconcilian consigo mismos y con los orígenes del proyecto.

Creo que para entender este tercer disco debemos partir de lo que ocurrió con “Fiesta”…

David: El primer disco funcionó muy bien y en el aire se notaba cierto miedo a cagarla. Las canciones se pueden producir de mil maneras y en “Romancero” me quedé muy satisfecho. Pero el segundo fue un intento de hacer un “Romancero”… de otra manera. Dejé mi trabajo en el Ayuntamiento para dedicarme por completo a la música y todo eso generó cierta presión.

Ana: Yo creo que estábamos acojonados, pero ni nos dimos cuenta de ello.

D: Y nos abrimos a estilos que en el fondo nos importaban un pepino, un poco como desafío: “¿Por qué no hacemos un reggaetón?”, y salió “Queridos tamarindos”. Nos fijamos en super hits, en canciones de Stadium Rock que era absurdo tomar de referencia. Me da mucha pena, porque creo que muchas de las mejores canciones de Ana están en “Fiesta”. Pero salvo “Noviembre”, que me flipa, no supe producirlo.

A: Pero ya está. Si el segundo hubiera funcionado sería hoy cuando nos encontraríamos en esa disyuntiva. Como no fue así nos sentíamos más libres para hacer lo que nos apetecía, y ahí es cuando sale algo verdaderamente bueno.

Hace unos años, al poco de salir “Romancero”, ya me habíais comentado que teníais intención de publicar un EP con sonido kraut.
D: Fue un día que estábamos borrachos y tú lo publicaste… (Los dos rompen a reír). Pero se pasó el momento.

Otro precedente de este disco puede ser “La veleta”, la canción que Ana grabó con Los Planetas. Por los aires a lo New Order -muy presentes en “Ceremonia”- y esos ramalazos a tradición que comparten canciones como “Aurora” o “Hechicera”.
A: Es que esa canción está producida por David junto a Pere, pero no le sacaron en los créditos. En cualquier caso, si te soy sincera, yo no veo demasiada relación.

¿Puede tener un poco más el EP que regalaste vía bandcamp como La Estrella de David hace un año?
 D: Sí, más que el tema de Los Planetas ese fue el antecedente claro del disco. Yo llevaba tiempo jugando con el iPad y el EP salió de ahí. Nos fuimos a la casa de Barcelona cuando Ana estaba de siete meses y el cambio le animó a escribir canciones. Fue una semana que disfrutamos muchísimo: venías desde el fondo del pasillo, me dabas la canción, yo me ponía a trabajar en ella y volvías al cuarto a escribir. La verdad es que con el embarazo tan avanzado fue milagroso que saliera, porque no había nada premeditado. Fíjate que inicialmente hablamos de un disco acústico…

Fuera de eso, no parece que haya rastro alguno del nacimiento de vuestra hija Estrella en el disco…
 A: Es que no es algo que me motive. Mi hija me inspira otras cosas, pero no me apetece hacer un disco de nanas.

De hecho, con “Arenas movedizas”, “Aurora” o “Más fuerte que tú” vuelve el despecho, la rabia.

A: A mí me gustan letras más ambiguas, como “Sentido común” del anterior disco. Pero reconozco que me cuestan mucho.

D: Y cuando te pones directa… Para mí no es sencillo hablar tan clarito en una canción.

También porque es probable que a un hombre con ese discurso se le eche a los leones.

D: Sí, eso es verdad.

A: No creas, mira a Los Planetas…

D: Pero ellos hacen trampa: escriben la canción de amor que una chica quiere oír, se dirigen a ellas y no hablan como lo hacemos los chicos. Por eso son tan buenos.


Te iba a preguntar si le has escrito algún tema a David…

A: ¡Eso no te lo voy a decir! Es demasiado íntimo.

D: Es que es algo que ni siquiera hablamos entre nosotros. Yo creo que es normal, ¿no?

Y, Ana, ¿cuál es tu aspiración a la hora de escribir una canción?

A: Que sea guay, con estribillo y a la vez descriptiva, que abarque mucho… pero aún no lo he conseguido. Una canción como “El animal” de Battiato.

D: “El animal que yo llevo dentro / no me ha dejado nunca ser feliz / Me roba todo, hasta el café”. Joder, ¡me pone la piel de gallina!