Greg Graffin, cantante de Bad Religion, nos había ya descubierto su faceta como cantautor años atrás. Ahora vuelve con “Millport” (Epitaph/[PIAS], 17), un disco que ha completado con la ayuda de la sección rítmica de Social Distortion.

En mi cabeza, existe la idea de que todo guitarrista y cantante de punk en algún momento pasa a tocar en solitario. Normalmente en su vertiente folk o country. ¿Qué me dices a eso?
No puedo hablar por otros. Pero como cantautor, mi estilo ha sido componer música en piano y guitarra. Siempre ha sido así. ¡Mucha gente no se ha dado cuenta de que el primer disco de Bad Religion, hace treinta y cinco años atrás, se escribió con una guitarra acústica y un piano! Para mí es natural tocar en este formato. Es una producción distinta, pero el mismo estilo.

¿Es algún tipo de necesidad tener que pasar a algo, llamémosle, más tranquilo? ¿Cuándo aparece esa necesidad?
Bien, el estilo de la producción es al final el que define la música. Y yo siempre he estado interesado en música un poco más tranquila. Es algo normal estar interesado en distintos estilos musicales.

Defines tu carrera musical como un árbol. Nunca sabes cómo va a lucir la copa de este árbol. ¿Crees que en la música en general existe un fuerte problema con querer reconducir este árbol y podarlo de forma que guste, no solo a los músicos, sino a la audiencia?
Sí, por supuesto existe una vertiente comercial de la música. Yo nunca he estado demasiado interesado en ella. Pero es inevitable pensar en ella a la hora de hacer música. La gente que quiere vender música, y hacer dinero con ella, están más interesados en podar esta copa de árbol y hacer que sea fácil de predecir y entender. Como artista yo creo que has de mantenerte fiel a tus propias raíces, a pesar de que nunca sepas como va a lucir la copa de ese árbol. El entorno siempre cambia, en este caso los gustos de la audiencia, está en constante cambio. Hay que dejar crecer libre la copa de ese árbol.

Existe una fuerte diferencia en cuanto al sonido entre tu primer álbum en solitario, el segundo e incluso este último. “American Lesion” siempre me sonó como un Bad Religion descafeinado, mientras que “Cold As The Clay” tenía un sonido más íntimo. ¿Me equivoco?
Estás reconociendo algo muy interesante. “American Lesion” era un álbum completamente de autor. Escribí todas sus canciones y las producí todas yo mismo. Mientras que “Cold As The Clay”, era mayormente un recopilatorio de canciones tradicionales americanas. Creo que de ahí solo escribí unas cuatro o cinco. Quizás estás asociando ese sonido más íntimo a un sonido tradicional. En “Millport” vuelvo a escribir la mayoría de los temas, así que es otro álbum de cantautor y quizás por eso puede volver a sonar un poco más a Bad Religion.

Creo que hay muchas influencias en él. Desde country hasta cantos religiosos como “Time Of Need”. Esa es la canción que más me ha llamado la atención. ¿Qué hay detrás de ella?
El estilo es el de un góspel country. Mi madre era muy, muy religiosa y ella, obviamente, quería que creciera igual. Esta música forma parte de mi infancia. Lo que quería probar de hacer era un góspel secular. Es decir, tomar las mejores cosas de la religión, su música, pero acompañarlas de palabras que no pusieran tanto énfasis en ese poder supernatural, sino más en el poder humano. El poder que tenemos nosotros para crear nuestro propio futuro. Por eso digo “No religion can help this time of need”.

Justo iba a decir que era la frase que más me llamaba la atención. Estaba asociando una canción inspirada en un cántico religioso con unas palabras como poco tajantes. También me he fijado que en este disco hay mucho piano. ¿Lo visualizaste así desde el primer momento?
Canciones como “Time Of Need” son canciones a piano, así que desde un principio las escribí con él. Pero otras como “Making Time” son canciones a guitarra, aunque creí oportuno usar el piano para darles más fuerza.

“Sawmill” y “Echo On The Hill” toman la vertiente más bluegrass del disco. ¿Qué me puedes contar de ellas?
En este álbum trato de crear imágenes de cosas que no envejecen con el tiempo. No importa si estás en Europa, en América o Sudamérica, una de las industrias más grandes se debe a los aserraderos. De hecho, la tecnología está volviendo a sus inicios. La madera es una fuente de energía que proporciona mucho calor, no ensucia tanto el medioambiente y se puede gestionar con buenas replantaciones. Encuentro muy interesante que algo que ha formado parte de la historia, como un aserradero, que creemos que está totalmente obsoleto, vuelva a la vida.

A todo esto, me gustaría saber tus influencias en cuanto a la música country. ¿Con qué artistas creciste?
Los primeros álbumes de The Eagles fueron muy importantes para mí, eran una leyenda en California. Siempre los escuchaba y me ayudaron a consolidar mi estilo. También Doc Watson, un gran músico de country. Él fue la influencia más importante para mí, así como lo fue para toda una generación. Recuerdo que mi tío, cuando yo era pequeño, ponía sus discos. Él tocaba la guitarra y era un momento en que toda la familia se reunía para cantar. Jackson Browne o Stephen Stills también fueron clave para mí.

Has comentado que parte de la sección instrumental la ha puesto Social Distortion, con quienes tocásteis por primera vez con Bad Religion. ¿Qué significa para ti que hayan participado en el disco?
¡Oh, significa mucho! Verás, crecimos juntos, estamos influenciados por los mismos artistas. Esa música la seguimos tocando en proyectos a parte de nuestras bandas. Es muy significativo que nos hayamos podido juntar en “Millport” y combinar todas nuestras influencias y estilos.

¿Dónde presentarás “Millport”?¿Existe la posibilidad de presentarlo por Europa y nuestro país?
Es muy difícil, porque somos músicos de cuatro bandas quienes participamos y es complicado juntarnos todos para tocar, al menos en salas pequeñas. Quizás en algún festival. La verdad es que gustaría volver a España para tocar este tipo de música.

Si vienes te prometemos un sold out.
¡Muchas gracias! ¡Pero no deberías prometerme eso! (risas).

Me gustaría preguntarte acerca de la dificultad de combinar la trayectoria de una banda de éxito, tu vida como profesor y tu carrera musical en solitario. ¿Qué es lo más complicado y lo más satisfactorio?
Es muy satisfactorio poder combinar todas esas cosas. No puedo decir que haya una sola fórmula para poder con todo, has de comprometerte mucho a finalizar proyectos y formar parte de la rueda. Cuando doy conferencias en la universidad no puedo estar de gira. No puedo estar concentrado en una sola cosa. Y eso que mi proyecto en solitario sale a la luz una vez cada ocho años. ¡Ya me gustaría que fuera más a menudo! Pero me siento de la misma manera cuando doy una charla que cuando toco punk-rock o cuando doy conciertos en solitario. Veo que la gente está satisfecha. Y si la gente está contenta, yo me siento realizado. Sé que he hecho bien mi trabajo. Vale la pena.

¿Cómo cree influye tu formación en tu música?
Hay dos aspectos distintos en mi vida. No trato de combinarlos. Pero, como te he dicho antes, siento la misma satisfacción al dar una conferencia sobre cualquier cuestión importante, que cuando canto delante de punks canciones profundamente significativas. También cuando estoy yo solo tocando. A veces veo gente llorando. En ese momento sé que he conectado con ellos. Y eso no solo me ha pasado con la música, sino también con los estudios he conseguido conectar emocionalmente. Eso me hace sentir satisfecho.