Su Segundo larga duración en apenas un año y con un Ep en el camino, “La dimensión desconocida”, alarga la sorpresa que supuso el debut de The New Raemon. De nuevo apoyándose en una voz carismática y unas letras personales, Ramón Rodríguez celebra el encuentro con su nuevo alter ego de la mejor forma posible: creciendo en todo.

Tiene dos hijas de una relación anterior. Se lleva muy bien con la madre. Su anterior disco hablaba de otra relación, su actual novia. Con Ramón Rodríguez uno siente ganas de meterse donde no le llaman, de entrometerse en su vida y mirar en los cajones del comodín, y es culpa suya. Nos dio permiso con “A propósito de Garfunkel” (B-Core, 08), sus primeros pasos como The New Raemon, un disco tan íntimo como humilde que le ha permitido, tras años de esforzada militancia en Madee, uno de los mejores grupos de la escudería B-Core, vivir de la música. “Compongo por las mañanas”, cuenta, “cuando las niñas están en el colegio. A la grande le gusta más Madee. Me ha salido un poco heavy. Pero nunca se lo he puesto yo, se lo pone su madre. De hecho, cuando están en casa ni toco ni grabo”. Y uno tiende a oler el café y sentirse las legañas. Así es cómo se hace un disco y así nació “La dimensión desconocida”, tercer episodio tras su espléndido debut y el EP “La invasión de los ultracuerpos” (B-Core, 08), fruto ambos de un mismo impulso. “Nunca pensé en hacer una gran obra ni mucho menos, aunque cuando estuvieron grabados los temas con Ricky Falkner pensé, bueno, está bien. Era todo muy minimalista y sencillo. La idea inicial era grabar las canciones yo solo con la guitarra, pero luego fuimos añadiendo elementos. La diferencia en esta ocasión es que ya he pensado las canciones sabiendo que tenía la banda detrás”.

En general, “La dimensión desconocida” es un disco más consciente,  la instrumentación es más detallista y parece que te has esforzado en darle un tratamiento propio a cada canción.
Sí, se nota que ya llevamos un par de años tocando juntos y que hemos hecho muchos conciertos. Cada uno sabe cuál es su rol y yo soy más consciente de las posibilidades que tengo a mano cuando hay que grabar. Es lo bonito de este proyecto, empezó un poco a ver qué pasaba y luego ha ido creciendo poco a poco. Me siento más cómodo con el idioma y cantando. En el primero estaba más comedido. Estaba probando un terreno que tampoco tenía muy claro.

 

Hablando del idioma, a nivel de letras vuelves a usar frases hechas y expresiones comunes como trampolín para tus propios pensamientos.

Es que soy bastante payaso en general, siempre hago bromas con juegos de palabras. Uso bastante esas frases hechas y las llevo a otro contexto. Le da un efecto especial, como eso de “hasta luego, Lucas”, que es de Chiquito. Me sale así. Desde el principio lo que quería intentar con las letras era ser fiel a como me expreso coloquialmente, no hacerlo ni demasiado poético ni demasiado soez, un poco como se lo dirías a esa persona si se lo estuvieras explicando en un bar.

 

“A propósito de Garfunkel” hablaba de una relación. ¿Vuelve a haber una temática concreta o una idea que una todas las canciones?

Cuando te sientas a escribir a veces estás inspirado y a veces no. Otras estás inspirado pero sólo te salen un par de canciones y luego estás cuatro meses sin escribir nada. Estas canciones han sido escritas a lo largo de un año y con lapsos entremedias, quizás por eso la temática no es tan evidente como en el anterior, que era una declaración de amor muy evidente. Estaba un poco cansado de esa temática, porque el último disco de Madee era más o menos lo mismo. No me apetecía escribir canciones de pareja. Quizás este sea un disco menos exhibicionista. Hay que leer más entre líneas, aunque también creo que cada uno se las puede apropiar.

 

“Todo el mundo ha tenido una relación en la que lo ha pasado fatal”, añade, “pero es que el anterior disco era tan explícito que a veces te sentías algo extraño, cantando esas canciones delante de la gente, porque además quizás está allí esa otra persona sobre la que cantas. Llegaba a sentir vergüenza de verdad”. A Ramón Rodríguez se le acerca la gente y le pregunta cómo está. La gente se preocupa por Ramon Rodríguez, algo que no le había sucedido antes. Tal es el efecto de sus canciones. “Es curioso ver la idea que se hace de ti la gente a partir de una canción; con Madee no me pasaba. La gente se hace suyas las canciones de The New Raemon y las interpreta a su manera”. Es el resultado de que la gente entienda tus palabras. Después de años en un grupo con letras compuestas en inglés, The New Raemon supuso su primer experimento en castellano y eso ha permitido una comunicación más fluida entre autor y público. Todos hemos salido ganando, porque si hay algo que merezca atención además de su forma de cantarlas -esa voz- son esas palabras que siempre parecen esconder una segunda intención, sugerir una vuelta de tuerca. Quizás en esta ocasión sea más exigente, pero sigue habiendo allí algo que te obliga a volver sobre tus pasos y releer sus canciones.

 

Tengo la sensación de que no haber sido cantautor toda tu vida te hace, curiosamente, mejor cantautor. Te favorece venir de un estilo de música totalmente distinto, como Madee y Ghouls’n’Ghosts. 

Crecí escuchando mucha música y, a medida que va pasando el tiempo, vas ampliando tus gustos, descubriendo artistas a los que habías pasado por alto. Piensa que yo empecé a tocar con Madee a los catorce años. The New Raemon me va bien para descansar de tanto ruido, aunque también echo de menos ese punto más crudo, pero esta faceta más tranquila no la podía explorar. En este disco están un poco las dos cosas: hay canciones que están más instrumentadas, porque a veces notas que falta ese punto de tensión en los conciertos, pero también temas calmados. No hay ningún secreto en la música que escribo. Cualquiera podría hacerlo, porque está todo hecho. Tú simplemente intentas buscar tu propia personalidad y hacer lo que sientes en ese momento. Siempre he intentado hacer discos que me gusten a mí.

 

¿La buena recepción de “A propósito de Garfunkel” ha hecho que te crees expectativas respecto a éste nuevo disco?

He aprendido a no tomarme las cosas demasiado a pecho. Antes me lo tomaba todo demasiado en serio y me obsesionaba con ello. Tener grandes expectativas es fatal, porque nunca vas a colmarlas. Pero la vida es sorprendente. Del anterior no esperaba nada y todo lo que ha sucedido ha sido bueno. Es uno de los discos que más ha vendido de B-Core. Es la primera vez que puedo ganarme la vida haciendo música. Antes trabajaba en un despacho y era un infierno porque no podía hacer todo lo que quería. Ahora no tengo un sueldo como antes, pero es todo mucho más gratificante, así que lo único que espero es poder seguir sacando discos y ganándome la vida. Y soy consciente de que soy un afortunado, porque hago lo que me da la gana. Eso es un privilegio.

 

Dejémoslo en el aire. Si el debut de The New Raemon sorprendió, “La dimensión desconocida” no hace más que perpetuar el encantamiento. Sin perder de vista el espíritu economista de su debut, Rodríguez ha reunido un racimo de canciones más ambicioso y pleno, entre legañas y café, rodeado de nuevo de amigos cercanos para dar forma a un disco que lo confirma entre los autores más personales y fascinantes de esa nueva hornada de músicos que ha hecho precisamente de la personalidad su toque de distinción. Hay Dramón Ramón para rato.