Hace unos días veía la luz el segundo largo de Giganto, un contundente paso adelante de la dupla formada por Jose Torre (bajo) y Víctor Teixeira (guitarra), ahora acompañados por Jaime Garcia (Codo, Adrift) a la batería. Hablamos con el primero sobre la creación de este Látigo Canta (BCore Disc, 2017). Intenciones, influencias y los motivos por los que no debemos considerarlos una banda instrumental al uso.


En comparación con Fuego Amigo (2013), vuestro primer disco, grabado con menos medios, ¿cuáles son las principales diferencias de este nuevo disco? ¿Qué habéis tratado de desarrollar y en qué habéis enfocado vuestras energías?
El primer disco era más urgente, las canciones estaban hechas de otra manera. Era más inmediato. En este disco hemos tenido las ideas más claras y hemos tratado de hacer un ejercicio de contención. Sabíamos cómo tenían que ser las canciones de principio a fin e intentamos resolverlas con las mínimas partes posibles. Hacer que la cosa funcionara con menos, con menos componentes. Que quedasen más limpias y mejor compuestas. Ese ha sido uno de los objetivos.

El otro era intentar ser más dinámicos. En el primer disco las canciones explotaban a los diez segundos y se mantenían muy arriba todo el rato. Esta vez hemos tratado dentro de lo posible de que las canciones tuvieran una tensión diferente cada una, y que las partes se diferenciaran un poco más. Que tuviera todo más pulso pero fuera también más dinámico. La cara A es la más intensa, más bestia y bruta, y las canciones de la cara B son un poquito más largas, con tiempos medios, algo más reposadas y con más tensión. Así hemos querido tratar el disco, viéndolo como un todo.

Entiendo que todo el proceso ha sido mucho más meditado.
Sacas un segundo disco y tienes que probar otras cosas. Tienes que hacerlo todo de una manera más cerebral y menos improvisada para obtener resultados diferentes. Esa es la idea, que exista una evolución respecto al primer disco.

Llama la atención en vuestra música la habitual ausencia de añadidos y extras, ya sea en instrumentación adicional o cualquier otro motivo que aporte capas a vuestro sonido. Prácticamente os bastáis los tres, llenando todos los huecos.
Lo intentamos hacer con la primera demo que sacamos, las primeras cinco canciones que se hicieron, añadiendo más cosas una vez grabada la base, pero nos dimos cuenta desde el principio que por nuestra manera de hacer las canciones funcionaban con tres personas, guitarra, bajo y batería. Nos bastábamos con eso y los temas no daban pie a meter instrumentación extra o arreglos, no había hueco y tampoco hacía falta. Con este disco lo descartamos desde el principio, hay un par de detalles, poca cosa, como la introducción o El Nadador, que abre la cara B y es Víctor tocando una especie de melodía amorfa con un arco. También se doblaron algunas guitarras por petición de Santi García, que consideraba que vendría bien tener extra de guitarras en algunas partes para darle ese efecto más de estéreo y amplitud.

“Somos más bien un grupo de rock and roll que no tiene cantante, no nos ha interesado y pensábamos que no lo necesitábamos”

Sin pretender decir con esto que no cuidéis los detalles, desde la preparación de las canciones al mismo envoltorio, portada y estética. ¿Disfrutáis de esta parte del proceso?Sí, eso siempre, todo tiene que tener un mismo tono. Esos detalles no creo que estén ahí para que la gente los descifre pero le dan al disco un buen empaque. Si no hubiésemos invertido cariño y tiempo en ciertas cosas estaría bien, pero no sería igual. Al menos para nosotros, es una cuestión interna del grupo y la gente de fuera no tiene por qué ser consciente de ello, pero es algo que queremos expresar.

Tras la publicación de vuestro primer disco entraba Jaime García a la batería, que en este disco ya ha podido ser parte activa en la creación. ¿Cómo se han desarrollado los acontecimientos en este sentido y cuál es su relevancia en la banda?
Nuestro batería (Jose Skaf) tenía otros proyectos y nos dijo que iba a estar un tiempo largo sin tocar coincidiendo con la salida del primer disco, así que se lo propusimos a Jaime, y rápidamente se convirtió en el batería de Giganto. Hablamos con Jose y nos dijo que tampoco iba a tener tiempo para seguir, así que la cosa fue muy natural, no hubo aspavientos ni nada. Sin roces. En cuanto a Jaime, desde que empezamos a hacer canciones con él pasó a otro nivel. Yo creo que nunca he entrado en un grupo ya formado, eso de estar un tiempo tocando canciones en las que yo no he metido mano. Supongo que una vez empiezas a formar parte de la composición y a construir el sonido del grupo te consolidas al cien por cien. Jaime dentro de sus tareas es imprescindible. En Giganto nos adaptamos los unos a los otros, si fuera otro tipo de batería el grupo sonaría de una manera diferente.

Inevitablemente sois la suma de las partes, y una mezcla de influencias no sé hasta qué punto compartidas.
Consumimos mucha música y van surgiendo influencias. Eso sí, influencias que te puedas permitir. Muchas veces te pueden gustar grupos pero a lo mejor por tu forma de tocar o porque no tienes la técnica… Al final son las limitaciones las que te marcan un poco. En cuanto al grupo, se ha creado un lenguaje. Con Víctor llevo tocando mucho tiempo y sabemos cómo podemos llevarlo. A los dos nos gustaban mucho Breach, un grupo sueco que venían de haber tocado metal. También Karp, que al principio era el rollo que nos encantaba, o Melvins, algo más épico e inflamado. Y por supuesto Man or Astro-Man? es el grupo instrumental de referencia. Esta gente hizo algo súper particular y personal, a cierto nivel también han sido una influencia. Realmente empecé a escuchar música instrumental gracias a ellos.

A la hora de encuadraros en un género o tendencia, ¿cómo os consideráis? Porque sois una banda instrumental, pero las asociaciones más directas quizá no deban hacerse con otras bandas instrumentales y sus correspondientes subgéneros.
Somos más bien un grupo de rock and roll que no tiene cantante, no nos ha interesado y pensábamos que no lo necesitábamos. Al no tocar surf y tampoco ser un grupo post rockero tipo Mogwai, o más expansivo tipo Russian Circles, parece que por descarte te meten directamente en el mundillo del stoner rock. Pero eso no es muy favorable para nosotros, no tenemos para nada la misma intención. Hacemos algo opuesto, música tensa que mantenga un poco el músculo contraído. No es música para relajarte y tampoco tiene las influencias y los códigos del stoner rock. A nivel individual a alguno de nosotros le puede gustar más o menos, pero no tratamos de hacer eso. Lo nuestro tiene que ver más con el punk rock y con otro tipo de bandas a las que nosotros agrupamos bajo el género del rock and roll entendido como algo visceral, crudo y menos académico.

En definitiva, no hemos inventado la rueda pero no hacemos música genérica. Tratamos de hacer algo personal. De ahí que no nos mole que nos metan en subgéneros muy concretos. Ayuda además a que gente que no tenga gustos tan específicos se pueda acercar al grupo. Creemos que es algo que cae por su propio peso y que se ve reflejado en el el tipo de gente que viene a vernos, donde hay mucha variedad. Nuestra música no cubre un nicho particular con una estética en particular, creo que puede gustarle a bastante gente.

Destacáis la experiencia en directo en salas como The Rincon Pio Sound, el Liceo Mutante o La Choza. ¿Qué suponen para vosotros?
Estamos muy mal acostumbrados en ese sentido. Casi siempre que hemos salido nos hemos encontrado con proyectos alucinantes. Y no es que te vuelvas selectivo pero sí piensas en cómo pueden ser las cosas. Son sitios con un carácter y personalidad, donde te gustaría tocar siempre. Quien los lleva tiene la misma actitud que la gente que suele tocar en grupos. Lo hacen todo con un cariño y un esmero brutal, y eso te contagia. Piensas que ahí es donde perteneces. No digo que no nos guste tocar en cualquier otro lugar, siempre que la cosa esté bien montada y nos traten bien, pero siempre quieres volver a Benicarló, a The Rincón de Pio Sound o al Liceo Mutante. Eso está claro.

El caso es que se han convertido ya en un apoyo fundamental para un montón de bandas, promotoras y generadoras de un underground real.
Se están convirtiendo en bases, en oasis para muchos grupos. Hay grupos que están de gira por Europa y van solo a Don Benito, Badajoz, y por algo será. La existencia de estos lugares hace que te apetezca más salir a tocar. Don Benito es increíble, un lugar que ha levantado una sola persona. Los conciertos son gratis pero pagan a los grupos un fijo. No sé, a mí me revienta la cabeza cuando ves cosas así. En Benicarló, donde fuimos un par de veces, se había creado toda una subcultura. Nos decían que un martes iban 60 o 70 personas, y te das cuenta de lo potente que es el proyecto que ha hecho esta gente. Si fueran los 4 tarados de la ciudad sería igual de mágico, pero ves que al cabo del tiempo los tíos están creando una cultura alrededor de la música subterránea. Es muy flipante formar parte de eso. Por eso insistimos en hablar de este tipo de sitios cada vez que nos preguntan.