Aunque su nombre sigue asociándose con Pulp –grupo del que apenas formó parte-, Richard Hawley es, a estas alturas, un artista con la suficiente entidad propia como para que “Lady’s Bridge” (Mute/Virgin) sólo deba compararse con sus trabajos anteriores. En breve le tendremos de nuevo actuando en España, el 26 de octubre en Valencia (dentro de Heineken Greenspace) y el 27 en Barcelona (Apolo).

Con esa voz, es imposible imaginar a Richard Hawley cantando otro tipo de canciones. Sin duda ha nacido para eso, pero lo curioso es que haya tenido que superar la treintena para descubrirlo. “Fue un poco por accidente. Yo he cantado desde pequeño con mi familia, mientras planchaba mi madre, ahora con mis hijos… siempre hemos cantado alrededor del piano o la guitarra; así que siempre supe que sabía cantar. Por otro lado, nunca sentí la necesidad de cantar porque he trabajado con cantantes fantásticos como Jarvis (Cocker de Pulp, con quienes tocó en alguna gira), Colin de Longpigs (su primera banda), Robbie Williams…

“He cantado desde pequeño con mi familia, mientras planchaba mi madre, ahora con mis hijos…”

Con estos frontmen no necesitaba cantar. Era feliz detrás tocando la guitarra: ‘sí, haz tú el gilipollas ahí delante’. El caso es que hace unos años, al final de una sesión en la que estuve trabajando, sobró tiempo de estudio que nadie quería y me pareció alucinante, ‘joder, si está pagado’. Así que Colin (Elliott), que ahora co-produce mis discos, y yo decidimos pasar el rato. Le enseñé algunas ideas que tenía para canciones; la primera que toqué fue ‘Coming Home’ y alucinó tanto que acabamos haciendo un pequeño disco. Yo estaba en mis treinta y tantos con montones de ideas en la cabeza y me dije, ‘si no me lanzo ahora me voy a arrepentir el resto de mi vida’. Me obligué a hacerlo. Era la última tirada de dados. Ahora o nunca”. Ganó la apuesta y desde entonces no ha hecho más que depurar esa hoy celebrada combinación de Lee Hazelwood, Roy Orbison, Johnny Cash, el Elvis baladista, el Elvis crepuscular, Jimmy Web y los Walker Borthers entre otros grandes (siempre grandes) del rock & roll añejo, la canción de crooner, el country y el pop atemporal. Primero como artista de culto y a partir de su penúltimo disco, el inmenso “Cole’s Corner” (Mute, 05), como un héroe de nuestro tiempo. “Cuando lo compuse no tenía compañía de discos ni nada. Pensé que era el último disco que iba a hacer en mi vida, así que lo hice todo lo auténtico y honesto que pude. Creía que lo iban a odiar porque no vivimos precisamente en un mundo romántico, y a la gente no le gusta que le recuerden estas cosas. Así que me sorprendió que gustara. Cambió mi visión de la raza humana. Fue muy conmovedor”. Siempre con Sheffield como telón de fondo -salvo el primer mini-álbum homónimo, los títulos de los cuatro siguientes se refieren a lugares de la ciudad inglesa- para hablar de temas universales con los que cualquiera se puede identificar. “‘Late Night Final’ (Setanta, 01) es lo que gritan los vendedores de periódicos locales cuando sale la última edición. Se le ocurrió a Jarvis y me encantó porque refleja perfectamente lo que yo pretendía con la música, que fuera lo último que uno oye antes de irse a dormir. ‘Lowedges’ (Setanta, 02) se refiere a las afueras de la ciudad, donde solía ir con una chica. Por entonces me sentía aparte de todo, nada conectado con la música del momento. ‘Cole’s Corner’ es un punto de encuentro romántico de Sheffield. Y por último, ‘Lady’s Bridge’ (el disco que acaba de publicar) es una metáfora muy simple sobre cruzar al otro lado y dejar cosas atrás que realmente no quieres dejar atrás, pero que no tienes más remedio. Hay muchas cosas que dejé atrás, como llegar a los cuarenta, que es un puto milagro, y tener éxito con mi música; pero también perdí a mi padre”. Una circunstancia que lo relativizó todo, incluido el hecho de pasar por su mejor momento artístico. “La presión tras el éxito de ‘Cole’s Corner’ desapareció porque estaban pasando otras cosas importantes en mi vida. Mi padre se estaba muriendo y me di cuenta de las cosas que realmente importan y las que no. Mi padre no llegó a oír el disco terminado; sólo pudo escuchar la mitad, pero le encantó y me animó muchísimo. Le encantó la parte más rockabilly. No quise reinventar la rueda, no necesitaba cambiarlo todo. Es como un río que fluye. Cada disco es otro paso. Es música de Richard Hawley y de nadie más. No veo la necesidad de cambiar. Es como ser un arquero: disparas la flecha, sigues su curso atentamente y… ya veremos, no ha acabado aún, la flecha no ha aterrizado”. Eso es lo que él piensa, pero en realidad ha vuelto a dar en la diana.