No se lleven a engaños, no tienen nada que ver con los mancunianos creadores de la canción que les bautizó. Son gallegos, aunque con un infiltrado albaceteño, son peligrosamente adictivos, obsesos de la distorsión, los ritmos machacones y las letras enfermizas. “Triangulo de amor bizarro” (Mushroom Pillow) supone a la música hecha en este terruño lo que “V de Vendetta” al cómic.

Traen los bolsillos llenos de mercancía embarazosa que quiere pulir. Y es que esas canciones llevan desde hace demasiado tiempo quemando en sus pantalones. Piezas capaces de retrasar la vuelta a la casa mientras el sol babea sobre mi intoxicado cerebro. Temas capaces de alargar un polvo matutino y resacoso, mientras se mezclan imágenes de obispos, peces, camellos y navajas afiladas. De locos, vaya. Pero es que son composiciones tan ruidosamente trabajadas, tan directas a mi hambre de loop sucio y a mí cada día menos típico epicureismo, que no puedo sino rendirme al repeat all de mi aparato reproductor. “El himno de la bala”, brutal bofetón que abre el disco, debería ponerle los ojos en blanco a más de uno. “¿Quiénes son los curanderos?” ya se encarga de ponernos boca abajo a base de un bajo distorsionado hasta la herejía sobre una batería propia de rave apocalíptica.

“Buñuel o Goya juntan esa tradición muy rica con un mundo moderno que realmente es bastante inexistente en España”

Rodrigo (guitarra y voz) me responde vía telefónica a la pregunta acerca de la colaboración de Joaquín Pascual (Surfin Bichos, Mercromina, Travolta) en el álbum de debut que TAB han grabado con Carlos Hernández (Los Planetas, Mercromina). “Nuestro batería es de Albacete, pero no conocía a Joaquín Pascual, ni nada. Debe llevar viviendo aquí en Coruña como diez años. Siempre hemos sido fans de Mercromina y de Surfin Bichos, pero no nos planteábamos su colaboración ni nada. Pero Carlos lo conoce de haber grabado ‘Bingo’ y le había pasado unas canciones para ver lo que pensaba. Entonces, a Joaquín le gustaron y comentó hacer algo, y, claro, nosotros flipábamos, lo veíamos tan lejos… Metió lo que quiso, sin ningún tipo de indicación. No somos nadie para decirle lo que tiene que hacer. Metió dos acústicas y el teclado de ‘Fantasma de la Transición’”. Una de mis canciones favoritas, la voz de Isa es un regalo allí. Entonces no puedo evitar comentarle a Rodrigo que esa letra huele a El Niño Gusano.

“Galicia es que es como si fuera toda ella un pueblo, pero a la vez se junta lo rural con lo urbano de una forma muy curiosa”

“A mí ENG siempre me ha parecido un grupo increíble, y sus letras me parecen la hostia, superbrillantes. Son muy retorcidas y luminosas al mismo tiempo, y eso es algo que me encanta de ellos”. Es que las letras de esta peligrosa secta sónica son pilar indiscutible de la amenazante adicción que entregan. Le comento a Rodrigo que al escuchar su mensaje no puedo sino pensar que están como cencerros. “A ver como te lo diría… nosotros somos muy de pueblo, y hay un choque de culturas entre lo tradicional y el mundo…, ¿sabes?… más o menos normal. Por ejemplo Buñuel o Goya… es juntar esa tradición muy rica con un mundo moderno que realmente es bastante inexistente en España. Buscar un poco las chispas que pueden salir. Nuestra infancia fue muy así, coincidimos todos en eso. Julián no es de Albacete mismo, sino de un pueblo, y nosotros somos de pueblos de costa de aquí. Lo que pasa es que tienes una educación normal, pero los domingos tienes que ir a la Iglesia. Mis padres son muy progres y muy modernos para la época, pero a la vez eran católicos. Yo pasé toda la infancia yendo a la Iglesia hasta los doce o trece años sin saber muy bien por qué, y esas cosas se acaban quedando. Ese choque que queda al juntar a gente muy mayor y vestida de negro con… con las discotecas”. Mis nueve años de colegio de curas pueden llegar a comprender parte de lo que me cuenta, pero no puedo imaginarme lo que puede llegar a hacer en el cerebro lo que menciona. “Galicia es que es como si fuera toda ella un pueblo, pero a la vez se junta lo rural con lo urbano de una forma muy curiosa y con distancias muy cortas. Puede haber una iglesia del siglo XII, habitada por gente del siglo XII (risas) y en la otra acera algo completamente distinto. Claro acabas psicótico, lo cual es muy habitual por aquí”. Bendita psicosis. Me intereso por los comienzos, ahora que me he familiarizado con el entorno, veamos los hechos que llevan a una banda como ellos a llamarse como una canción de New Order, y que, para colmo, se hace incómodo de escribir y nombrar. “Cuando empezamos a hacer canciones aquí, en la salita, sin tener ni idea de tocar, nos gustaban New Order y nos gustaba esa canción. No es fruto de ninguna filosofía. Al principio hacíamos pop casi ñoño, lo que se puede hacer en una habitación. Lo que pasa es que luego el sonido fue evolucionando, se fue asalvajando a medida que íbamos ensayando. La verdad es que el nombre engaña, aparte de que es muy largo y complicado de meter en cualquier lado. Un sufrimiento, ¿no?, pero todo el mundo tiene su cruz, y el nuestro es el del nombre superlargo”. Me gusta eso de asalvajar el sonido, no lo podría haber descrito mejor, la tercera canción del disco ilustra ese asalvajamiento a la perfección. “Ha sido una evolución muy natural. Piensa que no sabíamos ni como sonaba una batería. La cosa es que la ignorancia es muy atrevida y éramos muy ignorantes. Lo seguimos siendo y queremos seguir siéndolo, en el sentido de que así no nos ceñimos a ningún tipo de sonido determinado. Por ejemplo el bajo. Le metemos una cantidad de distorsiones increíbles, algunos bajos están grabados con cuatro distorsiones. Y eso, si te lo planteas desde un método, o con un conocimiento de causa, es un poco burrada, ¿sabes? Nunca tuvimos demasiado contacto con otras bandas y todo lo fuimos haciendo siempre a nuestra manera”. Si quieren más indicios de su falta de método y sus maneras poco ortodoxas, no hay más que ver el escenario de la grabación del disco. No imaginaba que una cocina de casa aldeana en la Galicia más gráfica pudiese dar tanto juego. “Fichamos en septiembre o así del 2005, pero no grabamos hasta junio del 2006 porque nos emperramos en que queríamos grabar con Carlos, y él está siempre súper liado. Luego teníamos productor, pero no teníamos estudio, y acabamos grabando en la cocina de casa de mi abuela, en la aldea de mis padres. Grabamos en tres días o así”. Nadie lo diría. “Claro, las canciones estaban machacadísimas. Allí no tuvimos tiempo para darle vuelta a ninguna canción. Era en plan de grabar cuatro o cinco canciones al día, y las voces en una tarde y una noche. Fue todo tan rápido que hay cosas que no tengo ni constancia de que ocurrieran, porque eran jornadas desde once de la mañana hasta cinco de la madrugada. Además, pendientes de los vecinos, porque esa es una casa en medio de un pueblo. Fue un milagro increíble, pero al final todo ha salido bien”. Hablo con Rodrigo acerca de las similitudes que encuentro, a ratos, con El Columpio Asesino, quienes retuercen sus letras, alargan loops y embarran melodías de una forma casi hipnótica. “Los conocí hace poco en un concierto que dieron por aquí, en mi pueblo. Pero no había escuchado más que un par de canciones en la radio. Veo que hacen algo que nosotros también hacemos, es decir: rollo monocorde guarro. Muy rítmico. Me vi reflejado en algunas partes, pero me sorprendió mucho, no conocía demasiado y vi que era el rollo ese de hacer algo muy simple en cuanto al número de acordes. Vi cosas en común en cuanto a pulsión rítmica y rollo monocorde. Ya te digo, los vi y me gustó mogollón el concierto”. Un cartel en el que ambas bandas compartieran escenario sería, casi
seguro, punto sin retorno para más de un abducido por el sonido que los
dos grupos definen. De todos modos, le hablo acerca de ver escrito en la
promo el nombre de My Bloody Valentine como referencia. “Son
referencias que pueden ser lo gratuitas o no gratuitas que cada uno vea.
Pero a mí MBV me parece una banda increíble con un sonido aún no
superado”
. Llevamos rato hablando, cuando recuerdo la entrevista a
Catpeople, también grupo Demoscópico MondoSonoro en su momento. Le
pregunto a Rodrigo si la lejanía geográfica de A Coruña no les hace
plantearse el mudarse hacia un Madrid o una Barcelona, por el hecho de
mayor comodidad a la hora de mover a TAB. “Lo que tiene Coruña es que
se puede vivir bien. Tiene mar… de habitabilidad está bastante bien.
Es superbarata, que es un detalle muy importante para llevar una vida
así, se puede decir, dispersa”
(risas). “Estamos bastante bien, y
tenemos un local de ensayo que nos costó bastante conseguir. Se puede
decir que son los lazos terrenales que nos unen a Coruña, de donde no
somos ninguno. Isa y yo somos de la Ría de Arousa y Julián de Albacete, y
nos conocimos aquí, aunque a Isa ya la conocía, y aquí formamos el
grupo. Pero no nos sentimos involucrados en la ciudad. Ahora estamos muy
cómodos, pero no sé lo que haremos. Aquí podemos ensayar mucho, vivir
con trabajos que en otro sitio serían miserables, y que aquí nos
permiten vivir muy cómodo. Y se come muy barato”
.