Es el sexo disco en solitario de Franco Deterioro. Se llama ‘Rumba inclemente’, aunque no solo suena a rumba, y alguna clemencia aún hay.

Se trata de la tercera referencia de Franco Deterioro en 467 días. Primero fue ‘Engañando a los amigos’, luego llegaría ‘Recovecos y cachivaches’; ahora, ve la luz ‘Rumba inclemente’. Los tres álbumes editados, además, en el cedé físico de siempre.

Has podido leer parte de esta conversación en nuestra revista. Aquí está la versión al completo.


Nada es imposible cuando te protege el gran Peret desde el más allá. “Fíjate tú, que después de publicar ‘Fíjate tú’ en 2009, quedé exhausto y me dio justo para hacer ‘Raptos libres’ a base de versiones. Y he aquí, que a finales de 2015 apareció Misellable Record, para poner fin a esa situación de idílica abulia”.

Parte de esta hazaña es del nombrado nuevo sello. “Se trata de una joven discográfica a la que espero arruinar, como hice con Otro Gallo allá para el 2010. Es una forma de lucha: te infiltras en la empresa y te ganas la confianza de los jefes. Cuando la tienes, les propones ideas geniales y… a esperar. Pero sucede que estos se saben el Miserere y son sibilinos. Me han obligado a firmar un contrato con una primera parte que dura 730 días, durante la cual debo publicar cuatro cedés. Ya van tres, el cuarto, ¡ese sí que será sorprendente! Y vamos muy bien de tiempo. La segunda parte del contrato será menos interesante para la primera parte contratante. Simplemente porque los discos se publicarán según vayan cayendo”.

Lo más curioso es que, aunque la cosa vaya de rumba, son tres discos completamente distintos entre sí. “En ‘Engañando a los amigos’ se mezcla mucho rumba y canción, y sale ya alguna que presagia lo que sucederá en ‘Recovecos y cachivaches’. Esa puerta sería ‘A mi propio eco’, que, de hecho, entra en el repertorio de los directos de ‘Recovecos’. Con Néstor Romero, arreglista y compositor, pensamos un disco en esa línea intimista pero muy orquestada, incluso sinfónica. Ya estamos seleccionando piezas para una segunda parte”.

Unos ritmos que llevan años cocinándose a fuego lento. “Hay siete piezas recientes y las otras son canciones que apetecía recuperar o revisar, jugar con ellas e incluso, algunas, terminarlas. Por ejemplo ‘Territorio común’ tiene el estribillo de 1995 y las estrofas de este 2017, y tiene partes improvisadas en el mismísimo instante de la grabación, al igual que sucede en ‘El Mozambique’”.

Los temas, como ‘inclementes’ que son, suenan con poca ropa y sorprende escuchar cambios continuos de camisetas, pantalones o zapatillas. “De los siete temas ‘tamboreros’ tres nacieron desnudos, con esa idea de saludar a la conga santiaguera y también a la habanera y a la fiesta popular en la que no hay más que manos, voces y un par de vientos. Los otros cuatro, en cambio, los fui desvistiendo. Nacieron semivestidos y fueron orquestados, pero en un proceso inverso al habitual les volví a ver las entretelas y metiendo tijera los fui desnudando. Han quedado acompañados, además de por tambores, voz y coros, por trombones en ‘Músicos en venta’, grallas en ‘Por el interés’, trompetas en ‘El Mozambique’ y eboés occitano en’ Siempre hay un refrán’, que es una conga habanera. ‘Territorio común’ y ‘Prisa’ mata son dos guaguancós bastante ortodoxos en los que vuelven a sonar las grallas de Josep Fleta y ‘Canción quince’ es un seis por ocho que vino al mundo sin pan, pobre y desnudo; tiene dos estribillos y un recitado; nació para cerrar el disco. Así que inspiración hay, sobre todo por parte de los músicos que tocan vientos. Y ya se sabe inspiración-conspiración”.

Ya van tres, el cuarto, ¡ese sí que será sorprendente!

La percusión tiene especial protagonismo. Aquí Dani parece haber juntado sus facetas de vocalista y percusiones. “He disfrutado mucho con las piezas de las que acabo de hablar y esa fuerza y presión sonora me ha llevado a ser más percusivo en otras piezas más típicas del sonido habitual de Franco Deterioro. ‘Cuernos’, ‘Dos’, ‘Puerta falsa’ y ‘El aguacate’ se han reforzado con tumbadoras y otros instrumentos para no sentir tanta distancia con los temas tamboreros. ‘Qué despiste!’ es la que más respeta la orquestación original, mientras, ‘Qué manera de sufrirte’ se desnuda y queda como canción para descansar al oído, al igual que ‘Ando muy deprisa’, que era una rumba combativa clásica, pero me pareció un exceso de rumbón e hice una versión con un rollo ‘jipi’, con percusiones corporales, espirituales y cotidiófonos. Finalmente ‘Pero yo no puedo’ y ‘Empanada gallega’ son dos rumbas de palmas y bongó. Rumbas combativas muy cercanas a la rumba catalana, de hecho esta última pretende, en su tratamiento musical, ser un homenaje a Los Amaya”.

Sin prisa, con pausas. “Ha habido un largo tiempo de grabación, ya que apenas dos meses después de grabar ‘Recovecos y cachivaches’ empecé con este disco. Es decir, noviembre del pasado año. En un estudio portátil, sin prisa y con pausas, se acabó de grabar cuando ya se habían mezclado algunas canciones, en julio de 2017”.

No es plan de volver a llamar a un disco suyo ‘Engañando a los amigos’, pero por número de colaboraciones el nombre encaja totalmente. “He buscado la variedad. A veces con la idea muy clara, por ejemplo introduciendo la melódica en varios temas, que toco yo mismo, o las trompetas que Carlos Badorrey hace sonar en clave discotequera en ‘El Mozambique’. Luego en otras piezas la cosa ha sido más casual. Ángel Vergara toca el eboé occitano por razones de tesitura, y queda precioso. Las grallas, hermanas de la dulzaina, las toca Josep Fleta y estaban bastante claras. Los trombones de Javier García Vega entran con la excusa de poder verlo un ratico, pero ni con esas, me los mandó por correo. Y los saxos de su hermano Charly son el instrumento ideal para ‘Cuernos’, ‘dos’ y ‘El aguacate’. El violonchelo, tocado por Dolos Miravete en ‘Puerta falsa’ y ‘El Mozambique’. Y la viola en ‘Pero yo no puedo’, por Jaime ‘Chuchi’ Lapeña. El bajo está repartido entre Jesús Martí ‘Pelón’, Otto Sobieski y Pilar Romeo, quien también hace coros con Alicia Fernández Maurel, Cristina Matosas, Sergi Boquet y Gustavo Giménez. Los teclados imprescindibles los ha introducido Ignaci Falcó. Y, finalmente, he reservado en estado de baja explotación a Joaquín Pardinilla, guitarra eléctrica en ‘Empanada gallega’. Una gozada generalizada”.

El resultado no es otro que “un disco para bailar, ir perdiendo la ropa y después, sin agobios, pensar. No faltan los triples sentidos”.