Tras haber parido en 2014 una de las demostraciones más inflamadas del indie-rock nacional, Eli Molina y su troupe, es decir Fighter Pillow, se marcaron hace unos meses un retorno que, por esperado, aún deja mejor sabor de boca. Porque “Seized Up” (Nervio, 17) es un torrente de melodías inflamadas y nervios crujientes siempre a punto de estallar. Eli nos cuenta su gestación y en qué punto se encuentra Fighter Pillow.

Tres años después, un nuevo álbum. ¿Cómo ha sido el proceso desde vuestro debut hasta “Seized Up”?
Supongo que natural. Hemos seguido con nuestras cosas arriba y abajo, a nuestro ritmo. Yo seguía sacando canciones y continuábamos trabajando en el local, pero llegó un momento en el que tuve que poner fecha para grabar el segundo disco, sino habríamos alargado todo aún más. Y, claro, te acabas cansando. Llamé a Santi y me dio la fecha. Cuando algo ya está hecho, se saca. A partir de ahí todo fue rápido.

“Seized Up” suena más compacto que vuestro primer disco. ¿Tenías un concepto definido de lo que queríais antes de entrar en el estudio? ¿Qué os ha aportado Santi García?
Al estudio fuimos con los deberes hechos, unos más que otros, eso sí. Pero los que trabajábamos semanalmente teníamos muy claro qué queríamos grabar y de qué manera. No podía permitirme una semana de estudio y, además, soy más de inmediatez. Santi es fantástico, te saca lo mejor, tanto a nivel personal como a nivel sonoro. A mí me daba mucha tranquilidad, y lo pasamos genial los días que estuvimos con él. Creo que fue mutuo; luego nos echábamos de menos. Estoy muy contenta con el trabajo que ha hecho. Suena de lujo.

Para “Seized Up” debutáis en un sello nuevo, Nervio Records. De hecho, es la primera referencia del catálogo. ¿Por qué vino motivado este cambio?
Antes de Nervio, moví el disco por todas partes a ver si alguien quería trabajar con nosotros. No pudo ser, las cosas andan como andan y me planteé la autoedición. Eso sí, iba a sacarlo sí o sí. Entonces apareció mi maravillosa amiga Natalia Brovedanni y durante una noche de birras me dijo que, cuando escuchó el disco, le habían entrado ganas de montar un sello juntas. ¿Cómo iba a negarme? Me pareció precioso que creyera en el disco y aquí estamos, llevando la aventura a nuestra manera y con ganas de ayudar a más gente.

Estás acreditada como la compositora de todas las canciones. ¿Cómo funciona Fighter Pillow: ¿como el grupo de Eli o como un cuarteto en el que todos aportan su personalidad en el sonido final?
Es mi banda, es así. Yo compongo, soluciono problemas, busco alternativas y las llevo adelante. Pero musicalmente somos una banda, cada uno pone su parte y gracias a ellos las canciones son lo que son y suenan como suenan. Traigo las canciones sí, pero cada uno pone una parte de ellos ahí sin que yo marque ninguna directriz, a no ser que me cambien la canción de una manera drástica, entonces me planto…

¿Qué ha supuesto la entrada de Armando en el grupo? ¿Qué aporta a vuestra fórmula habitual?
Ha supuesto que sigo adelante como siempre. Estoy encantada con él; es muy divertido, muy currante. Se presta a todo, se aprendió todo en menos que canta un gallo y toca de maravilla. Desde el principio, cuajó con todos nosotros, probó y no lo dejé marchar. Ahora ya se está soltando y me mete caña. La fórmula sigue siendo la misma con él: guitarrazos y a pasarlo bien.

Canciones como “Just A Lie” o “News From Dark End Of The Street” abren el abanico de vuestro sonido hacia formas más atmosféricas. ¿Qué cambia en tu perspectiva al encarar la composición de canciones como estas y otras más urgentes como “Green Light”?
Los años van pasando, sigues tocando y vas aprendiendo más; matizando la forma en la que quieres sonar. La perspectiva es la misma, cada canción la visualizo como una historia sonora. No me complico con las estructuras; son clásicas. Si una canción me pide un desarrollo se lo damos, si no es que no. Fácil.

En el estribillo de “Rat Summer” cantas “I don’t believe in indie records”. ¿Con qué intención te sales con esta sentencia? ¿No resulta algo contradictoria para un grupo de vuestra naturaleza?
“Rat Summer” habla de la pérdida de la ilusión, de cuando ya no crees en lo que haces, en que no te gusta lo que ves ni escuchas, de ahí esa sentencia. Pero también habla de esa urgencia de volverla a encontrar. No es una contradicción; es un momento concreto donde nada tiene sentido y buscas salvar tu culo.

Vuestras canciones están demarcadas por una conexión muy directa con el indie rock de los noventa patentado por grupos como Pixies, Superchunk, Guided By Voices. Sin embargo, se palpa una intención muy clara de encontrar vuestra propia autonomía. ¿En qué punto de su crecimiento se encuentra Fighter Pillow?
Lo que suena es lo que hay, no es buscado. Tocamos así, nos quitamos las cosas de encima de esta manera. Sonamos a los noventa, sí. Y supongo que es debido a que todos fuimos adolescentes en los noventa, bebemos mucho de ahí en todos los aspectos. La intención es seguir descubriendo, sino vaya rollo.

Creo que una de vuestros puntos fuertes es la tremenda tensión que respiran las canciones, ese paso de la calma a la euforia torrencial. ¿De dónde sale todo ese caudal arrebatado?
Soy una romántica con mala leche, pero la reconduzco. Si no la sacara, tendría insomnio todo el año.