El músico y escritor malagueño David Little acaba de publicar “Como componer canciones” (Robinbook / Ma Non Troppo, 2017). Cuarto libro de una colección de divulgación sobre las músicas populares dirigida a músicos sin prejuicios y melómanos con inquietud creativa. Con un lenguaje sencillo en el que prefiere las palabrotas a los palabros, despeja la X en esa compleja ecuación que supone la canción como obra cumbre del músico. Antes de cocinero fue fraile y publicó en 2015 “Canciones para matar la luna”. Sus incursiones en el mundo de las bandas sonoras le valieron el Premio a Mejor Música en el Festival de Cine de Hendaia por el corto “Cretinos”. No tiene la fórmula mágica para escribir canciones de éxito pero sí estamos seguros de que su último libro te puede poner en el camino y esta entrevista sacarte él.

 

1.- Escribir canciones y escribir libros sobre cómo escribir canciones ¿qué fue primero la gallina o el huevo?

Sin duda primero fue escribir canciones. Soy uno aquellos músicos que, nada más comenzar desde pequeños, lo primero que hacen es intentar crear algo, componer alguna pieza, alguna canción. Me llevó un tiempo darme cuenta de que para avanzar como músico también tenía que fijarme en las canciones de otros, saber cómo estaban estructuradas, aprender a tocarlas.

Escribir sobre música llegó mucho tiempo después. Aunque fue una evolución natural para mí. Siempre se me dio bien escribir y me movía en un entorno familiar periodístico. Luego Supongo que escribo sobre música porque la música es una de las cosas que más me interesan en esta vida. Quizá la que más.

En este libro he podido dejar un lado todos los aspectos de la industria musical en los que me estaba especializando como escritor, para aproximarme a la música como lo que es: una de las formas más poderosas dentro de la comunicación humana. En mi faceta como escritor sobre música, es ahí hacia donde quiero profundizar. Me interesan mucho las canciones populares desde un punto de vista casi antropológico diría yo.

Y escribirlo me ha servido en primer lugar a mí. Me he obligado a documentarme, investigar y leer sobre el tema. Estaba pasando una racha de bloqueo un poco chunga a nivel musical, y escribir el libro me ha servido para aclarar ideas y levantarme de nuevo.

“Repasando el libro ahora me hubiera gustado ser aun más heterogéneo a la hora de poner ejemplos de canciones. Algo que molestase un poco más. Poner a Romeo Santos, a Los Planetas, a Imperio Argentina y a Leonard Cohen en el mismo párrafo por ejemplo”.

2.- Tu último libro va dirigido a músicos y también a melómanos. ¿Quienes lo han recibido mejor? Por las referencias que haces a canciones determinadas y artistas pienso que los segundos…

Creo que se está recibiendo de forma similar por ambos. Indudablemente el público principal son músicos autodidactas. Hay una parte más técnica que está más orientada claramente hacia ellos. Pero los melómanos en general encontrarán información interesante en capítulos más cercanos a la apreciación musical.

Sobre las referencias a grupos y artistas, he intentado poner siempre ejemplos no demasiado rebuscados. Sé que algunas personas se echarán las manos a la cabeza al leer que Queen, Muse y The Beatles estén en el mismo párrafo que Bruno Mars y Beyoncé. Pero cuando estamos hablando de composición de canciones, muchos de estos prejuicios no tienen demasiado sentido. Es música popular. Estilos y artistas que pueden a priori contrapuestos, tienen mucho más en común de lo que puede parecernos.

Aun así, también te digo, repasando el libro ahora me hubiera gustado ser aun más heterogéneo a la hora de poner ejemplos de canciones. Algo que molestase un poco más. Poner a Romeo Santos, a Los Planetas, a Imperio Argentina y a Leonard Cohen en el mismo párrafo por ejemplo.

3.- En los últimos tiempos en nuestro hay un “proceso de academización” de las artes y de las músicas populares en particular. Escuelas profesionales, publicaciones ¿qué opinas tú?

Tiene mucho sentido, porque creo que el interés está creciendo. El interés por aprender a tocar un instrumento, a componer. Las escuelas profesionales vienen a ocupar un vacío que existente en las aulas convencionales, donde la música siendo tan importante como es para las artes, está a años luz del prestigio que tiene la literatura. ¿Qué podemos esperar de un país que castiga la creatividad?

Este vacío también existe en los propios conservatorios, donde una de las quejas históricas por parte de los alumnos que huyen despavoridos es el ninguneo constante por parte del sistema y de algunos profesores hacia la música popular. A mí me llegaron a decir en clases de guitarra “acentúa las notas, hasta los grupos de mierda que tú escuchas acentúan las notas”.

Entonces hoy en día, alguien que quiere aprender música a través de la música popular, de estilos como el blues, el flamenco, el rock o el jazz, tiene a su disposición alternativas que antes no existían. Creo que es positivo. Lo que no es tan positivo es que la educación musical es carísima. Te cuesta un ojo de la cara. Es casi un privilegio que no todos pueden afrontar. Y esto tiene que ver con lo que comentaba antes, el ninguneo constante. Para muchos la música está lejos de ser vista como un oficio respetable. Y dentro de todo ello, la música popular está vista como un arte menor. También por buena parte de los propios músicos. Entonces aprender música para muchas familias es algo así como un maldito capricho a la altura de comprarse una videoconsola.

Luego está el tema autodidacta. Las publicaciones, los canales de Youtube, blogs de profesores… En el fondo lo veo muy positivo. Hay mucha información a disposición de aquel que quiera aprender. Ahora bien, hay que saber separar el grano de la paja.

4.- El libro tiene su carga de humor o ironía… ¿un elemento necesario para huir del lenguaje puramente pedagógico?

Para mí, cuando haces periodismo o divulgación, tienes que escribir para que la gente te entienda. Hay muchos que escriben para lucir su amplio vocabulario, o para que quede claro que son los tipos más cultos e inteligentes sobre la faz de la tierra. Muchos escriben divulgación como si estuviesen haciendo una continuación de “Crítica de la Razón Pura”. Si como lector de divulgación esto a mí me parece insoportable, ¿para qué escribir así como escritor?

Yo creo que lo más importante es que quede claro qué intentas transmitir. Y para eso el humor es una herramienta fundamental. No estamos demasiado acostumbrados en España al tono desenfadado cuando escribimos divulgación, como por ejemplo sí lo están en Estados Unidos, donde cualquier manual sobre marketing está escrito con un lenguaje directo, plagado de bromas, donde se utiliza constantemente la segunda persona y se habla de tú a tú al lector. Para mí es el modelo a seguir en este tipo de publicaciones.

Por eso en este libro he intentado tirar más hacia ese lado. Pero aun así tampoco he querido pisar a fondo el acelerador de la ironía. No llega al extremo americano.  Como te decía, no estamos acostumbrados tampoco en este país a leer divulgación en ese tono. Pero es el lenguaje donde me siento más cómodo. Si por mí fuera, pondría muchísimas palabrotas.

“No estamos demasiado acostumbrados en España al tono desenfadado cuando escribimos divulgación”

5.- Se me ocurren libros como el de David Byrne (Como funciona la música) o Greg Milner (El sonido y la perfección) a la hora de buscar referencias  con tu obra ¿qué te parecen? ¿qué otras referencias de este tipo citarías?

Es verdad, cada vez hay más publicaciones de este tipo. Si te fijas todos los títulos se parecen. Es lógico, porque los títulos no son para hacer poesía sino para vender libros. Pero se pierde un poco el matiz, el tono y las diferencias entre una obra y otra.

En mi caso los libros que más me han gustado en esta nueva ola de la autoayuda de la música son títulos como “Get Started In Songwriting” de Sam Inglis o el citado “Cómo funciona la música” de David Byrne. “How to write songs on guitar” de Rikki Rooksby me ha ayudado mucho, pero está más especializado, es más técnico y pide cierto nivel de armonía y teoría musical. En inglés la oferta de este tipo de publicaciones es abrumadora.

Curiosamente, otros libros muy interesantes son aquellos que hablan de la creatividad, del bloqueo creativo. Suelen estar más orientados a escritores, y no tanto a músicos, pero su contenido se puede extrapolar fácilmente. “Mientras escribo” de Stephen King es un ejemplo muy útil.

Por no hablar de aquellas publicaciones que directamente hablan de cómo escribir ficción, “Salva al Gato” de Blake Snyder, o “El Viaje del Escritor” de Christopher Vogler… Estos libros también son muy interesantes.

 

 

6.- La canción como moneda de cambio, quizá ha sufrido cierta devaluación en favor del estilo, la estética, la tendencia… ¿qué opinas?

Totalmente de acuerdo. Como músico activista contra las etiquetas musicales lo noto constantemente. Tengo conversaciones constantes con melómanos en los que al final parece que no estamos hablando de música, sino de marketing musical y estética. Por ponerte un ejemplo, cuando escucho Clutch nunca se me pasa por la cabeza que estoy escuchando un grupo de stoner rock. Hasta hace dos día no sabía qué carajo era el stoner rock. Ahora bien, resulta que es un género que me encanta, porque aunque no sabía de la existencia del término en sí, sí tengo discos de las bandas que algunos encasillan en el género. Para mí simplemente es rock… rock con riffs, con influencia blusera, con referencias a los años 70.

Te pongo este ejemplo porque creo que vestir un efecto de sonido, una filosofía de producción, el empleo de una guitarra particular, una ecualización determinada… Empaquetar todo esto con una nueva estética, y decir que es un nuevo estilo musical… En contraposición contra todo lo demás…. Pues yo me pierdo mucho ahí. Me parece un poco surrealista todo. Entiendo que se tenga que hacer para vender música, pero asimilar estas características e imponerlas como límites creativos no me parece una buena idea.

Y sí, esto también afecta a las propias canciones. Canciones que se tiran a la basura si no encajan con un estilo, con una tendencia… O canciones que se componen pensando precisamente amoldarse a la tendencia actual. Es una forma de matar la creatividad.

Si los músicos componemos pensando si una canción está acorde a las tendencias del mercado, a lo que está de moda y lo que no lo está… Mal vamos. Porque si todos hicieran eso, la música hacía tiempo que habría dejado de evolucionar. Está muy bien estar atento a las tendencias predominantes, como también lo está fijarse en las nuevas tendencias. Y por supuesto, en las viejas tendencias… que siempre vuelven y que son los cimientos desde los que evolucionan las nuevas tendencias.

Pero lo más importante es la canción. Lo decía Quincy Jones hace poco, no necesitamos hooks. Necesitamos putas buenas canciones.

“Si los músicos componemos pensando si una canción está acorde a las tendencias del mercado, a lo que está de moda y a lo que no lo está… Mal vamos”

7.- En el lenguaje del libro está intrínseca tu faceta periodística. He leído alguna entrevista tuya en la que coincido contigo en la obsolescencia de ciertos géneros periodísticos en relación con la música (la crítica y el uso de la crónica -estoy de acuerdo en que muchas veces es más interesante hablar de la temperatura de la cerveza-) ¿cómo ves este sector? ¿para cuando un tratado sobre como escribir de música?

Bueno, escribir sobre música y sobrevivir con ello es muy jodido. Qué te voy a contar que no sepas ya. Empezando desde ahí, quien lo consigue, tiene todos mis respetos… Mis reservas con algunas facetas del periodismo musical tienen más que ver con mi faceta de músico que con la de escritor. También como lector, ciertamente las crónicas de conciertos no me parecen demasiado interesantes… a no ser que se escriban con un tono especial.

Me voy a intentar explicar. Como digo en el libro, una crítica es una crítica. Una opinión subjetiva. Independientemente de que la haga la vecina del quinto o que la haga un crítico en una revista prestigiosa. Y aun así una mala crítica te puede herir si un día te levantas con el pié torcido.

Simplemente es suficiente con leer las críticas que se le han hecho a discos míticos o películas míticas a lo largo de la historia. Un mismo disco puede ser una obra de arte para una persona y ser un bodrio insoportable para otra persona. Y esto lo digo sabiendo que criticar un disco es un trabajo muy jodido. No hay tiempo material para escucharlo todo con la atención y el reposo que se merece. La crítica musical tiene montañas de discos provenientes de discográficas esperando ser reseñados.

Las opiniones… ya se sabe. No solo todo el mundo tiene una, sino que la misma persona puede  cambiar de opinión según el día y la época. Diego A. Manrique le dio muchísima caña a Calamaro en su época. Y ahora son todos alabanzas.

A veces está bien visto que un grupo mire hacia referencias del pasado, y a la semana siguiente otro artista que hace lo mismo se considera puro revival y recibe mala prensa por no aportar nada nuevo.

Supongo que esa es mi principal objeción. Que tan pronto está de moda hablar bien de un artista o un movimiento haga lo que haga, como al día siguiente está de moda atacarlo. El otro día escuchaba una buena crítica al último disco de Zahara en la que se afirmaba que es ahora cuando es una artista interesante. Joder, yo creo que lleva siendo interesante desde que se autoprodujo su primer disco. En definitiva… son opiniones y todo el mundo tiene una.

Aun así… sobrevivir escribiendo sobre música lo veo más complicado que sobrevivir siendo músico. No solo hay opiniones personales para todos los gustos. Están las tendencias que no podemos obviar, pero que tampoco deben contaminar nuestro criterio. Existen cientos de diferentes líneas editoriales a las que el periodista ha de amoldarse. Son un montón de factores.

Y escribir sobre cómo escribir sobre música, lo veo más complicado aun. No sé si existen voces autorizadas para hacer una especie de manual de estilo de referencia. Eso sí, estaría interesante un debate interno entre los profesionales del sector. Y ahí no habría que hablar solamente la forma de escribir, sino de muchísimas cosas más.