SEX MUSEUM LLEVAN AÑOS BREGANDO Y CRECIENDO COMO GRUPO. SI GANARAN LA LOTERÍA O LA QUINIELA NO DUDARÍAN EN INVERTIR EN EQUIPO O COMPRAR UNA FURGONETA MÁS GRANDE PARA GIRAR. LO SUYO ES UNA ACTITUD VITAL QUE SE REFLEJA EN LA GRANDEZA DE “SPEEDKINGS” (LOCOMOTIVE, 01), UN MANUAL DE VELOCIDAD Y ADRENALINA EN EL QUE NO FALTA LA CONSABIDA VERSIÓN DE DEEP PURPLE. UN GUIÑO REALIZADO A POSTERIORI Y QUE MUESTRA CON TODA INTENSIDAD SU ROCK CRUDO Y VISCERAL.

Desde los remotos tiempos en que registraran aquel disco de aires garageros compartido con los Macana hasta ahora, Sex Museum se han convertido en una referencia a la hora de hablar de rock en nuestro país. Sobre todo porque el tándem formado en torno a los hermanos Pardo derrocha actitud, elemento del que adolecen muchas formaciones patrias empeñadas en copar las listas de ventas o en erigirse como efímeras estrellas de un día. La andadura de Sex Museum ha sido intensa, algo que avalan las giras de carretera y manta que les han llevado por los circuitos underground de media Europa. “Cuando tocamos en Austria una de las primeras veces que salimos fuera, en el 87 o en el 88, había un grupo de unos doce o quince skinheads entre el público. Antes de que tocáramos empezaron a gritar ´¡Franco, Franco, Franco!´. Nos vieron con pintas un poco mod y esa debía ser la imagen que tenían de nuestro país”, comenta Fernando, guitarrista y líder de la banda. Los inicios de Sex Museum fueron una pista de pruebas en las que no faltaba la disciplina metódica. “Nosotros aprendimos a tocar haciendo versiones de los Yardbirds, Music Machine, Allman Brothers, Spirit, Motorhead, Humble Pie, Alice Cooper…

“En el mundo en el que estamos metidos todo coge una velocidad y es difícil librarte de ella”

Al principio nos hacía falta por aprendizaje. Veíamos de dónde veníamos, nos costaba llegar a ciertas cosas y lo mejor era hacer versiones. Te acercabas a lo que te gustaba y mejorabas como músico”. El hecho de crear un club de fans con semejante nombre les llevó a situaciones divertidas. “Al principio cuando teníamos el Sex Fan Club nos llamaba mucha gente interesada en tener contactos de tipo sexual”, explica Marta, la teclista del combo. El trasiego de músicos en la formación, tanto en la persona de los bajistas – caso de McCartney (ex Freedom) o Germán (ex Vírgenes Adolescentes)- o en la de los baterías -léase El Niño o Kiki Tornado-, ha sido fundamental a la hora de forjar el sonido de la banda. Así lo demuestra el último fichaje de Loza, batería de Sobrinus y Yogourth Daze. “A Loza le conocí cuando produje ´Zapping´ de Sobrinus. Le ha costado mucho adaptarse porque venía de una música más compleja con muchos cambios rítmicos. Ha tenido que volver a las raíces y coger mucha forma física. Ha sido como ir al gimnasio o meterse en los marines, un poco de formación física y otro poco de formación mental. Kiki –el batería precedente- está con Strawberry Hardcore hardcorizándose y volviéndose más duro y a Loza le hemos pervertido un poco, le hemos rockerizado a lo bestia. Como tiene mucho de Bill Bruford (Yes, King Crimsom) o de Tim Alexander (Primus) le hemos obligado a oír mucho rock antiguo, baterías de los cincuenta y de los sesenta, gente muy clásica. Por el rollo en el que estaba metido iba a ser difícil que escuchara a Bernard Purdie o a Idris Muhammad y otros baterías esenciales para nosotros”. Pero hablemos de la última zancada de la banda, “Speedkings”, un trabajo en el que ha prevalecido la inmediatez que imprime Sex Museum en sus arrasadores directos. “Después de ´Sum´ paramos dos años y decidimos empezar otra vez y forzar la máquina hacia un sonido nuevo. No queríamos seguir la inercia con la herencia del ´Sum´. Hubo una época en la que sonábamos más industriales. En ´Sonic´ –su anterior entrega- hicimos muchos experimentos cambiando las estructuras y metiendo otro tipo de bases. Ahora con ´Speedkings´ todos estos cambios encajan de forma más natural. Hay secuenciadores pero todo está abordado de una forma mucho más orgánica”. Grabado en los estudios Kirios, “Speedkings” se ha gestado en directo, algo que delata la frescura del sonido. “En el mundo en el que estamos metidos todo coge una velocidad y es difícil librarte de ella. Llevábamos todo muy currado y grabamos muy rápido la parte instrumental. Hubo un lapsus de un mes en el que paramos debido a problemas técnicos y porque no podíamos cambiar de sala” –explica Fernando-. “Queríamos algo que nos reflejara en este momento”. Marta muestra su satisfacción. “Es el disco en el que más a gusto nos hemos quedado. Siempre decíamos que cuando tuviéramos un mes de estudio haríamos alguna canción en directo. En cuatro días nos dio tiempo a grabar varias improvisaciones: ´Fumando marihuana´ y ´Psychofreak Musaic´”.