Brett Anderson también vio el horror. Su paseo por los infiernos le dejó hecho cenizas y se juró no volver a adorar las flores que se escondían en los cubos de basura. Ahora, espera volver a ver la luz a partir del irregular minutaje de su nuevo largo “A New Morning” (Sony, 02).

O caminas o revientas. La tontuna que ha invadido el mainstream desde el 11-S proclama que reces mucho y pongas bombas en el tercer mundo y, al tiempo, que vuelvas a valorar la grandeza de vivir. A nivel personal, el líder de Suede también vio su ciudad en ruinas y con “A New Morning” reconstruye su vida y su música desde una perspectiva acomodaticia y adulta. El sonido nocturno se ha vuelto matinal y los condones usados ya no se alternan con polvo blanco, sino con corn flakes. Estamos en un hotel de cinco estrellas y me rodean los cinco Suede actuales, tan poco dados ahora a dar declaraciones de relumbrón como a retomar los estribillos infecciosos y el glamour de metal. De hecho, pienso que se aburren. ¿Ha cambiado el espíritu Suede? “Sí”, replica el vocalista a millas de distancia de la grabadora. Mat Osman, bajo, apunta que “la mayoría de las nuevas canciones precisaban un tono más íntimo. Nuestro principio, además, ha sido el de no repetir ciertas cosas”.

“Yo no puedo pensar en hacer música que no tenga nada que ver con mi vida personal”

Muy londinenses, serios, lacónicos, un tanto a la defensiva, metódicos a la hora de disimular que estuvieron (probablemente muchas veces) al filo de la navaja. ¿Nunca habéis tenido la sensación de que vuestra creatividad se agotaba? (Anderson) “Sí, con ´Head Music´ -99-, líricamente había demasiada repetición, demasiada pereza, así que he decidido no echar la vista atrás y escribir apropiadamente, pero la banda creo que ha mantenido un gran nivel en estos diez años”. (Osman) “Es extraño, porque en todo lo que hacíamos hemos intentado evolucionar, pero preservando el espíritu que siempre habíamos tenido. Lo que nos apetecía ahora es que a la gente le costara trabajo reconocernos pero al final dijera ´¡oh, si es Suede!´”. Está claro que el grupo no guarda buenos recuerdos de “Head Music”. Según ha reconocido Anderson, el disco fue fruto de una época infernal, marcada por la traumática adicción del cantante al crack y que no era más que la degradación de un proceso más largo. Algo que, en todo caso, parecía difícil de inferir en sus discos, como si en sus canciones quisieran establecer una distancia con respecto a su drama vital. Brett lo niega sorprendido: “No entiendo tu comentario. Yo no puedo pensar en hacer música que no tenga nada que ver con mi vida personal”. Osman matiza: “No son discos de significados directos, pero yo creo que todo lo puedes percibir en términos de emociones y estados de ánimo”. No obstante, el vocalista reconoce que sus traslaciones musicales son ahora menos etéreas: “Me he abocado a la lectura como sustitutivo de la droga y creo que me ha inspirado. Éste es el primer disco en el que me he sentido preparado para escribir. Hasta ahora había evitado la literatura antes de ponerme a componer porque no quería parecer un estudiante de clase media, sino buscar mi propio lenguaje”. Curioso que sus referencias con calzador a Camus y Easton Ellis le hagan parecer ahora… (ejem)… un estudiante de clase media. Y visto lo visto, hasta se le intuye cierta propensión a renegar de sus discos anteriores. No es así, pero casi: “Muchos de nuestros fans piensan que ´Dog Man Star´ es el mejor, pero yo ahora pienso que no tenía la producción más adecuada, ´Coming Up´ (96) es un disco valiente, pero tampoco me convence del todo su producción, ´Head Music´ está demasiado inundado de cosas, y el álbum de debut -´Suede´ (93)– está bastante bien”. Ojo a lo que ha dicho, porque precisamente los diferentes conceptos sobre cómo debía ser el acabado de “Dog Man Star” fue lo que provocó la marcha del guitarrista Bernard Butler que, en recientes declaraciones a un diario británico, mostraba su arrepentimiento y su voluntad de volver a la banda. Simon Gilbert, batería, lo pone en duda: “Seguro que ha sido algo malinterpretado”. La banda discute un rato mientras Brett guarda un elocuente silencio. “Es un poco ridículo y no suena a cierto”, afirma Osman. “Es bastante fuerte que pueda haber dicho eso ahora de repente, pero al menos es agradable que declare sentirse orgulloso del trabajo que hizo con nosotros”. En fin, que tras diez años de trayectoria, ¿sigue manteniendo Suede la misma relevancia? Alex Lee, el nuevo fichaje del grupo, tiene la última palabra: “En el Reino Unido las escenas cambian demasiado rápido, nunca podremos calcular qué posición vamos a tener en la foto. Quizás te lo podamos decir en seis meses”. Y nosotros, antes, comprobarlo en sus conciertos: próxima estación, última esperanza.