Los gitanos americanos de Gogol Bordello acaban de firmar su mejor trabajo, “Super Taranta!” (Side One Dummy/Discmedi), una apisonadora de folclore centroeuropeo aderezado con todo lo que te imagines. Invitación al baile y al desenfreno que junta a The Clash o Mano Negra con Sasha Kolpakov y la Jewish Ukrainishe Freundschaft.

La conversación de Eugene Hutz, frontman e ideólogo de Gogol Bordello, es densa, incisiva y se dispersa en mil direcciones sin dejar ninguna sin cerrar, exactamente como su música. Es un músico dotado de esa (cada vez más difícil de encontrar) sabiduría popular de quien ha comprobado de primera mano que el mundo y sus pobladores no se limitan a esa pobre visión que tratan de vendernos los medios, y sabedor de que la vida puede ser lo que tú quieras y de que la música, el arte y la cultura trascienden etiquetas, barreras e imposiciones superfluas.

“En directo, mi instinto me empuja al caos absoluto y a la locura”

Comenzamos hablando del futuro –si lo tiene- de la música folklórica gitana como estilo musical de consumo masivo, algo que parecía factible después de la popularización del estilo a raíz de las películas de Emir Kusturica. “Mantengo una relación de amor/odio con Kusturica, porque su introducción de la cultura gitana en occidente se limita a los aspectos kitsch y estereotipados de la misma”. Ya, pero supongo que es como con la bossa nova en los cincuenta, el reggae en los setenta o el punk en los noventa, el gran público sólo puede acceder al sucedáneo adulterado de una forma artística, y luego, la gente inquieta investigará the real thing. “Seguro, pero como artista yo tengo la opción de guiar a la gente hacía lo auténtico o alimentarla con el producto adulterado, y desde luego sé qué opción elegir. Supongo que es una cuestión de tener auténtica sangre rumana”. No obstante, auténtica o no, la música de Gogol Bordello rezuma una mezcolanza de estilos que da vértigo: hip-hop, flamenco, reggae, folk, rockabilly, country, electro… Me pregunto cómo nutre su cultura musical un tipo como Hutz que lo mismo diserta sobre crust-punk que se involucra en un proyecto de reggaetón balcánico, ¿utilizará la red? “Nunca uso Internet para obtener o descubrir música, es algo que investigo por mí mismo. Normalmente, amigos de todas partes del mundo enriquecen mi conocimiento musical. Casi cada noche, estando en Siberia o en Marruecos, hay alguien que se acerca a mí con un CD y me descubre algo nuevo”. Parece que no existe ningún estilo musical que Gogol Bordello no esté dispuesto a fagocitar. “Jamás pienso en términos de ‘estilos musicales’, sólo pienso en música, y utilizo elementos de cualquier estilo. Es como lo de ‘gipsy–punk’: no es un estilo de música, es tan sólo una etiqueta para ayudar a los críticos, que siempre necesitan catalogar las cosas, antes de que se inventen ellos cualquier gilipollez. Es algo que trasciende a un estilo de música, se refiere más a una actitud con la que enfrentarse al hecho artístico”. Lo que contrasta con el sentimiento que se respira en una obra como “Super Taranta!”, donde a pesar de la infinidad de ingredientes, el resultado final exhibe una coherencia y una compacidad que sí nos tientan a pensar en un estilo de música perfectamente definido. “Seguramente no hace falta que te diga que pretender realizar un gran disco conlleva una cantidad impresionante de tiempo y trabajo, no hay un plan establecido; simplemente, como artista, buscas instintivamente la perfección y ello te lleva a encerrarte en la elaboración de ese disco, con lo que el resultado final no puede ser disperso, por muchos elementos que añadas. Por otro lado, existe una dicotomía en mí respecto a mi trabajo, pues del mismo modo que mi instinto me empuja a buscar el más fantástico y elaborado disco de todos los tiempos; en directo, mi instinto me empuja al caos absoluto y la locura. Supongo que ambas cosas se complementan…”. Y partiendo de esas premisas, ¿hacia dónde apunta el futuro de Gogol Bordello? “Cuando empezamos, éramos vistos como una banda arty y tocábamos en exposiciones y cosas así; después, se nos metió en el rollo de la World Music y era en esos festivales donde actuábamos. Luego se impuso el término ‘gipsy-punk’, y actuábamos junto a bandas de la escena punk. En la actualidad estamos obteniendo un reconocimiento que está haciendo a Gogol Bordello demasiado grande para el underground”. La línea se corta justo en el momento en que Eugene Hutz discurre acerca de cómo la llegada del nuevo siglo ha matado parte de las redes underground de solidaridad entre artistas que habían sobrevivido desde los años ochenta. En el tintero quedan muchas preguntas, mucho que hablar, sobre su carrera cinematográfica, sobre sus proyectos paralelos y mil cosas más, pero parece que en su oficina de management no están por la labor de restablecer la comunicación. Y uno se queda como después de escuchar “Super Taranta!”: saciado pero con ganas de más.