La banda de Dave Grohl parece dispuesta a celebrar su décimo aniversario a lo grande. Tres años después de “One By One”, editan “In Your Honor” (BMG, 05), un doble compacto con diez canciones de rock aguerrido y diez acústicas de ensoñadora languidez. Para descubrir si realmente lo entienden como su “Physical Graffiti” particular nos citamos con ellos en Dinamarca.

Es un caso curioso el de Foo Fighters. Pocos parecen estar de acuerdo a la hora de elegir la obra magna de los de Seattle. Los más nostálgicos e irreductibles del legado de Nirvana acuden al recuerdo del estreno, imborrable sin duda, de “Foo Fighters” (BMG, 95), con sus “This Is a Call”, “I´ll Stick Around“ o ”For All the Cows”. Los más rockeros se refugian en la regularidad de ese momento cumbre del post-grunge que es “The Color And The Shape” (BMG, 97), que les sirvió para deshacerse de la incómoda etiqueta de posibles one hit wonders y empezar a construir la base de un reinado, que continuaron cristalizando con “There’s Nothing Left To Lose” (BMG, 99), favorito de todos aquellos aficionados a las canciones melódicas de pop con guitarras, género –si podemos considerarlo como tal- que sublimaron con temas como “Generator”, “Next Year” o, claro, “Learn To Fly”, su single más vendido y redondo hasta la fecha. Tres años después –tras el directo “Brain Damage” (BMG, 01)- editaron “One By One”, una nueva piedra angular en el sonido de la banda, que ensuciaron y endurecieron, sin perder la alta inspiración melódica que contenían cortes como “All My Life”, “Low” o la controvertida “Times Like These”, que Bush jr. utilizó en su última campaña presidencial ante la desesperación de Grohl.

“Nada me hacía pensar cuando empecé que diez años después iba a seguir aquí”

Ahora, un nuevo argumento de discusión está a punto de aparecer en el mercado: “In Your Honor”, dos discos independientes que representan las dos caras de la moneda de los de Seattle. Su lado más agresivo está representado en el primero, especialmente expresivo en temas como “No Way Back”, “Best Of You”, “The Last Song” o la propia “In Your Honor”. El lado acústico, intimista, austero se circunscribe al minutaje del segundo compacto, que nació como idea para banda sonora y ha acabado como dulce postre del nuevo menú foofightero. Lo bordan en temas como “Miracle” (con John Paul Jones de Led Zeppelin al piano), la popera “Cold Day In The Sun” –aportación del batería Taylor Hawkins- y la bossa nova “Virginia Moon”, en la que por su insistencia de querer acompañarse de la cándida voz de Norah Jones, han desatado una polémica con sus fans más talibanes, “que no deberían juzgar hasta haber oído la canción. Es una pieza con ambientes jazzísticos, y la voz de Norah le otorga un aire mágico”. Según el bajista Nate Mendel, “In Your Honor” no es un doble corriente, sino “dos discos autónomos, para escuchar en situaciones diferentes. El primero para ir de fiesta, para levantar la moral. El segundo es para escucharlo tranquilo, solo o bien acompañado, en la oscuridad, tarde, o como banda sonora para un largo viaje de carretera. Resumiendo, el primero es para cuando estás borracho; el segundo para cuando estás colocado”.

“Si haces de la música parte de tu vida, y no la manera de ganártela, puedes seguir para siempre”

Pero después de las grandes expectativas que ellos mismos se están encargando de alimentar, nos debemos preguntar, ¿alcanzan realmente los de Seattle la cúspide de su obra? ¿Se trata realmente del cúlmen, de su “Physical Graffitti”, como afirma Grohl? ¿Su trabajo más completo? ¿La auténtica perfección de su sonido? (Taylor Hawkins, batería) “Estamos convencidos de ello. Es la destilación definitiva del sonido del grupo, en sus extremos. Las canciones rockeras son las más duras que nunca hemos compuesto o grabado. Y las acústicas componen nuestra visión más tranquila, relajada y abstrayente. La mención a ´Physical Graffitti´ de Zeppelin no trata de comparar, sino de acudir al cenit de la obra de un artista. Si alguien pregunta ahora qué disco representa mejor a Zeppelin, la mayoría estará de acuerdo en recomendar ´Physical Graffitti´, así como ‘A Night At The Opera’ en el caso de Queen, ´Fragile´ en el de Yes o ´Zenyatta Mondatta´ en el de The Police. Si dentro de veinticinco años preguntan lo mismo sobre Foo Fighters, la idea es responder: ´Sin duda, empieza por ´In Your Honor´”. Algo ambiciosa la afirmación, si tenemos en cuenta que tanto en uno como en otro disco nos encontramos con el inevitable porcentaje de incontinencia compositiva, que probablemente tenga más que ver con el exceso de confianza y autoestima del amigo Grohl que con la calidad justificadora del minutaje total. Pero también reconocemos una, ejem, madurez compositiva, que queda asimismo atestiguada en las letras que se esconden bajo el tupido bosque de sonidos que las visten. Como si de una moneda se tratara, Grohl divide también la temática de cada disco, que se desdobla en un complejo entramado de pensamientos metafísicos en el disco rockero, con una relevante obsesión acerca de la muerte y sus efectos tangenciales. Prácticamente todos los temas hacen mención de forma explícita al asunto, con una dedicatoria implícita en “Resolve”. En el disco acústico, sin embargo, Grohl cambia de tercio y se deshace de los tapujos en forma de disquisiciones para desnudarse y exponer sentimientos más íntimos, en ocasiones en forma de divertidos guiños, como en el caso de “Friend Of A Friend”. Nos lo explica él mismo. “La mayor parte de las letras vienen directamente inspiradas por la parte instrumental. Las compuse a posteriori y me dejaba guiar por lo que me inspiraba la música. Eso las hace quizás algo oscuras, pero no se corresponden a ningún estado depresivo ni nada parecido. Debe ser el lado lóbrego, meditativo, temeroso que tenemos todos, ya esté escondido o al descubierto, y que acaba surgiendo de forma natural. Supongo que forma parte del proceso de madurar”. Un proceso que le ha llevado diez años de camino hacia la madurez personal y profesional y que le retratan como superviviente de los años más tumultuosos de las últimas dos décadas. “Nada me hacía pensar cuando empecé que diez años después iba a seguir aquí. La evolución ha sido de forma natural, creciendo musicalmente día a día. Hay momentos en que te sientes como un chaval que está empezando, y hay otros en los que eres consciente de ser el artista más viejo del festival de turno. Pero no deja de ser excitante. Si haces de la música parte de tu vida, y no la manera de ganártela, puedes seguir con ello para siempre. Neil Young es un buen ejemplo a seguir”. Quizás sea ésa la mentalidad que ha permitido a Grohl evolucionar de actor secundario a principal absoluto; batería de la banda de moda del grunge, sombra inevitable de Cobain, que ha tomado justa venganza de su postergación, revelándose como compositor a la altura de su mentor. El Rosencrantz del rock, el teniente Ripley de la nave del grunge, aquel con el que nadie contaba y que ha acabado sobreviviendo a muertes y modas. Fallecidos Cobain y Staley, reconvertidos en subproductos de nicho Lanegan y Mark Arm y abandonados a la suerte de la mediocridad Cornell y Vedder, Grohl es el gran superviviente de los primeros noventa, sabiendo reconvertir su sonido e imagen y aparecer doce años después de la muerte del movimiento que le vio nacer como el líder indiscutible de una de las mejores bandas de rock de la actualidad, de esas que encabezan festivales y todavía venden millones de copias de sus nuevos discos.