La cara y la cruz de Ramón Rodríguez y de la popularidad se enfrentan en un pulso en “Libre asociación”, la obra más compleja y brillante de su autor y el lienzo en el que permanecerán encerrados para siempre los demonios de su éxito.

Ramón Rodríguez lleva años exponiéndose en cada una de sus letras, enfrentándose a sus sentimientos en voz alta y haciendo pública su fragilidad y sus contradicciones. Lo he escrito ya antes en diversas ocasiones, así que eso no es una novedad cuando me refiero a The New Raemon. Aquí lo novedoso está en lo mucho que supone “Libre asociación”, el nuevo larga duración de un artista en estado de gracia. Por un lado vendría a ser un paso adelante mirando hacia atrás con cierta ira, poniendo en la balanza lo bueno y lo malo que se ha hecho para llegar hasta dónde se está (“exprimo este talento hasta desangrar a mi comunidad, me llevo por delante al personal que aún está por llegar”). Por otro, es la evidencia hecha canción del conflicto moral y personal que puede suponer el éxito (“estar en lo más alto no va conmigo”), la inquietud frente lo que deparará la vida y la carrera (“soy un hombre asustado, voy dando traspiés”). Aunque a primera vista dé la impresión de que “Libre asociación” sea, tanto en lo lírico como en lo musical, un disco mucho más meditado que “A propósito de Garfunkel” o “La dimensión desconocida”, la realidad es que no ha sido así. “La diferencia es que esos discos iban dirigidos a personas concretas y hablaban de situaciones muy reconocibles. En este nuevo trabajo hablo conmigo mismo sobre cosas como la culpa o la sobredosis de uno mismo”. No importa que todo se exponga desde la sinceridad habitual de temas pretéritos, porque aquí ha sido el subconsciente el que ha ganado la partida, con la mano revelando automáticamente esos secretos que al cerebro le gustaría esconder. “Curiosamente he escrito improvisando y utilizando la escritura automática, eso ha provocado un tono más opresivo y complejo. El subconsciente ha sido el motor del disco. Tomé la decisión de enfocar el resultado final más como una entidad. Me explico, la voz no tiene tanto protagonismo, aquí es algo así como un elemento que debía estar perfectamente integrado al resto de sonidos que cuentan las historias en cada canción en lugar de destacar. No sucede lo mismo con el primer disco, en el que la voz era el hilo conductor, esta vez mi intención era plasmar algo totalmente opuesto a esa dirección”.
Resulta sencillo entender que “Libre asociación” supone un viaje alucinante al centro de la mente de un artista, pero no un creador al borde del abismo, sino uno que medita sobre el punto de no retorno en el que se encuentra (“la idea de seguir, pues vamos a morir”), sobre las luces y las sombras de la percepción en torno a uno mismo (“me gustaría verte fracasar, reiría al verte llorar”) y como influye eso en su círculo más íntimo. “Nunca he llevado bien lo de tener que estar expuesto, ya sé, una contradicción… Al ser así (contradictorio) se me plantean demasiadas dudas respecto a recibir esa clase de atención. Por otra parte hacer lo que sé hacer me apasiona, pero llegado a este punto en el que me encuentro, esta habilidad me ocupa más tiempo del que me gustaría y hace que las personas de mi circulo más personal lleguen a echarme demasiado de menos con mucha frecuencia”.

De ese modo, las decepciones amorosas, el despecho y los remordimientos en las relaciones personales (“hizo lo que supo y no lo que es debido, no le gusta perdonar… hice lo que hice estando malherido”) se sitúan como temas en un segundo plano, dando paso a algo más complicado de entender para aquellos que no hemos estado en la piel de un artista tímido de cierta repercusión. Usar la tercera persona no suele servir para huir de uno mismo, ni siquiera para verlo con la distancia suficiente. Es solamente una forma de presentarlo a los demás, de acercarse al fuego evitando caer en las brasas (“…canción, la de un hombre de paja que ahuyentará nuestra argumentación”, canta Rodríguez en “Lo bello y lo bestia”). “Vas bien encaminado con lo de la timidez, pero en algunas situaciones que nada tienen que ver con la música me sorprendo siendo más seguro de mí mismo. Si estoy tranquilo pierdo toda la timidez y el sentido del ridículo”.
Aunque no se vayan a preocupar, no se trata de un ejercicio de autoflagelación sino de la necesidad de analizarse a uno mismo, tomar aire y tirar adelante consciente de lo que uno es, del lugar al que ha llegado. En algunos momentos da la impresión de que, arropado por la tensión de las guitarras y la oscuridad de algunas voces y arreglos, Rodríguez se convierte a si mismo en un muñequito vuduísta al que atraviesa con puntiagudas y brillantes agujas. Y el resultado no son dolores intensos y lágrimas, sino algo más cercano a la sanación mediante acupuntura. Las penas duelen menos cuando se comparten, la rabia pierde potencia cuando se expulsa. “Las penas duelen de verdad cuando no tienes forma de expulsarlas de tu interior. Una sola canción sería el equivalente a diez sesiones de terapia. Así que en el fondo me ahorro un buen dinero con cada disco que escribo (risas). Ha llegado un punto en el que ya no interpreto esas historias en directo como si me hubieran sucedido a mí. Es lo que ocurre cuando las llegas a tocar tantas veces, al final se transforman en historias universales y puedes ser capaz de preocuparte solo de ofrecer la mejor interpretación posible sin tener que poner el dedo en la llaga. No olvidemos que algunas canciones en directo terminan perteneciendo a las personas que están allí cantando contigo”.

Ahora bien, no todas las novedades que aporta “Libre asociación” tienen que ver con lo que Rodríguez canta. En lo musical también hay mucho que cortar. Nunca antes The New Raemon había sonado tan rico, tan variado y tan arisco como ahora. Sirvan como ejemplo “Verdugo”, “La vida regalada” o “Aspirantes”. Por lo menos desde que los recientemente disueltos Madee echaron el freno. Aunque lo que en sus inicios sonaba más a dramatización contemplada en el guión, a orgasmo medio fingido, ahora parece cada día más real, más espontáneo. “Desde ‘Orion’s Belt’ hasta ahora ha sido así. Mis discos más impersonales son los dos primeros de Madee, todavía no tenía muy claro cómo podía escribir canciones y eso es un problema gordo si tienes intención explicar algo en ellas. ‘A próposito de Garfunkel’ quizás sea mi disco más sincero con los demás, ‘Libre asociación’ es el más sincero conmigo”. Pero llegar a una cima, cualquiera que esta sea, hace falta escalarla desde la base. “Con Madee aprendí a escribir canciones, a tocar en directo, a aprender como se hacen los discos… Estoy muy agradecido de haber vivido eso junto a ellos. De llevar veinte años con Pep Masiques y Lluís Cots (que iba conmigo al colegio). Y especialmente orguloso de los dos últimos discos que hicimos juntos. Los dos primeros eran necesarios para llegar allí, pero son irregulares –y repito, necesarios – y todavía no habíamos encontrado nuestra propia voz. Estos días, ensayando y tocando con todos ellos me he llegado a sentir muy bien, y tal vez esto de la separación no sea más que una parada técnica, Lluís está en un momento de su vida en el que no puede asumir más responsabilidades y no tiene tiempo para comprometerse a componer material nuevo debido a su frenético ritmo de trabajo. Así que le esperaremos hasta entonces, es lo que hacen los amigos”.

Ramón Rodríguez no sería quién es -como no lo seríamos ninguno de nosotros- sin los amigos. Muchos han aparecido ya citados en sus canciones, otros resultan ya indispensables para entender su trayectoria. Ricky Falkner, Santi García, Jordi B-Core e incluso el ahora desterrado (sin rencores) Martín Romero. “Una persona muy importante en todo este asunto es Santi Garcia. Me ha enseñado casi todo sobre cómo puedo sacar lo mejor de mi mismo y a saber prescindir de partes musicales innecesarias. Falkner fue quién supo provocarme para que me atreviera a cantar en castellano. Le estaré agradecido siempre… Me abrió una puerta que sigue abriendo otras. También he podido tenerlo cerca, ver cómo trabaja, tocar y componer con él… Muy afortunado de poder trabajar con dos productores que entienden y amplifican tu lenguaje musical. Encima son dos de los mejores amigos que tengo, gente de mucha confianza. Con Jordi B-Core llevo diez años y solo puedo decir cosas buenas. Me ha tratado siempre con cariño y siempre estaré en deuda con él. Martín Romero fue una de las claves del éxito de The New Raemon y es sin duda unos de los mejores ilustradores de aquí y de más allá. Está ultimando una novela gráfica, pinta muy bien. Hay mucha más personas detrás de The New Raemon: Tule, que es mi mánager y un buen amigo, la banda (que es una familia numerosa) y Anna Romeu haciendo toda la promoción. Tengo personas brillantes a mi alrededor, y para mí eso es lo mejor de todo esto”. Pero ahí no acaba todo. Rodríguez no deja de ampliar su círculo de amistades musicales. En breve publicará material junto a Francisco Nixon, adora trabajar con Maga y con Manos de Topo, quienes también ocuparon un puesto importante en la compilación “Epés reunidos”. “A todos los he conocido de forma casual, o bien porque ellos eran fans o viceversa. Lluís Gavaldà es muy buen tío, entrañable y divertido y con mucho talento para escribir grandes canciones. Fran Nixon lo mismo, entrañable y además es una de las personas más cultivadas que conozco (charlar con él es una maravilla) y escribe que te mueres. Miguel Rivera es casi como mi hermano, Sevillano como mi madre y mis abuelos… siempre se le echa de menos. Manos de topo son los tíos más divertidos del mundo y escriben unas canciones cojonudas”. De hecho, algunos miembros de Manos de Topo también han dirigido clips suyos como los de “La cafetera” o “Verdugo”. Rodríguez, agradecido, acaba de producirles diversos temas que apuntan cambios importantes en la línea de los firmantes de “Ortopedias bonitas” y “El primero era mejor”. Nos lo descubrirán en breve en un split con los barceloneses Tarántula. Ahora falta saber cómo empezó todo. “Fue algo natural. Ellos se encontraban en un momento extraño. Habían escrito un segundo disco -que según mi humilde opinión tiene mejores canciones que el primero-, pero no fueron capaces de sacar el sonido que tenían en mente en el estudio. Hablando con ellos de eso, de que a mí sí me había parecido un gran disco pero que era una pena que sonara tan plano, se me ocurrió proponerles la producción de su tercer disco. A ellos les encantó la idea y fue una nueva motivación para la banda. El pasado mes de enero ya grabamos dos canciones juntos (en realidad la tercera si contamos su versión de mi canción “Sucedáneos”) y estamos muy contentos con el resultado. Tengo muchísimas ganas de que llegue el mes de julio y pasar dos semanas en la Costa Brava produciendo el nuevo disco de Manos de Topo y comiendo tapas en El Corsari”.