¿Qué tiene una banda que pone de acuerdo a Morrissey y Boy George, que comparte management con Coldplay e Interpol y sin embargo aún no cuenta con sello en su propio país, que toca en tiendas de discos de Manhattan y firma sold outs en Inglaterra con un disco aún por caer? En esencia canciones como soles. Doce concretamente. Las que componen su disco de debut: “The Drums”.

En un rincón del website de The Drums aparece la siguiente cita. “Sólo escribimos sobre dos sensaciones: una es la del primer día de verano, cuando tú y todos tus amigos estáis al borde de un acantilado mirando la puesta de sol y superando de una vez sueños y esperanzas. La otra es cuando caminas bajo la lluvia y te das cuenta de que vas a estar solo para siempre”. Jonathan Pierce tiene tan sólo veintiséis años pero al otro lado de la línea aparenta ser mayor. Habla pausado, con voz grave, de las experiencias de su corta pero intensa vida. Como su relación con Jacob Graham, bajista de The Drums y amigo de la infancia. “Jacob es un chico misterioso. Todo lo que hace, todos sus intereses son poco convencionales. Desde niños intercambiamos música y fotografías que nos emocionan, y de hecho ahí está el origen de The Drums: un día yo le envié una imagen muy poderosa de un niño que sostenía una antorcha olímpica. Tras años de hablar sobre ello, esa imagen constituía la firma de lo que los dos queríamos hacer: escribir canciones pop y formar una banda. Así que un día decidí abandonar Williamsburg y marcharme a Florida, donde Jacob estaba viviendo. Pensé que salir de Nueva York era la mejor forma de crear algo fresco y excitante. Y ahí estábamos los dos, en un pequeño apartamento, sin amigos, coche ni dinero. Sólo una guitarra, un micro, un pequeño teclado y algo de equipo para grabar. Un tiempo después volvimos a Williamsburg y Adam y Connor se unieron a The Drums, pero la base de lo que somos, el Ep ‘Summertime’ y este primer disco, sigue siendo ese equipo doméstico y el espíritu de aquellos días”. Su primera canción y también el tema elegido para abrir su homónimo debut, “Best Friend”, incidía en la extraña relación de la pareja. “Eras mi mejor amigo pero te has muerto/Todos los días espero por ti”. “Es una de las pocas canciones que no he escrito solo, Jacob me ayudó. Nos dio por pensar en las reminiscencias infantiles de nuestra relación y decidimos fantasear con su muerte, escribir una canción definitivamente extraña, de apariencia feliz pero con un trasfondo casi siniestro”. Lo que a la postre se ha terminado por convertir en uno de los sellos de identidad de este disco: doce temas de pop radiante, saltarín por momentos, henchidas de rabia y frustración adolescente. “Pienso en bandas que me han gustado toda la vida como The Field Mice, The Smiths o The Wake y nueve veces de cada diez escribían letras muy tristes, aunque la melodía no necesariamente lo era. De todas formas es sorprendente cómo la música afecta de forma distinta a la gente. Hay una banda californiana de los noventa que me encanta, Joy Electric -publican en el sello cristiano de synth pop Tooth & Nail- y hace la música más triste que he escuchado nunca, sin embargo todo el mundo me decía que sonaban a bubblegum. Para mí las canciones vienen de dentro y tienen un contenido mucho más profundo de lo que aparentan. Por ejemplo ‘Book Of Stories’, que trata sobre ser joven y sentirte rechazado, sobre crecer en un pueblo con la eterna esperanza de que al hacerte mayor las cosas vas a verlas claras al fin. Pero terminas haciéndote adulto y te das cuenta de que estás aún más confundido y tienes más problemas que antes”.

Hay en la metodología de The Drums -al igual que en su música, con referencias obvias al pop de los cincuenta y la nueva ola británica- una nostalgia poco o nada disimulada. Por ejemplo, a la hora de elegir cómo presentar sus canciones. “Publicar los dos singles previos -“Let’s Go Surfing” y “I Felt Stupid”- fue super emocionante. Para mí un single significa que una canción es lo suficientemente especial como para separarla del resto y prensarla en un vinilo, con su propio diseño. Hay algo muy romántico en ello”. Luego vino ese “Summertime! Ep” que definitivamente nos puso sobre aviso de que la cosa iba en serio y les colocó en la portada del NME. El semanario británico desde entonces ha mostrado su amor incondicional por los de Brooklyn llevándoselos de tour junto a The Maccabees, un tour en el que no cesaron de ocurrir cosas sorprendentes. “Por ejemplo tener a Morrissey en la parte trasera del escenario durante todo el concierto, una experiencia surrealista. Me hizo recordar cuando era un niño y bailaba frente al espejo las canciones de The Smiths, como un protagonista cualquiera de una película de John Hughes. Si no hubiera sido por ellos no me habría enamorado de la música de la forma en que lo hice. O conocer a Edwyn Collins, que para mí es un héroe. Orange Juice es mi banda favorita de siempre, así que imagínate cómo me sentí cuando me invitó a grabar con él una semana más tarde un tema para su siguiente disco…”. Como un niño con zapatos nuevos, Jonathan -hasta la fecha productor en solitario de todas las canciones de The Drums- se mantiene fiel a una estricta ética indie. “Jacob y yo tuvimos un proyecto anterior, Elkland. Hacíamos tecno pop y llegamos a fichar por Columbia donde publicamos un single de cierto éxito, ‘Apart’. Y no fue nada divertido. Yo era muy joven e inocente y las canciones terminaron sonando a algo que no tenía nada que ver con las maquetas. Me juré que nunca volvería a componer música y de hecho tardé  dos años en volver a escribir. Por eso cuando desde el sello -Moshi Moshi/Island en Reino Unido. El grupo sorprendentemente aún no tiene discográfica en Estados Unidos- nos ofrecieron ir a grandes estudios a grabar e incluso hacerlo con algunos de nuestros héroes a la producción, nos negamos. Lo más fácil sería empezar a decir que sí a esas cosas, pero para nosotros no tiene ningún sentido. Cuando salió el Ep a la calle estábamos muy emocionados, así que ¿para qué cambiar algo que funciona? Utilizar sólo una guitarra, un teclado y un micrófono de treinta y cinco dólares es lo que nos ha llevado a ser lo que somos”.

Y hasta por un momento, el único en toda la conversación, me parece notarle ligeramente molesto cuando le pregunto si sabe algo de un posible anuncio para TV de una multinacional francesa de automóviles con “Let’s Go Surfing’” por sintonía. “No. Son cosas de la editorial y lo cierto es que no me han dicho nada todavía…”. ¿Y qué hay de la moda? Con una imagen tan rotunda como la vuestra ¿alguna firma de ropa se ha interesado en vestiros? “Estamos teniendo ofertas de marcas todo el tiempo, pero a la única que le hemos dicho que sí es a Levi’s porque ¡son tan americanos! Es que llevaríamos sus vaqueros igualmente porque nos encantan. Pero el mundo de la moda no nos interesa. Lo que nos interesa es la clásica idea de la banda tipo The Beatles, Zombies, Ramones o incluso The Strokes, que entendieron el concepto de ‘showmenship’. Y creo que en la música pop actual eso se ha perdido. Últimamente todo el mundo repite eso de que lo importante es sólo la música, pero para The Drums construir una imagen es esencial. El presente de la música parece un concurso para ver quién es el más raro, quién marca tendencia. Nosotros queremos ir a la contra, cuatro chicos que hacen canciones de pop y ya está. No somos nada punteros. Llevamos ropa normal, ropa que seguramente nuestros abuelos se habrían puesto y escribimos canciones simples. Y es muy extraño cuando viene alguien y nos dice ‘tíos, sois lo más cool del momento’. Es justo al contrario. La nuestra es una idea vieja y quizás por ello destacamos, porque todo el mundo intenta ser la próxima banda cool y a nosotros eso nos importa una mierda”.