Después de dar la campanada con “I Should Coco”, supergrass se han visto obligados a superar el estigma de grupo de adolescentes que han arrastrado hasta ahora. En “In It for the Money” se muestran más maduros y preocupados por su sonido. ¿se habrán convertido finalmente en una banda seria?

Entre una diminuta multitud que insufla cierta vida al hall del hotel Le Meridien, diviso a Ferran Terés (glamuroso colaborador de este libelo) acomodado en una silla. Preparado para comprobar que Gaz, Danny y Mick también son de carne y hueso, el hombre que nunca escribe críticas a la hora del té me pone en situación: el tipo con un teléfono móvil pegado en la oreja es el mánager, las dos amazonas que conversan con él son las traductoras -finalmente, Dios me perdone, no requerimos sus servicios-, el chico de gafas -que, por cierto, nos dispensó un trato exquisito- es el de la discográfica y esta mujer que sostiene una Coca-cola y te observa a la expectativa es la camarera. Gracias, Ferran. Mientras esperamos a que el trío de Oxford termine una sesión fotográfica y observamos a Ray Coombes( hermano de Gaz y teclista) entrar con una bolsa de fresones en la mano, los dos enviados de Mondo Sonoro hablamos sobre el nuevo disco. Mi colega todavía no ha accedido a él; yo tan sólo he podido dedicarle una escucha, y la primera conclusión a la que he llegado es que “In It For The Money” no es, desde luego, el celebrado “I Should Coco”. El arrojo púber que destilaban todas y cada una de las composiciones de su primer álbum ha dejado paso a una solidificación de las seis cuerdas y a un planteamiento más adulto de los pentagramas. En resumen, Oscar, ¿mejor o peor?. Peor…de momento…

El primero en llegar es Gaz. La impresión inicial, tras encajárlas manos, es que estamos ante un buen tipo. Toda una mañana dedicada a la promoción parece haber hecho mella en sus ánimos, pero el entrañable vocalista/cantante nos recibe con las últimas gotas de cordialidad que los demás medios le han dejado en el cuerpo. Su nuevo corte de pelo nos hace olvidar a los protagonistas de El Planeta De Los Simios, y unas patillas talla XXL consiguen hacerme creer, por unos segundos, que la persona que tengo delante pertenece a la disciplina de los Chichos. El temor de tener que afrontar los antojos verbales del arquetípico pop-star proclive a las posturitas de postín -Nancy Boy, Menswear, Denim… ¿sigo?- se disipa tras el aspecto de camionero y la actitud de estar por casa que muestra el líder de Supergrass. “La verdad es que el éxito no nos ha afectado mucho. Sí, somos bastante jóvenes y ahora podríamos comportarnos como auténticos imbéciles, pero no entra dentro de nuestras prioridades el convertirnos en una banda multitudinaria y crear un personaje falso. ¿Lo esencial para nosotros? Seguir grabando buenas canciones y pasarlo lo mejor posible los tres juntos… nada más”. Unos impresionantes ojos de anfibio interrumpen la conversación; detrás de ellos, la desasosegante faz de Mick (batería). Con el ceño más fruncido que Mr. T, el Igor del pop británico se hunde en el sofá y apenas nos dirige un saludo. Semejante aire de solemnidad exige que abordemos sin más dilación el álbum que ha servido al trío oxoniense como excusa para volver a la patria de Espronceda. Algo indiscutible: “In It For The Money” debe diseccionarse con entrega y voluntad. Acudamos a Kenickie o Republica si lo que necesitamos son dosis ingentes de superficialidad -yo a veces las preciso-; esta vez, los autores de “Caught By The Fuzz” no se van a dejar atrapar tan fácilmente, han aprendido la lección.Del pop insurgente y liviano a una complejidad compositiva notable -sin cruzar, eso sí, las fronteras del hit-. De ese slide de guitarra digno de la sintonía de Barrio Sésamo de “Alright”, al riff de cresta bicolor de la magnífica “Richard III”. Del engarce inclemente de energéticos estribillos con acné a la intercalación de medios tiempos y semi-baladas provocadoras de muecas de extrañeza. En efecto, el último trabajo de Supergrass contiene grandes composiciones, pero resulta, al mismo tiempo, un disco cuyas concesiones se pueden contar con los dedos de un muñón. ¿Menos comercial? -Gaz vuelve a ejercer de líder-. “Posiblemente lo sea, pero lo cierto es que no decidimos sonar más raros y menos comerciales cuando entramos en el estudio; así es como quisimos encauzar la evolución de nuestro sonido de la forma más natural posible. No se trata de no grabar hits como “Alright”, simplemente es otro momento, otro contexto y, lógicamente, la forma en que nos sentimos es distinta. Como te digo, nuestro sonido actual es simple y pura naturalidad”. Atrás parecen quedar, entonces, aquellos tres garzones con pinta de pillastres que hacían brillars sus incisivos en el simpaticón video-clip de “Alright”. “Todo es ahora más pausado, consistente, como un sonoro dejémonos de hostias y vamos al jodido grano”. ¿Se fue el hooligan que llevabais dentro? ¿Madurez y tal, y tal…? “Yo no diría que de repente hacemos pop adulto”. -Gaz interrumpe su disertación para presentarnos a Danny, bajista de panza incipiente-. “Sí, está claro que hemos aminorado la marcha y que nuestro sonido ha ganado en densidad y, posiblemente, dureza. No obstante, sólo has de fijarte en nuestros directos para comprobar que seguimos destilando energía a raudales y que seguimos teniendo la frescura de siempre. Todo esto de la madurez y el pop adulto me suena bastante ridículo, la verdad”. Sección de viento en la excelente “In It For The Money”, protagonismo de los teclados en “Going Out” -¿la mejor canción del disco?-, despliegues instrumentales poderosos, contundencia sonora y autoproducción. Venga, Gaz, ayúdanos a atar cabos. “Era lo que realmente queríamos: tener el control absoluto de todo lo que grabamos. Una vez en la mesa de mezclas nuestro objetivo era concentrarnos en el sonido y dar más relieve a los teclados e incluir, como tú dices una sección de viento e incluso utilizar equipo electrónico en algún momento. Definitivamente, lo más importante, para nosotros, era el sonido. Así es cómo queríamos que fuera el sonido de estudio de Supergrass, de eso no hay duda”. La aportación electrónica a la que hace referencia Gaz parece ser, sin embargo, anecdótica. “Me gusta la música electrónica, pero con muchas reservas. La mayoría de las veces tengo suficiente con escuchar una canción durante el primer minuto. ¿Qué gracia tiene escuchar secuencias cortas una y otra vez? La verdad es que no me gustaría que grupos como The Chemical Brothers, Prodigy, etc. nos remixearan”

“In It For The Money” es, en definitiva, un álbum no apto para escuchas en diagonal. Dedicarle pocas horas de tímpano nos llevará a desterrarlo del montón de compacts imprescindibles del mes; si hincamos los codos y hacemos los deberes acabaremos forzandola cerradura de un disco donde encontraremos los primeros trazos de genialidad-pop del 97: el comienzo formado por “In It For The Money”, “Richard III” y “Tonight” es estelar, “Going Out” me lleva por el camino de la amargura y “Sun Hits The Sky” me persigue en el metro… Me importa un solemne carajo que sigan utilizando chuletas a la hora de componer -Who, Led Zeppelin, Jam, etc.-; no creo que ahora mismo exista otro grupo pop de masas que reproduzca con semejante nitidez ese genuino sabor al rock de los setenta y, al mismo tiempo, posea en su haber composiciones tan atractivas. “No me importa que nos llamen una banda revivalista” -afirma Gaz- “estamos orgullosos de nuestras influencias, de hecho no existiría ninguna banda sin ellas. Lo importante es que tenemos buenas canciones, y punto”. Al salir de Bikini, Ferran, yo y Begoña -una ferviente seguidora de los de Oxford- intercambiamos miradas de asombro. Sí, para colmo ha sido un gran concierto -recordemos que su visita a Zeleste el año pasado fue lamentable. Ferran me pregunta si he vuelto a escuchar el disco y le digo que sí, que cada vez me gusta más. En resumen Oscar, ¿mejor o peor? Mejor…de momento.