Tras la disolución de Kyuss, Queens Of The Stone Age iniciaron su singladura con discreción, pero sin dejar su brazo a torcer. Ahora, tres discos más tarde, el grupo formado por Josh Homme y Nick Oliveri junto a algunos compañeros de negocio anda a la cabeza del pelotón de las más grandes bandas de rock pesado internacional. Y que les dure.

Nick Oliveri salta al escenario del Academy de Birmingham medio desnudo. En un rincón de la sala, en un sofá rojo, hay una muñeca rota soplando pompas de jabón. No tiene más de catorce años. Todos sudan. Es una máquina extraña de rock en medio del frío y la lluvia. Josh Homme desgarra impertérrito las canciones de “Songs For The Deaf” (Interscope/Universal, 02). Unas horas antes hablamos de Almería, de la tranquilidad del Mediterráneo y de que tardaban más que yo en acabarse una cerveza. Igual va a ser verdad y hay que creer más que otras veces en el rock, aunque en Inglaterra el público sea tan jodidamente joven. Bueno, la nena de los hombros de cristal le chillaba a Nick: “Fóllame… dos veces”. Rock´n´roll.

“No quiero parecer reaccionario, pero si veo que puedo romper un muro de convenciones, lo haré”

(Nick Oliveri) “Estamos en medio de la gira ´Take Only What You Can Handle´ y no podemos distraernos. Ya tendremos tiempo de viejos para ver países. Ahora sólo podemos ver salas de conciertos, y procurar tocar mejor”. (Josh Homme) “Aunque, como hemos dicho en el NME, nos gustaría pasar más tiempo en España. Queremos grabar nuestro próximo disco allí, y encontrar gente apasionada y amigos que entiendan lo que estamos haciendo, que se miren y se toquen más que en Inglaterra… Por eso me gusta España, porque cerca del Mediterráneo tenéis otra manera de vivir, la misma desde Grecia hasta España. Trabajáis para vivir y no vivís para trabajar, y así querríamos vivir siempre, sin ser esclavos de nuestros sueños”.

Stoner y otras memeces

Parece que a Josh le ha pegado un mordisco la realidad. En “Songs For The Deaf” ya no le canta a las drogas con tanta desfachatez como en “Rated R” (Interscope/Universal, 00), sino que, como dice en “No One Knows”, hay una pastilla que se le ha atascado en la garganta. Pero no es un éxtasis ni un medicamento. Es otra cosa. (Homme) “Nick y yo hemos tenido mucha fijación con Roy Orbison en los últimos dos años. Y me da la impresión de que nos han metido en una caja de papel maché que queremos romper y, cuando aparezca la siguiente, habrá que pegar otro puñetazo y romperla. Seguimos andando y rompiendo muros, porque es lo que podemos hacer para romper convenciones y reglas, y articular una cierta destrucción. No quiero parecer reaccionario, pero si veo que puedo romper un muro de convenciones, lo haré. Si está en mi camino, pasaré por medio”.

“Prefiero ser una parte pequeña de algo bueno que una parte grande de una inmensa mierda”

Queens Of The Stone Age (QOTSA) no quieren saber nada de etiquetas. Más bien prefieren juntarse con unos cuantos amigos para rentabilizar la educación del rock de los setenta, que tanto tiempo ha sido indeseable simplemente porque ha sido nuestra jodida educación musical y de algo hay que huir. (Homme) “Aunque nosotros empezáramos esto del stoner rock con Kyuss, ahora me parece un poco ridículo. Ninguno de nosotros fumamos hierba… sólo”. De todas formas, el señor Homme, cuando quiere, puede ser bastante borde. “Somos lo que tú digas, sobre todo últimamente. Tocamos como tocamos y, si la multinacional dice que hacemos tonto-rock, eso será lo que hagamos”. Pero el señor Homme también es realista: se inventa cosas para luego desmentirlas. “El robot rock es otra idiotez. ¿Cuándo has visto fumado a un robot?”. En fin.

Desert Sessions y años setenta

No se sabe qué fue primero. Unos dicen que las Desert Sessions provocaron la formación de QOTSA, y otros dicen que, entre la muerte de Kyuss y el nacimiento de QOTSA, Josh Homme quiso llevar hasta el final su percepción musical del desierto, montando en El Rancho de la Luna, California, unas sesiones de revisión de los tópicos rockeros de los setenta entre vapores etílicos con todo aquel que se pasara por allí. El hecho es que la organización en 2001 junto a Mark Lanegan de los volúmenes siete y ocho fue determinante para la transición de sonido entre “Rated R” y “Songs For The Deaf”, y ahora, en palabras de Josh, “preparamos otra sesión con la colaboración de Dean Ween, PJ Harvey, Twiggy Ramírez y mi buen amigo Jesee Devil Hughes que tocará bluegrass bizarro. Aunque… no sé cómo sonará todavía”. Desértico. Seguro. Él mismo continúa: “Uno de nuestros propósitos es pintar los mismos paisajes emocionales que pintan, por ejemplo, Giant Sand, pero a nuestra manera. Quiero decir, que hay un modo de ser inteligentemente estúpido y es poniéndole fronteras a los sonidos del rock´n´roll, porque todos tienen los mismos elementos primarios. Y los paisajes emocionales y físicos tienen que empapar todo lo que tocas. El desierto lo llevo dentro y sé que es un lugar muy romántico para otros, y entiendo por qué, ya que son paisajes muy abiertos que tienen su manera de hacerte sentir pequeño. No eres importante en el desierto”.

¿Los nuevos Nirvana?

Corren tiempos extraños. Por una parte se trata de sacar más dinero a las grabaciones de Nirvana con una remasterización innecesaria, y, por otra, en la isla británica parece que es más verdad que en ninguna parte eso de que el rock es lo último, aunque la fórmula de The Strokes, The White Stripes y compañía tenga mucho menos de nuevo que tuvieron Kurt Cobain o los Pixies. Y, de paso, después de aceptar que QOTSA son una propuesta con futuro, se suelta en la prensa eso de que son los nuevos Nirvana y sus discos son tan apreciados en los feudos tradicionales del metal como en las publicaciones más abiertas del pop. (Homme) “Nuestra música implica muchos elementos distintos. Tiene elementos de heavy y de pop, y por eso llama la atención. Pero para mí es como una fiesta que he estado organizando durante años, y que ahora consigue reunir gente… así que aquí están las bebidas y allá el cuarto de baño. Aunque no podemos meternos en el dormitorio equivocado”. ¿Y lo de Nirvana? “Cuando salieron Nirvana, estaban buscando a los nuevos Guns´N´Roses y me pregunto si dijeron que Nirvana eran los nuevos Guns´N´Roses. Buscan a unos nuevos Nirvana y se están equivocando demasiado. El rock´n´roll no necesita que lo salven. Está bien. No se está ahogando”. También dicen que “Songs For The Deaf” es el mejor trabajo de David Grohl desde Nirvana. “Será por el hecho de que toque la batería con nosotros y porque Dave estaba en una banda que le dejaba ir tan lejos como le dejase su sensibilidad, mientras que en muchas otras tienes que ceñirte a una serie de limitaciones que no te dejan enseñar lo que llevas dentro. Él ha hecho lo que ha querido y la gente se me caga delante diciendo ¡Dios-mío-es-David-Grohl!. Nunca le llaman por el nombre. ¿Entiendes? Para mí es circunstancial, pero para la gente es un icono que lo hincha todo mucho”. ¿Y sobre el nuevo Olimpo fugaz del rock? Vamos, que hasta a Britney Spears le ha dado por hacer como que hace rock torciendo los morritos. “Hace un año había gente como Strokes, White Stripes o Limp Bizkit, y la gente me preguntaba qué me parecía. Yo les decía que cuanto más éxito tuvieran mejor nos iría a nosotros. Y nos va mejor, aunque no tengan nada que ver. Todo funciona más rápido y es estupendo que la gente se acerque a la música de una manera más apasionada”.

El último supergrupo

Ya se sabe que QOTSA es un animal bicéfalo que se mueve entre el punk salvaje de Oliveri y el rock más clásico de Homme, pero en el álbum aparecen también el antiguo cerebro de Screaming Trees, Mark Lanegan, y David Grohl como los nuevos QOTSA. (Homme) “Últimamente, todos somos colaboradores, incluso Nick y yo. Pero alguien tiene que elegir lo que va en el disco, y