Con su séptimo Lp, la prensa rockera se decide por fin a consagrar al power trio femenino de Portland. ¿Las razones? La primera, la necesidad de colocar a un grupo veterano y con credibilidad al frente de un revival rockero concebido a mayor gloria de jovencitos perfectamente manipulados. La segunda, “The Woods” (Sup Pop/Houston Party), un disco que suena como un cañón cargado con pólvora psicodélica y hard-rockera, pero que sin perder su perspectiva contemporánea.

Es indudable que pese a meses de exhaustivo trabajo de marketing directo e indirecto los expedientes de canonización de The Strokes, Black Rebel Motorcycle Club, The Vines, Jet… están a punto de ser definitivamente archivados. La estrategia ha de cambiar, es hora de buscar a bandas que pese a atesorar veteranía y pedigrí alternativo puedan ser presentadas como “nuevas” ante los consumidores. La apuesta de esta temporada parece ser Sleater-Kinney, desde 1995 todo un seguro en cuanto a gritos y guitarrazos y que además se presenta con el aval de Sub Pop, toda una garantía para grunges nostálgicos, que vuelve a remontar gracias fichajes como los de Love As Laughter o Wolf Parade. ¿Favorece la coyuntura rockera al “descubrimiento” de Sleater-Kinney? Con extrema cautela Corin Tucker (voz del trío y, lo confieso, una debilidad personal) inicia el cuestionario telefónico. “Es posible, aunque es un poco pronto para decir cuál será la reacción de la gente. Puede estar bien que nos pongamos de moda (risas), pero no es eso lo que más nos interesa”. Por si acaso, dejan clara su postura crítica a la manipulación del rock alternativo con un pelotazo como “Entertain”: “Si estás aquí para que te entretengan/por favor vete”.

“La música rock debe ser algo más arriesgado que lo que estamos oyendo últimamente”

“Trata de todas esas bandas que no hacen otra cosa que copiar a bandas de los ochenta como Gang Of Four o The Clash. No consiguen captar ni el sentido ni la esencia de los originales y eso nos molesta porque muchos de esos grupos son de nuestros favoritos (risas). Esperamos que todos esos jóvenes sean algo más originales. La música rock debe ser algo más arriesgado que lo que estamos oyendo últimamente”. Para distanciarse, las de Portland cortan amarras con el indie y deciden “usar más la psicodelia. Dave (Fridmann) es bien conocido por sus producciones psicodélicas, así que era una elección obvia”. La sorprendente elección del mago al servicio de Mercury Rev y Flaming Lips le supone al de Buffalo una oportunidad para oxigenarse. “Nunca temimos que intentara usar violines en nuestras canciones (risas). Lo hablamos de antemano, le enviamos varias maquetas y le dijimos que queríamos sonar muy crudas. Sinceramente, creo hemos conseguido plenamente lo que queríamos cuando contactamos con él”. A ese nuevo sonido se le añaden unas letras de alto voltaje y con variedad de recursos. “Queríamos que las letras estuvieran llenas de significado, así que no me molesta que digas que son más cercanas a la poesía que las de nuestros anteriores discos”, dice Corin mientras se le escapa una leve sonrisa llena de timidez. La ecuación está clara: rock + poesía = Patti Smith. Si hay alguien que podía llegar algún día a sonar como Patti Smith al frente de Led Zeppelin son sin duda Sleater-Kinney. “¿Patti Smith, dices? ¡¡¡Muchas gracias, eso es muy cool!!! (risas). Sin duda es una gran influencia para mí, pero poca gente me lo ha dicho, estoy un poco sorprendida (risas). Escuchamos mucho a Led Zeppelin. Siempre nos han gustado, pero sin duda para este disco los hemos vuelto a escuchar con otros oídos”. “The Woods” camina sobre la línea que separa el indie del art rock y del hard rock y sus autoras son plenamente conscientes de ello. “Sin duda, ´The Fox´ (una auténtica bofetada de rock histriónico) está situada en primer lugar para llamar la atención del oyente. Significa un punto de partida sónico, de diferenciación musical respecto a lo que hemos hecho hasta ahora. Queríamos dejar muy claro que hay un cambio de actitud en Sleater-Kinney”. Pese a aciertos como “Wilderness” o “What´s Mine Is Yours”, lo mejor viene al final con la jam (once minutos) de “Let´s Call It Love” -su “Whole Lotta Love” particular-. “Es totalmente improvisada. Antes de entrar en el estudio ya sabíamos que queríamos acabar el disco con una gran jam que enlazara ´Let’s Call It Love´ y ´Night Light´ pero no sabíamos cómo iba a sonar hasta que lo hicimos. Simplemente nos metimos en ello (risas). Sin duda, la experiencia de girar intensivamente teloneando a Pearl Jam les ha hecho ganar confianza como instrumentistas, pese a que Corin prefiere la influencia interna. “Desde hace aproximadamente un año, improvisamos algunas partes de nuestros directos. Es algo que Janet (Weiss, batería) hace habitualmente con su banda Quasi, así que empezamos a probarlo en nuestros conciertos y vimos que nos ayudaba a crecer musicalmente y a la hora de escribir nuevas canciones”. Ese poso de “falso directo” también se nota en la bailable “Jumpers” (que debería sustituir de una vez a “Seven Nation Army” en los clubes indies), un homenaje a San Francisco con cita de Mark Twain. “¡¡¡Pensábamos que nunca nadie se daría cuenta!!! San Francisco es uno de los lugares más liberales de los Estados Unidos. Carrie (Brownstein, guitarra) vive allí unos seis meses al año y todas nos sentimos muy a gusto”. Entre tanto ruido, “Rollercoaster” queda como único ejemplo de los juegos de voces heredados del girlie soul que casi se habían convertido en una marca de la casa. “A los chicos os gustan esos juegos de voces, así que los hemos mantenido para vosotros (risas). Me sorprende que Sleater-Kinney se desvíen un milímetro para atender la libido de la muchachada. “No, sólo estaba intentando flirtear contigo (risas). Si fuera uno de esos críticos que confunden las revistas con su diario personal les explicaría como últimamente me siento capaz de seducir a cualquier mujer con sólo poner mi mirada sobre ella, pero lo de flirtear con la frontwoman de Sleater-Kinney me parece demasiado para vuestros ojos. Bueno, tan sólo puedo deciros que tengo una cita en noviembre. Y vosotros también, claro.