El trío mormón de Duluth presenta su noveno largo, “C’mon”, un disco que les devuelve a las raíces y al que definen canciones que apelan directamente a lo íntimo, al sentimiento, como “Nothing But Heart”. Alan Sparkhawk nos habla de todo ello y echa la vista atrás a historia de Low desde su casa en Minnesotta.

Todos aquellos que han llevado su pasión por la música de Low un paso más allá indagando en documentales como “You May Need A Murderer” o los incluidos en el box-set “Lifetime Of Temporary Relief”, sabrán que, lejos de su inconfundible falsete, cuando entra en conversación Alan Sparkhawk maneja un profundísimo tono de voz, conectando cada fraseo con largos silencios que tanto podrían indicar un profundo grado de reflexión como cierta tosquedad para con quien le pide explicaciones. Esa cadencia, acorde con alguien que asegura que “si no hubiera sido músico trabajaría de leñador o de soldador en una granja, como en mis años jóvenes”, otorga solemnidad a sus palabras, casi poesía cuando responde al teléfono y dice, trivial, “la primavera llega estos días a Minnesota, aunque la nieve se resiste a desaparecer del jardín”. En ese escenario de aparente calma se han cocinado los nueve discos de Low -o lo que es lo mismo: Alan, su esposa Mimi Parker y una tercera pata mutable, ahora mismo Steve Garrington-, discos todos ellos en que la belleza, gélida, esconde una poderosa vitalidad, un vigoroso fuego interior. “Si comparo Low con Retribution Gospel Choir, mi otro grupo, me doy cuenta de que la tensión existe en ambos casos, pero mientras con estos soy capaz de sacarla al exterior, en Low esa tensión permanece interna. Low es el calor que surge de dentro, mientras que RGC sería el viento…”. Alan está de acuerdo conmigo en que “C’mon” tiene más que ver con obras más reposadas como “Secret Name” (99) o “Things We Lost In The Fire” (01) que con sus dos cara a cara con Dave Friedman –“The Great Destroyer” (05) y “Drums & Guns’ (07)-, trabajos que más o menos coinciden en el tiempo con aquella crisis creativa y personal sobre la que gira el citado “You May Need A Murderer”. “Mientras ‘C’mon’ está marcado por las canciones de amor y se asemeja a una persona que se dirige a otra, ‘Drums & Guns’ era la voz de alguien gritándole al mundo. Para mí este disco ha supuesto una vuelta atrás en busca de una nueva dirección, el intento por completar una serie de canciones más hermosas, menos disonantes, y definitivamente producidas de un modo más sutil y menos extraño que el anterior disco. Y también es el disco en el que Mimi ha vuelto a animarse a escribir material”. De vuelta a los Sacred Heart Studio de Duluth, una antigua iglesia reconvertida en estudio de grabación en la localidad de la que Alan y Mimi son vecinos, “C’mon” tiene algo de retorno al hogar. Se intuye un intercambio ministerial, un regreso a Interior tras el breve paso por Asuntos Exteriores, viaje de ida y vuelta que, intuyo, algo tendrá que ver con el entusiasmo que supuso la aparición de la figura de Barack Obama para la sociedad norteamericana y la paulatina decepción que ha supuesto ver que poco o nada ha cambiado. “El trabajo aún está por hacerse, las dificultades para ello son enormes y el país está más dividido que nunca. Personalmente yo me encuentro muy afectado con la situación”. Y si en todas las biografías sobre Sparkhawk se apunta su viaje a Kenia en 2006 como un momento vital decisivo –“cambió mi forma de ver muchas cosas, y sobre todo me di cuenta de que no debía sentarme a ver las noticias de la televisión nunca más…”– el silencio, más prolongado que nunca, se hace a la hora de responder a una pregunta tan simple cómo qué ha ocurrido en los últimos dos años de su vida que merezca la pena resaltar. “Wow, es una pregunta realmente difícil. E interesante… No lo sé, lo único que puedo pensar es en cosas que han ocurrido más atrás”. Y tras más de un minuto de silencios y vacilaciones, se arranca. “Creo que girar con Retribution Gospel Choir ha cambiado cosas en cuanto que he aprendido aspectos nuevos sobre cómo cantar y especialmente cómo tocar la guitarra. Lo que no ha dejado de sorprenderme, ver cómo me hago viejo y soy capaz de seguir aprendiendo. De alguna forma esta enseñanza es lo que ha abierto las puertas de ‘C’mon’”.