Hace tres años Crystal Fighters estaban en boca de todos con su debut “Star Of Love”. Como casi una broma veraniega y con la etiqueta de turno colgada, la banda no parecía que fuera más allá que derretir las pistas de baile de media Europa. Ahora regresan con “Cave Rave” (Pias, 13), carne de cañón para fans –y para haters- y más allá de escepticismos y suspicacias, la demostración de que su propuesta va en serio.

Cuando lean esta entrevista, dudarán de la intención de las palabras de Crystal Fighters, de si su preocupación existencialista es pura pose o de si consumen o no alimentos orgánicos. Excelente, cuestiónense todo cuánto quieran, así demostraremos que no somos tan borregos como se nos hace creer últimamente. Réstenle seriedad y verán que hay algo irrefutable: los de Londres saben cómo firmar un hit y su directo es viral y efectivo como un chute de adrenalina. “Cave Rave” es la continuación de la ópera iniciada con “Star Of Love”, aquella que bebía del folklore, de las leyendas del País Vasco y del cuaderno perdido del abuelo de la cantante Laura. “Cave Rave” es un segundo disco que se aleja física y espiritualmente del debut, para centrarse en conceptos como la existencia, el tiempo y la naturaleza. Menos dispersión, menos electrónica sucia, más colores y renovadas ganas de fiesta empapan estos diez temas. “Volvimos al País Vasco para grabar, porque era donde se originó la banda. Estuvimos primero en Berango en una casa, patinando, surfeando y dándole forma a las canciones. Después volvimos a Londres y de nuevo regresamos porque necesitábamos sol”, asegura Sebastian Pringle, líder del grupo. “Contamos con Justin Meldal Johnsen en la producción en Los Ángeles. Se guía mucho por el feeling de los temas y eso nos encanta”, comenta Graham Dickson, guitarrista. “Nos dimos cuenta de que a pesar de seguir sientiendo esa pasión por el lugar y los instrumentos de Euskadi, el disco lo podríamos haber grabado en cualquier rincón del mundo”, añade Sebastian. “I Love London”, País Vasco y ahora Los Angeles. El cantante se queda callado para abrir sus gigantes ojos azules y proseguir pausadamente: “Cuando pasas un tiempo aislado le das vueltas al concepto de pertenecer a un lugar. No importa cómo se llame ese sitio, si no cómo te hace sentir. ‘Cave Rave’ es más profundo y espiritual, escapa a la relación espacio-tiempo”. Por eso quizás sea un disco mucho más folk que su antecesor, de crescendos auspiciados por pulsaciones tribales, guitarras del continente negro y en el que reorientan su enfoque electrónico.

Estrecha es su relación con el imaginario salvaje, universal y del amor, presente en sus letras. Aunque lejos de adroctinar, Crystal Fighters prefieren sugerir y, si todo va bien, despertar alguna que otra consciencia. Una temática que puede atrangatársele a más de uno o levantar suspicacias sobre la veracidad de su mensaje abraza-árboles. “Adelante, sé escéptico, duda de lo que te contamos, es lo que deberíamos hacer todos. Esta no es una historia para encandilar a la prensa”, nos anima Graham. A lo que Sebastian añade: “Con suerte, alguien se parará a escuchar las letras que perfilan estos temas. Y quizá quieran saber más, y busquen sobre nosotros o sobre lo qué decimos y otros autores. Si transmitimos lo que queremos y tú lo escribes en esta entrevista, la información les puede llegar y dar otro pequeño paso”. ¡Cuánta presión! (Graham) “Incluso aunque no escuches las letras, y te guste la melodía o una línea de bajo y seamos capaces de recrear un sentimiento positivo en una persona, ¿qué más puedes pedir?”. Puestos a pedir, toca saber qué papel adoptan ellos en todos esos cambios a pequeña escala de los que nos hablan. “Todavía no sabemos qué haremos con los beneficios del disco, aunque algo se ha hablado”, confiesa Sebastian. Graham subraya: “En lo personal intentamos evitar consumir cosas que son dañinas para el mundo, que no aportan ningún beneficio. Es difícil vivir en la ciudad y no usar productos que afecten al planeta. Pero a menudo tienes la opción de consumir otros que aportan algo, como hacer la compra en mercados”. Aunque no han llegado al nivel de que les paguen “con enormes sacos de patatas”, sus planes de vida pasan por hacer música, comprarse un terreno, cultivar un pequeño huerto y “dar algo a cambio de todo lo que recibes”.

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Pero volvamos al presente, porque con el disco recién publicado, Crystal Fighters ya tienen la agenda repleta de compromisos. Este trío de salvaje fama se enfrenta no solo a las expectativas de la crítica, si no a un público con ganas de dejar la mente en blanco ante tanta crispación. ¿Habrá llegado el momento de ponerse en serio? “Es un privilegio saber que habrá gente en los conciertos, que hay un público que conoce tus temas y que tu gira tiene conciertos vendidos hasta Navidad. Es una liberación y soy feliz. Y ahora que el disco ya está escrito, es como un descanso”, asegura Graham. La última vez que hablamos con ellos apenas habían dormido, tenían mala cara y deambulaban por la zona Vip de un festival. Hoy, la sensación es totalmente opuesta, aunque las bromas sobre los tópicos del mundillo musical o sobre colocarse en el baño rebajan la seriedad de los temas que se tratan y entre risas nos cercioramos de que: a) Graham sigue tocando semidesnudo y b) siguen en la música para pasarlo bien. “Creo que estamos en un momento crítico en la historia de la especie humana. Incluso si no tenemos el poder para cambiar nada, ser conscientes del problema es un logro, que llevará al cambio más adelante. Mucha gente se queda embobada mirando el show de las Kardashians y pensando en no querer ir al trabajo al día siguiente”, asegura el guitarrista y prosigue: “Habrá un punto de inflexión, aunque no sé que pasará. En la historia ha habido momentos dorados y otros oscuros y ahora estamos en una depresión, y lo único que podemos hacer es esperar que, con la tecnología que tenemos y con lo conectados que estamos, ese cambio tarde menos en suceder que antaño”. Silencio. Anotaciones mentales. Piden que seamos benévolos, que jamás habían llegado a estos niveles de profundidad en una entrevista y antes de terminar, una nota positiva. “El mensaje está ahí: el amor puede ganar. Cierra los ojos, intenta existir en este preciso instante y justo después, te sentirás amado” se reafirma Graham. “Las expectativas y las situaciones potenciales que creamos en nuestra cabeza son lo que nos hace sufrir. Si solo existimos, nos sentimos bien, estamos más receptivos y aparecen las respuestas”. Ambos se miran, resoplan, sonríen y compartimos una cerveza fría. Cada cual que saque sus propias conclusiones y prosiga con su lucha personal. Crystal Fighters han vuelto para llevarnos de nuevo al verano del amor sin fin.