Dan Bejar (1972) ya tiene listo el nuevo disco de Destroyer, “ken” (Merge Records, 17), que publica el próximo 20 de octubre. Aunque no tardará mucho en presentarlo por nuestro país (Madrid, Valencia y Barcelona le acogerán el 25, 26 y 27 de noviembre respectivamente).

El canadiense ha hecho antes un viaje exprés desde Vancouver para hablarnos en persona de su regreso y de cómo se ha inspirado en el sonido británico de finales de los 80 para componer este álbum. Eso sí, con algo de jet lag. “No he dormido mucho, aunque creo que es mejor estar exhausto cuando hago entrevistas. Así son mucho más sinceras”, avisa. Pero Bejar, que lleva en la piel de Destroyer desde hace ya más de 20 años, disfruta tanto ahondando en las canciones que por momentos eleva la conversación a la charla que se puede tener en la sala de un museo cuando se observan piezas de arte. Se agradece el retorno de uno de los proyectos musicales más interesantes y sólidos del indie al otro lado del charco. Y el trato, encantador: “Puedes hacerme las preguntas en español, pero si no te importa te contesto en inglés, porque si no parecen respuestas de un niño de 4 años”.

“Para mí, este es el disco más gótico de Destroyer”

La manera en la que has grabado los discos a lo largo de tu carrera ha influido de forma definitiva en su impacto. Ahora, sobre “ken”, dices que no ha sido grabado como un disco con banda, pero que todo el que está en la banda aparece en el disco. ¿Esto qué significa?
Bueno, en mi cabeza quería hacer un disco en solitario. Me he tomado un descanso de unos diez años con la guitarra y quería probar, tocar todo lo que pudiera. Pensaba que podía sacar algunos acordes básicos con el sintetizador, pero no salían muchas cosas. Al final fui demasiado cobarde y tiré de mi amigo Josh Wells, que tocó la batería en “Poison Season” y que también toca en una banda llamada Black Mountain. Es muy bueno grabando discos y comenzó a ayudarme con la grabación, escuchando mis demos, así que se convirtió en el productor del disco. Ha acabado tocando probablemente el 60% de toda la música que se puede escuchar en “ken”, pero también hemos contado con el guitarrista, Nick toca en 5 o 6 canciones, Dave también, la trompeta en 2 o 3 y el saxofón en otras tantas… La diferencia es que están concentrados en momentos concretos, no es el sonido de todo el mundo tocando a la vez en una habitación, que es lo que normalmente hacíamos. Josh es una especie de esteta y algo en lo que está ahora muy interesado es la estética de tipo minimalista. Algo que es muy diferente a lo que Destroyer ha estado haciendo durante los últimos 15 años, así que me parecía muy atractivo.

En la presentación del álbum cuentas que cuándo descubriste que Suede iba a llamar “ken” a “The wild ones” fue cuándo quisiste utilizar ese título descartado como punto de partida para el nuevo álbum. Aunque añades: “No estaba pensando en Suede al hacer este disco. Estaba pensando en los últimos años de la era Thatcher”. A la primera escucha queda claro que es un disco influenciado por el sonido de finales de los 80 pero, puestos a hablar de influencias políticas, ¿No te son más familiares los últimos años de la era Reagan de tu adolescencia, aunque sea por proximidad geográfica?
No sé por qué, pero siento que estéticamente no tengo ninguna conexión con Estados Unidos, especialmente en la época de los 80. No sé cual es la razón, pero es probable que se deba a que fui un adolescente pretencioso por aquel entonces. Cuando pienso en la música que nació en aquellos años, durante el mandato de Reagan, pienso en el hardcore… Para mí van de la mano, como una reacción a aquella época. Sin embargo, esa melancolía gris, en su versión poética y romántica, de clase obrera, la siento como algo muy del Reino Unido. Y siento que representa para mí mucho mejor aquellos 80, además siempre ha tenido una gran influencia sobre mí, en todo lo que he hecho. Cuando empecé a estar interesado en la música, que fue cuando yo tenía 14, 15, 16… era a finales de los 80, pero nunca me había tomado muy en serio la música que escuchaba por aquel entonces. Por ejemplo, me encanta The Cure, y durante 20 años de mi vida les he percibido como un grupo que hablaba sobre la angustia adolescente. Hasta que en estos últimos 5 años les he estado escuchando por primera vez en profundidad, fijándome en los sonidos, en los efectos de la guitarra, el sonido de la batería… Todo eso es lo que he terminado utilizado para el álbum.

La batería es la base del disco, actúa de denominador común.
Sí, todas las canciones están construidas de una manera muy similar. Josh decidió que debíamos montarlas sobre una plantilla de la caja de ritmos. A partir de ella empezábamos ya a construir la canción. A veces la eliminábamos, a veces la reemplazábamos por una batería de verdad, pero siempre siguiendo el mismo plan y empezando de esta manera, por lo que se convirtió en gran parte de la estética de este disco. Y para mí fue bastante sorprendente, cuando empecé a pensar en las canciones, en un primer momento, no esperaba ese resultado, lo cual está muy bien porque me encanta ver cómo las canciones se transforman en un estudio. Me parece una de las cosas más excitantes que pueden ocurrir, es la razón por la que lo haces.

En una escucha detallada de este álbum se identifican efectivamente bases electrónicas, sintetizadores y muchas referencias de grupos pertenecientes a la new wave. En las letras hay alguna que otra referencia a The Smiths, como en “Cover from the sun” con “Nancy takes a bow. Sheila takes Manhattan”…
A ver, creo que he intentado ignorar a Morrissey en este disco porque siempre ha sido una constante y gran influencia en cualquier disco de Destroyer. Para “ken” estaba pensando en grupos más pequeños, que me encantan, de los que el mundo e incluso yo mismo ya nos habíamos olvidado, como House of Love o el primer álbum en solitario de Ian McCulloch, líder de Echo & The Bunnymen, “Candleland”. No sé, siempre me ha gustado la manera en la que Cocteau Twins mezclan las falsas baterías con esas guitarras demenciales… O el modo en que The Jesus and Mary Chain, en su segundo y tercer álbum, juegan con las cajas de ritmos y los sonidos industriales, como haciendo música electrónica…

En las letras da la impresión de que hablas a los adolescentes que vivisteis aquella época, y con mucha nostalgia. En “Sometimes in the world” está la pérdida de la inocencia, la importancia de sobrevivir por sí mismo. En “Ivory Coast”, la soledad cuando se es raro. En “Stay Lost” directamente hay una llamada a la acción con ese “Come on, agitation!” ¿Hay en todo esto algo de hablar consigo mismo?
¿Como si hablara a mi yo con 16 años? Interesante. Creo que una sensación que hay en muchas canciones de Destroyer, pero que está extra presente en “ken”, es la de alguien que habla desde un aislamiento extremo, ese tipo de soledad en la que sin embargo se está totalmente rodeado de gente. No sé, creo que hay muchas imágenes, también de violencia y locura, con esta distancia entre la persona que habla y el mundo que gira a su alrededor, un mundo negativo y hostil. Pero lo cierto es que mi yo adolescente lo hubiera visto todo desde una perspectiva romántica y hubiera querido apoyarlo, quizás ahí es donde está el lado más luminoso. No quería que este fuera un disco deprimente, a pesar de que a nivel sonoro para mí es el disco más gótico de Destroyer.

Esa negatividad se desprende especialmente de “Saw you at the hospital”. Parece un reflejo de lo que les pasa a los protagonistas de “A light travels down the catwalk” y “Tinseltown swimming in blood”, en las que hablas del lado superficial de aquellos años.
Sí, siento que una de las referencias constantes son la riqueza, el glamour, la decadencia… Los castillos, los hoteles como palacios… Lugares que estaban habitados por gente enferma o incluso, en canciones como “A light travels down the catwalk”, gente satánica (risas).

“Tinseltown swimming in blood”, al menos en el título, parece un guiño a The Blue Nail…
La verdad es que no estaba pensando mucho en ese grupo. Lo descubrí a finales de mis 30, creo, lo escuchaba cuando estaba haciendo Kaputt y tenían esta canción famosa, “Tinseltown in the rain”… Pero siento que son canciones diferentes, su canción es romántica, melancólica y un poco ambient y “Tinseltown swimming in blood” tiene más cosas. Supuestamente es más una fotografía de un mundo que es terrible, pero tomada en ese momento en el que aún sigue siendo groovie e incluso hay como cierta esperanza al final de la canción. En Vancouver, cerca del centro, muy cerca de donde yo vivo, ha habido durante años un gran centro comercial que se llamaba Tinseltown y que estaba abandonado. Era una especie de intento fallido y gigante de transformar el barrio, de que pasara de ser uno pobre a otro más funcional. Pero en vez de eso estaba este centro comercial enorme ocupado por zombies. Y mi imaginación hizo el resto.

“Sky’s grey” supone un comienzo de álbum muy del tipo de tu disco “Kaputt”, a lo “Chinatown”, con esa base electrónica introductoria que es una de las constantes del disco. Háblame de esta canción.
Sí, cuando Josh y yo estábamos poniendo en orden las canciones a los dos nos parecía que debía ser la primera canción, incluso no siendo la que representa mejor el sonido del disco. Es interesante como está dividida, con la primera mitad deconstruida y convertida en este tema minimalista y extraño de pulsaciones un poco terroríficas. En la segunda parte suena más a un tema clásico de Destroyer, a la quintaesencia del grupo, a cómo sonaba hace 10 años. Y me gusta cómo se mezclan ambas cosas. Además creo que es la letra del disco a la que me siento más unido. Después de escribirla pensaba que había hecho una canción muy personal, algo que no suele ocurrir muy a menudo, así que por eso abre el disco.

“In the morning” es, sin embargo, más representativa del giro que has dado con este disco….
Sí, definitivamente.

El comienzo parece de The Jesus and Mary Chain. Incluso los teclados al final se acercan al “Just like heaven” de The Cure.
Sí, sí, dirty guitars (risas). Totalmente, ya estaba hecha antes de que comenzáramos la grabación y la manera en que está terminada es lo más cercano a la idea original que yo tenía sobre cómo debía sonar “ken”. Así que al final hicimos una canción que se adaptaba a lo que yo tenía en mente, y además, creo que cuando escribí “In the morning” fue cuando me di cuenta de que quería hacer canciones sencillas para este disco. Si te fijas son mucho más simples de lo que acostumbran las canciones de Destroyer, más cortas, su estructura es sencilla, canto mucho menos, son más directas, las melodías siguen pequeñas líneas… Y creo que esta canción es un buen ejemplo de todo esto.

Quizás la más ecléctica sea “La regle du jeu”. Empieza muy electrónica, luego evoluciona a pop, luego a rock con punteos de guitarra y al final cierra el disco con un leve bit electrónico.
Sí, es una canción extraña, lo reconozco (risas). Es tan drásticamente diferente… Hice la demo y la versión de Josh es tan diferente de cómo sonaba la original, con ese comienzo tan típico del folk pop de Destroyer, pero que termina convirtiéndose en esto tan extraño, oscuro… Lo cual está muy bien, porque me da la impresión de que en algunos momentos tiene que ver más con la letra que con la música, y eso me gusta, a pesar de que el sonido me parece un poco demencial. Además, creo que es una canción muy negativa, cuando la escucho ahora siento como que estoy intentando describir el final del imperio romano, el fracaso… el derrumbamiento de América tal y como la conocemos.

Hay una canción, “Cover from the sun”, que destaca por ser muy alegre, muy pop…
Sí, es muy extraña. Esa canción la escribí justo cuando terminé de grabar “Poison Season”. Pensaba “nunca voy a poder tocarla con el grupo, van a odiarla, es demasiado feliz” y en mi cabeza tenía dos ideas: puedo hacerla sonar como una canción de pop rock o como una canción de The Libertines, porque amo a Pete Doherty, no sé por qué (risas). Lo intentamos y Josh decía, “no, es demasiado pomposa, molesta” pero encontramos una manera de hacerla más tipo rock inglés clásico, que es tal y como ha quedado. Soy consciente de que una canción tan animada sigue siendo algo bastante chocante.

Aunque no reniegas en absoluto de “Kaputt” (2011), en alguna entrevista has comentado que aunque te acercó a un mayor número de público no te llegaste a sentir del todo cómodo con el grado de exposición. En “Poison Season” ya te alejaste de su sonido, y en “ken” te alejas todavía más. ¿Una manera consciente de no repetir el fenómeno?
Creo que “Kaputt” ocurrió en un momento en el que le gustó a gente que había nacido en la época en que algunas de las referencias del disco estaban sonando, que son dos o tres, y una de ellas especialmente Roxy Music. Quizás gente nacida a principios de los 80. Por algún tipo de razón esta estética se volvió popular en ese momento. Nunca pude predecir que eso fuera a ocurrir, pero “Kaputt” era para mí como una experimento, que consistía en hacer música de lo que yo recordaba como música de espacios públicos. De cuando yo tenía 10 o 12 años, porque no es que yo fuera un adolescente escuchando un disco de Roxy Music, pero ibas al dentista y era la música que escuchabas en la sala de espera. El experimento fue un éxito porque de hecho es el único disco de Destroyer que te puedes imaginar sonando en un lugar público. Puedo imaginarme esa música en un café, en una peluquería… Y no pondría triste a nadie ni encantaría a nadie. No imagino a mi gusto, mi estética, mezclándose con un movimiento comercial otra vez, es como una de esas cosas que solo ocurren una vez en la vida. Que ocurriera a mis 40 me parecería absurdo.

El año pasado Destroyer cumplió 20 años. Cuando miras atrás, ¿Cuál es tu disco favorito?
La verdad es que nunca pienso mucho en ellos. La única vez que he pensado en las canciones antiguas es cuando nos juntamos como banda y tenemos que decidir qué canciones vamos a tocar. A veces intento cantar una canción antigua y es como “no puedo”. Pero creo que mi segundo disco, “City of Daughters”, es el que sigue sonando más como yo de todos. No creo que sea un disco que haya escuchado mucha gente. Me siento unido a él de una manera romántica y fuerte, y es una extraña mezcla de guitarras acústicas y sintetizadores raros. Una estética que me doy cuenta que también hay en “ken” y pienso que algo en él debe haber que me gusta mucho cuando lo sigo haciendo 20 años más tarde. Pero no soy una persona muy reflexiva. No puedo pensar tampoco en el futuro a muy largo plazo. Es una locura que siga haciendo discos y que siga yéndome de gira y viviendo en un bus… Todas estas cosas de verdad que cuesta creerlas.

La portada del disco es también muy diferente a la estética habitual de tu discografía.
Sí, estaba pensando, no sé por qué, como en obras de teatro, representaciones sobre un escenario, en ese teatro experimental británico de los 60 y 70. Por alguna razón, “ken”, la palabra, (que creo que también significa “saber”) y algunas de las letras me recuerdan a una cierta escuela de arte dramático. La persona que se ha encargado del artwork cogió un escenario vacío de una obra, puede ser que escandinava, no sé, algún escenario raro, cogió la foto y le colocó delante la palabra ken y creo que el resultado ha quedado bastante cool.