Con más de 68 años cumplidos, Ian Paice, uno de los baterías -zurdos, que no es dato menor- más célebres en la historia del rock, sigue ejerciendo de portavoz de Deep Purple. No es de extrañar, teniendo en cuenta que es el único miembro de la banda que ha sobrevivido a todas sus formaciones, desde su alineación original en 1968. Tal y como afirmó el año pasado en la ceremonia de ingreso de la banda en el Rock and Roll Hall of Fame, él es el hombre que “ya lo ha visto todo”.

La legendaria formación británica, que edita estos días InFinite (earMUSIC, 2017), su álbum número 20 en casi cincuenta años de carrera (aparte de sus once álbumes en vivo oficiales), nos visitará el próximo verano: el 30 de junio estarán en Bilbao (BEC Bizkaia Arena), el 1 de julio en Barcelona (Rockfest) y el 3 de julio en Madrid (Wizink Center). Así que tanto la salida de su nuevo trabajo, el segundo consecutivo que les produce Bob Ezrin, como su inminente gira europea, eran dos poderosas excusas para hablar con el miembro más estable de una banda que en algunos foros (la emisora británica Planet Rock, por ejemplo) es considerada la quinta más influyente en el relato del rock (por algo el riff de guitarra de “Smoke On The Water” es seguramente el más imitado de la historia), y que en los últimos tiempos completan el vocalista Ian Gillan, el guitarrista Steve Morse, el bajista Roger Glover y el teclista Don Airey.

Con ustedes, el hombre que siempre estuvo allí. Y que ha vivido para contarlo, con las mesuradas dosis de sensatez y de sabiduría que proporciona la edad. Todo un caballero de las baquetas.

Si hay que creer lo que avanzaba tu compañero Roger Glover a la prensa internacional, parece que el trece en vuestro caso era el número de la buena suerte, más que el de la mala: fue él quien avanzó que el disco se grabó en solo trece días, que se preprodujo en otros trece, y que además iba a constar de trece canciones. Sin embargo, finalmente el número total de cortes son diez. ¿Por qué? ¿Tuvisteis que descartar material?
Pensábamos que podíamos captar parte de la energía que tenemos en directo también en el estudio. Así que en lugar de incluir cosas que no nos convencían, llegó un punto en el que pensamos que ya era suficiente con esas diez caciones. Que así se completaba. Estamos contentos de todo lo que hay en el disco, y no creímos que añadir dos o tres temas, simplemente porque respondieran a ideas previas, fuera necesario. No eran malas, pero no encontramos la forma de pulirlas en el estudio, así que posiblemente las dejemos para otro disco. Si volvemos a editar uno, recuperaremos esas ideas que hemos descartado para ver si encajan y aún tienen sentido en ese momento.

“Me saca de quicio ver cómo bandas cuyos miembros tienen 20 o 21 años se van de gira durante tres semanas y vuelven físicamente devastados”.

Es este el segundo álbum consecutivo en el que trabajáis con Bob Ezrin (Lou Reed, Pink Floyd, Alice Cooper, The Jayhawks, Peter Gabriel) como vuestro productor. ¿Cuál crees que es su aportación específica al sonido o a la dinámica de trabajo de Deep Purple?
Pues el asegurarse de que captamos todos los elementos que conseguimos reproducir cuando estamos juntos sobre un escenario. Nos forzó a trabajar muy rápidamente. Casi todo lo que oyes en el disco está registrado en las primeras dos o tres tomas. Porque cuando haces eso, estás captando algo increíblemente espontáneo. Al no haberlo tocado antes en serio, ni haber tenido tiempo de aprenderte los arreglos, cuando entras al estudio por primera vez no dispones de ideas preconcebidas acerca de lo que vas a hacer. Y cuando eso coincide con un momento de inspiración, simplemente haces lo que sientes. Si tocas lo mismo doce o treces veces, al final empiezas a preguntarte qué es lo que hiciste la úlima vez. Y empiezas a recrear, a cambiar la idea original, y nunca es lo mismo. Pierde la magia, la emoción que tenía en un principio. Así que Bob (Ezrin) estaba en el control escuchando cómo tocábamos, dos o tres veces, y llegado el punto en el que veía que tenía todo lo que la canción necesitaba, nos decía: “parad, lo tengo”. Y nosotros confíamos en él, por eso está en el estudio con nosotros. Cuando estamos tocando en el estudio, cada uno de nosotros está concentrado en su propia interpretación, pero él ve el dibujo o la escena entera desde la cabina. Los músicos somos diferentes, siempre pensamos que hay al menos una toma más que hacer. Y puede que a base de mucho interpretar lo mismo, acabáramos haciéndolo prácticamente de memoria hasta si estuviéramos dormidos. Pero sería estéril, porque se perdería esa magia de las primeras tomas. Y Bob se ha preocupado de eso, de que no hagamos algo técnicamente perfecto que, a la vez, pueda ser terriblemente aburrido.

¿Dirías entonces que tenéis una inclinación natural a ser más perfeccionistas con la edad?
Bueno, la perfección tiene sus propias limitaciones. Toda expresión artística es una conversación de dos direcciones. Puedes mirar un cuadro y que no te diga nada, y que otro te guste. Haga lo que haga un artista, siempre tiene que comunicar. Y pasa lo mismo con la música. Si yo te propongo algo que me resulta emocional y tú no lo pillas, no ha funcionado. Porque sería una conversación de un solo sentido.

¿Ves InFinite (2017) como la segunda entrega de una nueva fase para la banda, la que comenzó con Now What? (2013)?
Sí, se podría decir que sí. Aunque son dos discos muy diferentes, están obviamente relacionados. Algunos aspectos de Now What tienen una relación muy cercana a la identidad de InFinite. El tener a Bob (Ezrin) ayudándonos con la producción nos quitó mucha presión, porque nos evitó tener que decidir en qué estudio grabar, o dejar de preocuparnos por el tiempo… todo lo que teníamos que hacer era crear la música y aprender a tocarla. Y eso es algo que no habíamos experimentado en mucho tiempo, y lo hemos disfrutado. Muchos de los discos que hicimos en los últimos 25 o 30 años, no los disfruté, porque eran simplemente un asunto de trabajo, más que un asunto de amor al propio trabajo. Pero lo hemos pasado estupendamente con Bob grabando en Nashville, que es uno de los mejores lugares del mundo para un músico. Cuando sales del estudio tienes jazz, country, fusión o hip hop en cualquier garito de la ciudad, a tan solo cinco minutos unos de otros. Fue muy excitante estar allí. Así que te puedo decir que he disfrutado mucho de las sesiones de ambos discos. Y aunque este sea el vigésimo, también puede ser el último. Aunque no descartaría que volviéramos de nuevo a grabar allí. Bob estaría también encantado. Nos lo pasamos muy bien.

Este ábum, aún siendo un disco con vuestro reconocible sonido, parece querer abarcar muchos registros distintos: “Time for Bedlam” responde a ese crisol del que tomaría nota cualquier banda de heavy metal, “Hip Boots” suena muy ledzeppeliana, “All I Got Is You” se acerca más al prog rock, “One Night In Vegas” podría calificarse como un rock and roll clásico, “The Surprising” empieza como un medio tiempo y luego deviene en una especie de suite… ¿Buscábais ese eclecticismo?
Todo el mundo piensa que cuando entramos en el estudio tenemos un plan. Pero la verdad es que no. Lo que sale son todas esas ideas con las que disfrutamos, que decidimos llevarlas adelante. Nadie sabe en qué va a convertirse cada una de esas ideas cuando entramos en el estudio. Porque cuando las creamos solo son pistas instrumentales. Está claro que todas nacen con la idea de que haya un lugar para el estribillo, otro para la estrofa, otro para un solo… pero cuando las tenemos en ese estado casi embrionario, es cuando se las presentamos a Ian Gillan, para que se haga una idea de si puede hacer una canción a partir de ese boceto. En nueve de cada diez ocasiones, él colabora con Roger Glover para encontrar una letra y una melodía con esa pieza de música que les damos. Quizá lo hacemos al revés que la mayoría de la gente. Así que nunca sabemos lo que va a salir de ello. Ian y Roger trabajan para ver qué emociones son las que esas piezas pueden crear, así que siempre van a encontrar un amplio abanico de soluciones para cada tema. No es que nos planteemos hacer un disco orientado al blues, o al rock clásico o a un tratamiento más suave, no tenemos ni idea que cuál es la forma que va a tomar cuando empezamos a componer. Solo hemos de creer en las que nos parecen buenas.

¿Por qué una versión del “Roadhouse Blues” (The Doors)? Es el único tema que no es propio dentro del disco.
Hicimos hace unos años una versión de “It’ll Be Me” de Jerry Lee Lewis (de 1957), porque según vas creciendo te das cuenta de lo importante que fue aquella generación de los años 50 para la gente de nuestra quinta. Las escogemos porque nos resultan divertidas de tocar. Y en este disco queríamos hacer algo parecido, pero ninguno de nosotros tenía ni idea de qué tema escoger. Entre nuestras giras suele pasar mucho tiempo. Por ejemplo, entre nuestros últimos conciertos, que fueron en noviembre, y los próximos, que son en mayo, hay seis meses de por medio. Y eso no es bueno. Porque yo soy músico, en primer lugar, y todo lo demás es secundario. Así que necestito estar sobre un escenario, con músicos tocando delante de gente. Tengo amigos que trabajan en bandas tributo muy buenas, y siempre que puedo no pierdo la ocasión de subirme a tocar con ellos sobre un escenario. Lo hice con una muy buena, llamada Perpendicular, y hacia el final del concierto, a Robbie, el cantante, le dio por improvisar “Roadhouse Blues”. A todos los músicos se les dibujó una sonrisa en la cara y pasamos un buen rato tocándola. Luego, en el estudio con Deep Purple, les comenté a mis compañeros que era una versión que seguro que funcionaría. Les dije: “invirtamos media hora en ver si hay posibilidades de que salga bien”. Podrían haber sido The Doors o cualquier otra canción de otra banda. Y eso es lo que hicimos, dedicarle media hora, hacer un arreglo simple y grabarla en una sola toma, prácticamente en directo. Podría haber sido de los Beatles o de cualquier otra banda, pero escogimos esa.

Deep Purple pasaron a formar parte del Rock and Roll Hall Of Fame en 2016. No sé si crees que fue un poco tarde. En cualquier caso, pronunciastéis unos discursos muy emocionados. Tú comentaste que lo habías visto ya todo en tu vida, como único miembro fundador de la banda, y que estas -las bandas- funcionan como criaturas extrañas. ¿Te ha sido fácil aguantar cincuenta años formando parte de ella?
Sí. Cuando eres un niño, eliges un instrumento para sentirte feliz. Y eso no hay que perderlo nunca. Da igual que toques delante de 20.000 personas que ante 200. Yo siempre me hago feliz a mi mismo, y eso es algo que nunca pierdo. Toco la batería porque lo disfruto. Que se haya convertido en mi vida y en mi sustento no tiene nada que ver: yo disfruto tocando la batería. Mantener la intensidad y la fe en lo que creo, es algo que ni siquiera considero. Trabaje con quien trabaje, siempre daré el cien por cien, porque también lo hago por mi.

Te escuché decir, en una entrevista reciente, que el mejor consejo que se le puede dar a un batería novel es que no trate de imitar a ningún percusionista en concreto, porque nadie va a ser mejor que el modelo original. Tú lo aplicabas a John Bonham, diciendo que, en lugar de tratar de imitar su estilo, es mejor que los jóvenes baterías tomen pequeñas cosas de varios músicos, y de esa forma empezar a contruirse uno mismo su propio estilo. Y la verdad es que esa me parece una conducta perfectamente ejemplificable y aplicable por extensión a cualquier banda que esté empezando, no solo a un batería…
Claro. Nadie puede ser John Bonham, por ejemplo. El tema está en discernir cómo John llegó a ser el batería que era. Cuáles eran sus influencias. La música pop no empezó hace cuarenta años. Todo lo que hacemos procede de otro sitio. Y si nos vamos al origen de la música popular tal y como la entendemos hoy, nos tenemos que ir a los orígenes del blues muchos años atrás. Así que si quieres saber por qué John, o yo mismo, o Ginger Baker o Mitch Mitchell, somos lo que somos, tienes que ir hacia atrás y averiguar qué es lo que les inspiró. Y cuantos más sonidos tengas en tu cabeza, más opciones tendrás. Y encontrarás cosas distintas en cada estilo, que te permitirán tener la habilidad de dar con tu propio estilo en un momento determinado. Pero si todo lo limitas a tres o cuatro personas, tocando en el mismo estilo, acabarás pareciéndote a otros tres mil tipos iguales, y nadie se dará cuenta de que existes.

A lo largo de todos estos años has coincidido en Deep Purple con músicos como Ritchie Blackmore, Jon Lord, Joe Satriani, Joe Lynn Turner o David Coverdale. ¿Hay alguno al que eches especialmente de menos?
Jon Lord y yo siempre estuvimos muy cerca el uno del otro, ten en cuenta que nos casamos con dos hermanas gemelas. Y cuando murió lo sentí muchísimo. Pero he de decir que, cuando estás de gira por todo el mundo, todo tu círculo social se reduce a tus compañeros músicos. Aquellos a quienes amas, tu familia, están en casa. Cuando eso se detiene, el momento en el que vuelves a casa y ya no estás con ellos, todo vuelve a ser más casual, más natural. Y eso provoca que puede que estés más de diez años sin ver a alguien y no por eso le echas de menos a diario. Cuando giras por el mundo te ves envuelto en una situación artificial. Y en tu subconsciente lo aceptas. A mucha de esa gente, compañeros músicos, no necesitas verles con frecuencia, ya que luego te encuentras con ellos y es como si les hubieras visto el día anterior, aunque hayan pasado años. Se crea esa familiaridad, que no se extingue. Con otros te das cuenta de que te has distanciado al ir creciendo. Vives en una burbuja artificial cuando estás de gira, y es extraño.

Pero no deja de ser vuestro modo habitual de vida, por extraño que parezca…
Sí, pero cada uno reacciona de una forma distinta, según su carácter. Unos son más tranquilos, otros más agitados… y nos desenvolvemos dentro de esa burbuja de una forma diferente. Yo entiendo lo que es. Para mi es como una Disneyland para adultos. A Disneyland puedes ir, pero no puedes quedarte a vivir allí. Puedes divertirte todo lo que quieras, pero luego has de volver a casa. Cuando yo termino una gira y vuelvo a casa, me convierto en Mr. Normal. Y lo necesito. Necesito saber que hay un mundo real. Ir a la compra, pasear, hacer pequeñas chapuzas en casa… eso hace que luego la vuelta a nuestro Disneyland sea mucho más divertida. Si te quedas a vivir allí, te vuelves loco. Y si crees que ese mundo de fantasía rock and roll que te ha sido dado como un regalo es real, te vuelves loco. Necesitas la otra faceta de tu vida, la doméstica, para mantener un equilibrio. Algunos lo mantienen, y otros no. Yo lo hago.

¿Es más complicado estar continuamente de gira cuando uno está a punto de cumplir los 70 años?
No, no, no. Me saca de quicio ver cómo bandas cuyos miembros tienen 20 o 21 años se van de gira durante tres semanas y vuelven físicamente devastados. Nosotros solíamos hacer giras de doce semanas y, siento decirlo, pero no es tan complicado. Y si tienes éxito, la vida es muy cómoda. Cada vez que cogemos un avión me siento en la fila izquierda de asientos, con una vista estupenda bajo mi cabeza y una copa de champagne: eso no es difícil. Cuando bajo del avión alguien me recoge en un coche y me lleva a un hotel de cinco estrellas, con comida estupenda, así que no es duro. Esas son las ventajas que te acarrea el éxito. E ir de gira de ese modo, no es difícil. Cuando no tienes nada, al principio, cuando apenas eres un crío, ahí es cuando girar se hace duro. Nosotros hemos trabajado muy duro a lo largo de nuestra carrera, y como tú has dicho, no tenemos ya 21 años, pero aún nos lo pasamos muy bien. Y nos levantamos cada día sabiendo que lo vamos a pasar estupendamente tocando delante de mucha gente. ¿Es eso difícil? No.