Las palabras del pequeño genio de Essex dejan bien claro que la propuesta del cuarteto británico contiene los suficientes reclamos como para ser abordada por cualquier hijo de vecino y ponen de manifiesto que la música de baile de calidad -si se olvida de antiguo se inútiles prejuicios elitistas- también puede (debe) llegara las masas.

“Estuvimos de gira con Richie Hawtin (responsable de los proyectos Fuse y Plastikman) y Moby. Ambos se sentaban en la parte delantera del autocar, babeaban con todos esos videos de Kraftwerk y aseguraban que aquello eran las raíces del techno. Probablemente lo sean, pero yo digo que son un auténtico coñazo. Ciertos miembros de la escena dance están sumamente obsesionados con la electrónica, pero nosotros tenemos una actitud de rock´n´roll. Adoro el jungle y el hip-hop porque son tremendamente humanos, y también me encantan los guitarrazos. De hecho un amigo mío a quien le gusta Pantera y Soundgarden ha empezado a tocar con nosotros en directo y todo suena muy natural”. La forma de concebir la música de Liam Howlett, cabeza pensante y artesano rítmico de los inconmensurables The Prodigy, pone de manifiesto la vasta distancia que separa la escenaque se ha formado alrededor de la música, digamos, techno -especialmente aquella que se orienta de forma más clara hacia las pistas de baile-de los propios artistas. Los techno-adictos, poseídos por un integrismo musical patológico, rinden pleitesía a las máquina sy desoyen todo aquello que esquive los férreos parámetros tecnológicos que la misma escena se ha autoimpuesto. Los grandes alquimistas de cadencias electrónicas, como el tan aclamado Howlett ,los mismísimos Hermanos Químicos o, sin ir más lejos ,los celebérrimos Daft Punk no quieren verse inmersos en este pútrido gueto musical y gustan de admitir que su música, a pesar de basarse en la innegable atracción hipnótica de la tecnología, surge de la amalgama y absorción de un sinfín de dispares tendencias musicales -hip-hop, funk, punk, pop, metal…- sin las cuales el techno, probablemente, jamás habría existido.

“Ciertos miembros de la escena dance están sumamente obsesionados con la electrónica, pero nosotros tenemos una actitud de rock´n´roll”

Estas interesantes e inteligentes declaraciones no sólo demuestran que la prensa atinó cuando definió la música de The Prodigy como jungle-punk -no ya por el sonido sino por aquello de la falta de respeto hacia los mayores -y que Liam Howlett no compone únicamente para la secta destructiva que rinde culto ciego a la dictadura de las máquinas; por encima de todo, las palabras del pequeño genio de Essex dejan bien claro que la propuesta del cuarteto británico contiene los suficientes reclamos como para ser abordada por cualquier hijo de vecino y ponen de manifiesto que la música de baile de calidad -si se olvida de antiguos e inútiles prejuicios elitistas- también puede (debe) llegara las masas. Probablemente, si Howlett no hubiese renegado de la escena hip-hop, el proyecto The Prodigy nunca habría tenido lugar. Repudiado a traición por la primera banda en la que tomó parte -una formación Harper llamada Cut to Kill donde ejercía de segundo DJ- y posteriormente amenazado de muerte en un club londinense de hip-hop por ser blanco, el joven músico de Braintree, presa de la decepción más absoluta, decide emprender la búsqueda horizontes musicales más tolerantes y positivistas. Es entonces cuando, en plena eclosión del house más ácido, entra por primera vez en contacto con la cultura rave. “Aquello, fue la hostia, una experiencia completamente distinta de todo lo que antes había visto. La escena hip-hop era una escena enormemente elitista y pretenciosa que despreciaba y excluí aa las formaciones o artistas blancos. Entonces descubrí la cultura rave y el contraste fue total, me encantó la música y todo el concepto de la fiesta en general. No importaba que no estuvieras muy puesto en esto del baile, porque podías disfrutarlo sin necesidad de conocer las canciones y de bailar de una forma concreta o de otra”. No pasa mucho tiempo hasta que Liam se hace con la tarima del DJ en dichas fiestas, con lo que se forja, de paso, una considerable reputación en la escena dance de Essex. Y a pesar de tener grabado bastante material, es necesario que los también reputados bailarines Leeroy Thornill y Keith Flint entren en contacto con Howlett para que éste se decida a poner a prueba los buffles de los clubs con sus mixes. El MC Maxim Reality se une al barco, que es bautizado con el pretencioso nombre de The Prodigy y, en 1990, la banda, que ya ha realizado varias actuaciones marcadas por el éxito, firma un contrato con XL Recordings.

El Ep What Evil Lurks (1991) es el primer asalto discográfico del cuarteto de Essex y un preludio revelador de lo que, a partir de entonces, va a ser la trayectoria del grupo: las siete mil copias vendidas y la aceptación masiva de la obra por parte de la facción underground de la escena dance, dejan bien claro que The Prodigy tienen casta de clásicos. El single Charly (1991) constituye el siguiente triunfo de Liam y sus vástagos. El video-clip es triturado en Top of the Popsy en Chart show, con lo que el maxi alcanza rápidamente el tercer lugar de las listas y obliga a Howlett a reconsiderar su carrera y abandonarlos clubs para dedicarse por entero a la composición. Otro puñetazo en formato single, Everybody in the place (1991), demuestra que The Prodigy cotizan muy alto -tan sólo la reedición dela nauseabunda Bohemian Rhapsody de Queen impide que la canción ocupe el primer lugar en los charts- y hace que Liam empiece a ser requerido por artistas de toda índole para remezclar canciones -Art of noisee incluso los extintos y añorados Take That figuran entre sus pretendientes-. La leyenda de The Prodigy empieza a hincharse y se oyen rumores de que, aun siendo una formación de música dance, ostentan uno delos directos más contundentes y espectaculares del momento. FIRE (1992) precede al que será su primer larga duración y vuelvea encaramarse en las listas alimentando las iras de aquellos que pensaronque la música de baile nunca trascendería los clubs. Todas las circunstancias son favorables para que el Lp The Prodigy Experience(1992) se convierta en uno de los primeros álbumes de dance que haga suyos los charts y derruya el muro que separaba al gran público de este tipo de sonidos.

Tras la edición de los singles de rigor -Out of spacey Wind it up-, la banda se embarca en una gira infernal quea punto está de acabar con su integridad. A partir entonces, TheProdigy deciden subirse a un escenario en contadas ocasiones y elevar, depaso, su caché -se rumorea que en el Festimad les cayeron diecisietequilos-.Liam -cada vez más hastiado de los caprichos y la intransigenciade la escena dance- decide recluirse en el estudio para escribir los pentagramasdel célebre Music for the Jilted generation (1995). Sus maquiavélicas intenciones están muy claras: registrar el álbum de música techno que nunca gustaría a los devotos irreductibles de las cadencias de baile. Que se jodan. Precedido por el maxi No good start the dance, el segundo larga duraciónde The Prodigy vuelve a hacer suyas las listas británicas. Con la ayuda de The Chemical Brothers, Liam y su escuadra consiguen rescatar la música electrónica del pozo del underground para incrustarla en todos aquellos oídos que hasta ese momento sólo se habíanalimentado de Blur, Oasis, Soundgarden, Sepultura, etc. La vertiginosa mutación musical de los británicos es ya imparable y en marzo del 96 la edición de Firestarter no deja lugar a dudas: Liam Howlett ha enviadoa la mierda de una vez por todas los pocos tics dance que su banda todavíaconservaba. Nuestro hombre afirma una y otra vez en las entrevistas que apenas le interesa el techno y que se siente más afín a otros sonidos no tan cerrados como el hip-hop, el punk o el jungle. Los caminos de los nuevos The Prodigy llevan a una suerte de punk electrónico que deja a toda la parrilla de Epitaph en evidencia. Todos aquellos que creían ver en bandas como Rancid, Pennywise, NoFX, etc. la avanzadilla más efectiva del punk de fin de siglo han de mirar hacia otro lado. Breathe (97) -el sonido de espadas pertenece a los magnánimos The Wu-Tang Clan- es un apretón inmisericorde de testículos. El nuevo y último maxi no sólo llega a la cima de ventas en Gran Bretaña; en España, lugar donde los singles no salende las cubetas ni regalados, dicha canción ha alcanzado cifras deventas sorprendentes. Huelga apuntar, entonces, que el inminente álbum de The Prodigy, The Fat of the Land -a finales de junio estará en vuestras manos- puede establecer un punto de inflexión en la titubeante relación que el gran público y la música electrónica habían mantenido hasta ahora. Una versión de Fuel myfire de las sublimes L7 -su último disco, por cierto, es sensacional-;las aportaciones vocales de MC Kool Keith (Dr. Octagon) en la canción Diesel Power y de Saffron -exquisita vocalista de Republica-en la mencionada Fuel my fire; los samples de Beastie Boyse n Funky Shit y los extractos de la banda sonora de Desafío Total en en Smack my bitch up; y la composición compuestaa medias con Crispian Mills de Kula Shaker -Western sun- son algunos de los ingredientes que conducirán al nuevo bofetónde Prodigy allí donde más duele. Nosotros, por si acaso, ya tendremos la mejilla preparada.