Cuello lo han vuelto a hacer. Los valencianos entregan otra estupenda colección de canciones apenas un año después de la anterior, sin bajar un milímetro el listón cualitativo. “Trae tu cara” (B-Core, 15) es otra declaración de intenciones de una banda que sabe trasladar a los discos la energía de su directo como pocas.

Tres elementos de los considerados históricos dentro de la música underground valenciana, Nick Perry (Jackson Milicia, Tucán, Ape, Perry y Bonete, Obleans y actualmente en Flipping Colors), Óscar Mezquita (Derrota, Zanussi) y Ubaldo Fambuena (Tracahombres), decidieron embarcarse en un proyecto de guitarras melódicas que le rondaba por la cabeza a otro clásico del panorama musical por estos lares, José Guerrero (Zener, Orquesta del Caballo Ganador), una banda más pop (aunque como los susodichos provienen del punk y del rock más gamberro, así ha salido) que las otras en las que ya estaba embarcado (Betunizer, Jupiter Lion, Rastrejo o su proyecto más reciente en solitario, Segunda Persona). Corrían los últimos estertores del año 2011 y el resto es historia: cuatro años de vida, muchos conciertos en garitos por todo el país y tres discos memorables: “Mi brazo que te sobre” (13), “Modo Eterno” (14) y el recientemente editado “Trae tu cara”, todos ellos publicados por BCore. Aunque todas sus grabaciones siguen la misma pauta guitarrera, acompañada de unas letras a veces inconexas, siempre irónicas, sugerentes y ácidas, en esta nueva grabación se realzan unos coros (quizá buscando la esencia más pop), que encajan perfectamente y acentúan, aún más si cabe, el empuje de un grupo que hace de sus directos una fiesta ideal para “agitar nuestros cuerpos espasmódicamente al compás…”. Y como todo tercer disco de cualquier grupo, se supone que será el de su consagración, o al menos el que les mantenga en el candelero. “Yo lo veo más como la continuidad de una obra. Para mí todas las canciones y discos son igual de importantes”, comenta Jose Guerrero. Grabado, al igual que los anteriores, en los estudios Sountess de Pablo Peiró, su compañero en Betunizer, se diferencia de sus otros trabajos en la forma de grabarlo (batería y bajo por un lado, guitarras por el otro), sin que se haya perdido la frescura del directo (su mayor baza). De hecho, siguen siendo fieles a su sonido característico y fácilmente reconocible. “Los temas tocados en vivo no se diferencian mucho del disco, porque el rock, en general, es una música hecha para el directo, y cuando lo grabas tratas de buscar algo parecido. Y supongo que si la gente va a los conciertos es porque le gustan las canciones y el grupo. Pero mejor habría que preguntarles a ellos…”.

Al contrario de lo que ocurre con Betunizer y Jupiter Lion, que son proyectos más participativos, donde todos los miembros colaboran, en Cuello la composición corre a cargo del guitarra y cantante, fundador también del sello Mascarpone, que edita material de los grupos que más le interesan. “Son bandas totalmente diferentes, pero me gusta cualquiera de las opciones. Creo que es bueno para aprender y llevar tu cabeza a más lugares. Y estoy seguro de que cada una de ellas enriquece a las otras”. Aquí es él quien construye los riffs de guitarra, las melodías de voces y adapta la letra a la melodía. “Trato de que la letra no modifique mucho la melodía, aunque eso no quiere decir que cualquier letra me valga. A veces, es difícil encajar la letra, pero por otro lado, tener que forzarte a modificar una palabra o una frase, estrujándote la cabeza buscando opciones, hace que dentro de la letra aparezcan caminos insospechados que pueden llevarla por otros derroteros e incluso hacerla más profunda que la idea original”. Sin dejar de lado la impronta propia, en este disco se aprecia una consolidación de las guitarras machaconas de Guerrero y los punteos de la guitarra de Ubaldo, a modo de conversación entre ambos, como la mayor diferencia respecto a los anteriores, junto a una mayor presencia de los coros. “Intentas no repetirte, y eso hace que vayas evolucionando, aunque sea mínimamente. Pero para mí es subjetivo ver las diferencias entre un disco y otro. En el caso de Cuello, quiero que lo importante sea la canción, y no si ésta es diferente del resto”. Otra nota diferencial y valiente la encontramos en el último corte del disco, “Aquí tengo tu puente”, un tema interpretado con guitarra, voz y palmas, en el que Jose se ha dejado llevar por sus raíces andaluzas. “Simplemente era una canción que no llegaba a funcionar con banda, por lo que decidí grabarla así. Me gustaba y no quería desecharla. Tiene una rítmica de guitarra un poco ‘aflamencada’, salvando las distancias, así que lo de las palmas podía irle bien”.

Si bien Cuello es una banda de directo, este disco es perfecto para sonar en clubes de cualquier ciudad del mundo, porque aunque cantado en castellano, sus ritmos pegadizos y bailables no desentonarían en Europa. Por eso tienen pendiente su salida a tocar en el extranjero. Posiblemente cosecharían el mismo éxito que en cualquiera de sus extensas giras por el territorio español, aun con la dificultad añadida de tener que compaginar los muchos grupos en los que nuestro interlocutor está metido. “Requiere mucha organización y mucho tiempo, pero se puede hacer. Ahora es mi trabajo y en ello estoy. Aunque hay momentos de locura, que tu pasión sea tu oficio hace que todas esas horas y esos momentos de locura valgan la pena”. Por si no tenía bastante con Betunizer, Jupiter Lion y Cuello, ahora está dándole cancha a Segunda Persona, su nuevo proyecto en solitario. “Tenía algunas canciones compuestas que no veía en Cuello por diferentes razones, así que al final decidí crear algo nuevo, totalmente acústico y sin adornos, lo cual es un reto bastante potente para mí, y además me da la opción de tocar en más sitios. ¡La historia es no parar de tocar!”.