Tras pasar varios días atrapados en los surcos de “Teleiste Mouska”, quedamos con Crudo Pimento en las oficinas del sello Everlasting para que nos cuenten cómo demonios han pergeñado semejante artefacto, contenedor de una riqueza sonora y un ingenio lírico desarmantes, de los que dejan turulato al oyente incauto.

El dúo murciano acaba de terminar una entrevista y revisa tranquilamente algunas publicaciones recientes sobre el primer adelanto de su tercera obra, el single “Pesadilla Rara”. Entre las reacciones de satisfacción de sus fans y de sorpresa de los que no los conocían, hay algo que les llama poderosamente la atención. “¿Que es nuestra canción más pop? ¡No tenemos ni puta idea de a qué se refieren!”. No es fácil ni conveniente intentar etiquetar la música de Crudo Pimento, y menos en singular, pues son tantas las músicas que suenan en su cabeza que resultan incontenibles, estallando en un caos perfecto en el que puedes identificar mil y una fuentes de inspiración de todas las épocas y de todas las latitudes planetarias imaginables, interpretadas además con los instrumentos que ellos mismos construyen. Más de uno lo ha llamado frikismo, pero lo que transmiten es mucho, mucho conocimiento y espíritu aventurero.

¿Hubo algún punto de partida conceptual para el disco?
(Inma Gómez) Al final nuestros discos salen delante de manera muy improvisada, según vamos escuchando cosas que nos gustan y nos inspiran, vamos grabando piezas.
(Raúl Frutos) Sí, depende mucho de lo que estemos escuchando en ese momento. Como tenemos el estudio en casa, hacemos las cosas con tiempo y la inspiración va cambiando mucho a lo largo del proceso. Yo me paso grabando cuatro o cinco horas al día, y voy generando y generando material hasta que después se compila y ordena en un puzzle, un collage, que es el disco.

“El primer disco gustó a blueseros y garajeros, el segundo a siniestros y metaleros… a ver qué pasa con el tercero”

Con lo cual se queda muchísimo material fuera.
(I.G.) Sí, por eso siempre que sacamos un disco también sacamos otro de descartes con todo lo que no ha entrado. Lo colgamos en Bandcamp para que la gente lo descargue.
(R.F.) Otras cosas que no entran las utilizamos en otros proyectos paralelos que tenemos. El caso es estar siempre grabando, generando material.

Siempre son más especiales los discos que se graban así, que los que se hacen en varias sesiones en una o dos semanas, en plan clínico.
(R.F.) Yo me he pasado medio vida grabando con grupos en estudios profesionales, y ha llegado un punto en el que los detesto. A mí eso de estar grabando en una pecera, me mata. A no ser que tengas un montón de pasta y puedas estar grabando tres o cuatro meses, que no suele ser el caso, es castrador.

Grabar en casa también puede tener el inconveniente de convertirse en algo obsesivo.
(R.F.) Más que obsesivo, es enfermizo.
(I.G.) Es justo la palabra que estaba pensando (risas).
(R.F.) Sí sí, yo hay temporadas que a nivel de salud lo empiezo a notar… de no dormir, de estar fumando como un animal y grabando sin parar… Puede llegar a ser peligroso, y se te puede ir la mano. Y puede haber momentos en los que pierdes por completo la perspectiva de lo que estabas haciendo.

Claro, si te viene una idea no la anotas, la haces. Y eso te engancha horas y horas.
(R.F.) Exacto, y este disco es así. La mayoría está casi improvisado, nacido de impulsos así.

Lo que sí está improvisado cien por cien son las letras, algo que no habías hecho hasta ahora, ¿no es así?
(R.F.) Sí, aquí en Murcia tenemos una corriente de folclore, la de los troveros, que hacen eso, repentizar. Está presente en muchas partes del mundo, pero en Murcia también se da. Se canta en formación de cuadrilla, y hay ciertas piezas que se llaman aguilandos murcianos, que se improvisan sin parar, como ametralladoras. Mi padre es trovero y estoy acostumbrado desde pequeño a escuchar música y oír cómo por encima se inventaba una letra sobre una estufa, o un perro que pasaba…

O sea que lo llevas en los genes, como quien dice.
(R.F.) Sí, sí. Digamos que sí. Está relacionado con eso, pero el motivo principal de esta improvisación lírica tiene también que ver con el rechazo a ese tipo de escritura en el que rozas la poesía. Si la rozas se te va la mano y todo queda demasiado preparado. Y así la poesía resulta empalagosa. Prefiero un punto inmediato, casi infantil. Por ejemplo, ahora venía escuchando a Vetusta Morla en la radio del coche…
(I.G.) Joder… a ver qué dices (risas).
(R.F.) ¡No, no! ¡Si no es peyorativo! Hay un trabajo elaborado de las letras, para pulirlas, pero con un punto que a mí me parece demasiado pulido, tan pulido que ya no hay aristas.

La duración de todas las canciones está muy próxima a los tres minutos, ¿hay alguna razón?
(I.G.) Sí. En los conciertos sí que nos explayamos a lo loco, pero en los discos, los dos estamos de acuerdo en que no nos gustan… los rollacos (risas).

La improvisación tiende a alargarse, así que acotarla en tres minutos me parece una idea muy interesante.
(I.G.) Sí, la idea base está ahí.
(R.F.) Claro. La canción te da un sopapo y ¡bum! Se acaba. Aun así, este es el disco en el que más duran las canciones, por el proceso de improvisación a todos los niveles. Las canciones parten de manchas, de instrumentos que construimos, de una guitarra totalmente desafinada… y sobre esas manchas de la primera toma se va montando todo lo demás.

¿Qué instrumentos nuevos habéis inventado? ¿Les ponéis nombre?
(R.F.) No, los llamamos por su nombre, “el palo”, “la lata de pimentón”, y así. Para este disco hemos inventado un nuevo que vamos a utilizar en el directo. Es como una campana tubular, que es como un cilindro de acero con barras soldadas que dan distintas notas, no precisamente afinadas. Está inspirado en un instrumento que se utilizaba en las películas de terror de los años sesenta, que se llama acuófono, pero nosotros lo hemos hecho a una escala gigante. La hice a partir de una campana que usaba en el taller para retractilar plásticos, para darle calor. Y al final se quedó con lo de campana tubular.

Homenaje a Mike Oldfield ahí.
(R.F.) ¡Sí, no lo habíamos pensado! Pero me gusta más pensar en que es un homenaje a Jean Michel Jarre (risas).

¿Qué otros inventos suenan en el disco?
(I.G.) Hemos introducido un teclado que se toca con los pies.
(R.F.) Sí, he tenido que aprender a tocar el teclado con los pies. No sé si esto estaba inventado, pero es que no me quedaba otra. Este disco es un compendio entre instrumentos muy primitivos y desafinados, desquintados, como en la música tradicional fusionado con una forma de samplear como la de J Dilla, que trabajaba con pequeños cachitos cortados, con todos los dedos en un MPC, generando un discurso de pequeños trozos que al final conforman una armonía. Hemos intentando fusionar ese arte, porque creemos que lo que hacía este hombre era un arte, con la historia más primitiva de los instrumentos. Por eso no me ha quedado más remedio que lanzar esos pequeños samples con los pies.

¿Cuándo os empezó a interesar J Dilla?
(R.F.) Hace un par de años. En Murcia ahora hay una cultura de música negra bastante potente, y estamos en contacto con gente del hip-hop, del soul, y lo vivimos a diario. Empezamos a tirar del hilo de la historia del hip-hop y nos pillamos mucho con su evolución. Este hombre llegó a componer piezas armónicas que se acercan a composiciones de compositores clásicos contemporáneos. Quizá no se vea de forma muy clara, pero eso está presente en el método de trabajo que hemos seguido en este disco.

Creo que Kendrick Lamar también te pegó una buena hostia.
(I.G.) Y tanto, fuimos al FIB sólo para verle a él.
(R.F.) Sí sí, eso fue una hostia en toda regla. “To pimp a Butterfly” me dejó loco. Otro artista que me ha saltado las costuras es Thundercat, un bajista que ha hecho cosas hasta con Suicidal Tendencies, ha hecho de todo…
(I.G.) Y también hemos descubierto hace poco a Childish Gambino.
(R.F.) Con Kendrick Lamar se ha creado un hype, parece música destinada al mainstream pero yo le veo un punto experimental, es casi rock progresivo. Es un tío que no tiene miedo. Otro tipo interesantísimo que no conoce nadie y con el que me he puesto en contacto es Daniel Padden, que trabaja con samples de una forma muy arcaica y me tiene sorbido el cerebro. Tiene un disco que se llama “Pause for the jet” que me parece una obra de arte.

Soléis decir que sentís responsabilidad por acercar cosas nuevas a la gente, cosas que se salgan de los estándares.
(R.F.) Sí, es un planteamiento que queda pretencioso si lo decimos nosotros. Pero es que no es algo pretendido, es como una necesidad. Por eso en Murcia seguimos estando en nuestra burbuja. Hay mucha explosión de bandas, pero nosotros con quien nos llevamos al final es con pocos. Gente como Schwarz, y algunos más.
(I.G.) Y por eso algunos festivales nos ven como a perros verdes. Los festivales de garage, de blues y rock’n’roll ya no nos llaman. Se pensaban que lo del primer disco era lo que íbamos a hacer siempre, y no.
(R.F.) Claro, con el primer disco entramos en varios festivales, pero con el segundo todo eso cambió. Se nos acercó más gente del metal y del rollo siniestro. A ver qué pasa con el tercero.

¿Cuándo empezasteis a ser así de “raros”?
(R.F.) Desde que soy pequeño ya me gustaban las cosas raras, siempre he puesto la oreja en lo que no me cuadraba, en lo que me hacía cosquillas. Pero hay una figura capital en mi historia, que es la de Robert Fripp, porque siempre se adelantó veinte o veinticinco años a todo lo que existía.

 

¿No ves a nadie más a su altura?
(R.F.) Sí hombre, podemos hablar de Zappa, de Captain Beefheart, pero también de Bela Bartok.
(I.G.) Me acabo de acordar de que también acabamos de descubrir a Meridian Brothers, unos colombianos que rompen los ritmos, los quiebran, meten ruidos…
(R.F.) Y Exuma, un proyecto que montó un tipo de Bahamas en los setenta, con música tradicional de su país pero bastante oscura y psicótica.
(I.G.) Rollo vudú. Es difícil encontrar el vinilo, y me lo regaló por mi cumple.
(R.F.) Eso guárdalo como un tesoro.

Claro, cuando llegó eMule y tal, os volveríais locos.
(R.F.) Ya te digo, me pasaba madrugadas enteras sin parar de descubrir cosas, picando de un sitio y de otro…

Habéis comentado en alguna otra entrevista que presentís que va a pasar algo interesante a nivel musical con los inmigrantes que viven en Murcia.
(R.F.) Sí, es como si tuviera una espina clavada con ese tema, porque creo que ahí hay un sustrato acojonante para que salga algo increíble a nivel musical. Yo tengo un proyecto de hip hop muy loco con un galés, pero hay gente marroquí y argelina que seguro que está tramando algo por ahí. Lo llevan en la sangre y va a salir, el problema será darle visibilidad. A veces por las calles oyes músicas que cantan entre ellos a nivel privado, y se intuye que están combinando cosas para hacer algo distinto. Donde vivimos hay muchos inmigrantes, y hay una casa en la que siempre nos paramos para escuchar lo que cantan, ahí escondidos detrás de las cortinas (risas). Los blancos no tenemos conexión con eso, y ahí hay un punto de racismo, social e institucional, porque luego nos acercamos a ellos con tópicos.

¿Qué hay del trap? A mí me fascina que algo tan objetivamente espantoso fascine a tanta gente joven.
(R.F.) Mmmmm…. A mí lo del trap es algo que me tiene dividido, tío. Hace poco Javier Arnedo escribió un artículo muy bueno sobre esto. Hay una cultura de gente muy joven que asimila la cultura del dinero, el sexo y la misoginia como algo natural. Musicalmente eso puede ser interesante, pero culturalmente nos choca eso de tratar a una mujer como a una mierda. Ojo, que la corrección política nos toca los cojones. Ahora no se puede decir nada porque te lapidan. Por eso a veces estoy con ellos. Pero por otra parte, choca. Esa cultura de pasta y coños no va conmigo.

¿La portada la ha hecho el mismo diseñador de las dos anteriores?
(I.G.) Sí, siempre trabajamos con nuestro amigo Cascales, porque le podemos dar total libertad con total confianza. Tiene el mismo trastorno que nosotros (risas).
(R.F.) Además, si te fijas también trabaja a partir de manchas que van sugiriendo cosas que confluyen en un mismo punto, como nosotros con la música. Cada vez que hace una portada nueva es como: “Qué cabrón, ha escuchado el disco y ha visto lo que queríamos, es esto”.