Comprobaron el revuelo que había causado Dummy, mentor del llamado trip-hop y piedra angular de la música de fin de siglo, se asustaron, bajaron la cabeza y se echaron a llorar. Sólo así, atendiendo a semejante estado de ánimo, se puede entender Portishead, el sublime retorno de una banda que ha decidido fundamentar su renovación en un tormentoso descenso a los recovecos más desalentadores del hip-hop y del blues. Tres años en el purgatorio han bastado: la bella se ha transformado en bestia.

Han profetizado el día del juicio final. No les quepa duda: “Portishead” (97, Polygram) es la música que acompañará, a lo largo y ancho de una ciudad fantasma, a todos aquellos que hayan sobrevivido al cataclismo e intenten salvar el pellejo entre lluvia ácida, radiación post-industrial, hiper contaminación, mascarillas anti-gas, basura,ratas, saqueos y ultra violencia. Un tremendo ejercicio de visualidad cinematográfica.Si “Dummy” (94, Polygram) devino en el perfecto retrato de ese domingo lluvioso de Diciembre truncado por esa llamada que nunca llega,o sea, en esa agonía esperanzadora, el segundo disco del trío de Bristol es la viva imagen del final de los finales. El destino está escrito: “Portishead” son los últimos cincuenta minutos que escuhará el planeta. Resulta imposible imaginar un más allá después de atender a una obra como ésta. La espera ha merecido la pena. “Estuvimos casi un año promocionando “Dummy” e inmediatamente después volvimos al estudio. El problema es que una vez ahí, las cosas no salieron como quisimos; tardamos muchísimo tiempo componiendo los temas porque no queríamos correr ni hacerlas cosas demasiado deprisa. Por todo ello, hemos invertido dos años para completar el disco. Quizás pueda parecer mucho tiempo, pero creo que éste era el modo como teníamos que hacer las cosas”. Ni Geoff Barrow, híbrido de Kurt Cobain y Jerry Cantrell, ni Adrian Utley, algo así como un capo de la mafia siciliana, encajan con la escalofriante imagen que transcriben sus creaciones y que uno preconcebía.Mejor. El trato personal (ambos aguardan en la terraza de la suite de un céntrico hotel barcelonés -a Beth Gibbons olvíden la:sufre de alergia al papeleo mediático) lo agradecerá.

Como ellos mismos reconocen, “Dummy”, extraordinario cinemascope de hip-hop polvoriento, blues depresivo y jazz futurista, les hizo muchísimo daño. La monumental onda expansiva post-publicación (prensa,ventas, reconocimiento) se apoderó por completo de su corazón;después llegaría a su cabeza. Y de ahí al abismo emocional. “Estábamos frustrados. Básicamente. Cuando volvimos al estudio teníamos una especie de paranoia creativa: nos auto-prohibimos emplear determinados samples, determinados instrumentos, determinadas letras…Dios, era terrible. Por eso hay ese intervalo de tiempo entre “Dummy” y “Portishead”. Barrows, Utley, Gibbons y McDonald (ingeniero de sonido y teórico cuarto miembro) se encerraron en el estudio,discutieron, cayeron en las redes de la frustración, y tras realizar un tormentoso ejercicio de exorcismo interior, llegaron a las once canciones de “Portishead”. Era el único camino posible. Partir del dolor para herir; partir de la exasperación para desesperar;partir de la tristeza para afligir; partir de la ansiedad para angustiar;partir del miedo para aterrar. “Portishead” no es tan sólo un disco: es un estado de ánimo. “Sí, tienes razón.El álbum refleja cómo estábamos en esos instantes.En ningún momento pretendimos plantearnos cómo tenía que sonar el disco antes de ponernos a escribir y grabar. Si a ti te suenaoscuro y claustrofóbico es porque a la hora de componer estábamos absolutamente frustrados. Beth escribió estas canciones porque eran las canciones que necesitaba escribir; y así le salieron. Ella no es como Kyle Minogue, que un buen día puede levantarse y escribir una canción triste porque le apetece (risas)”.

Bristol o el infierno en la Tierra. El primero fue Tricky: del comedido “Maxinquaye” llegó al irrespirable “Pre-MilleniumTension”, sumándole un traumático viaje asceta (NearlyGod) de por medio; Massive Attack han decidido olvidar la accesibilidad de “Blue Lines” y “Protection”, y su nuevo single(Risingson) promete un nuevo álbum cargado de sufrimiento;y, víctima de las circunstancias, Portishead han optado por quitarse la máscara que cubría “Dummy” y nos han enseñado su verdadero rostro: el del dolor. ¿Qué diablos está pasando en Bristol? “A mí me gusta lo que ha hecho Tricky después de “Maxinquaye”. No creo que haya intencionalidad en su cambio ni en el nuestro; antes ya te he dicho que las nuevas canciones salieron de este modo sin habérnoslo planteado anteriormente. Todo depende del estado anímico con el que te enfrentas a la composición.No te puedo hablar de Tricky o Massive Attack porque no conozco el caso,pero sí te puedo asegurar que prefiero “Pre-Millenium Tension”a “Maxinquaye”, y que la nueva canción de Massive Attack también me ha gustado”. O esto, o una claro rechazo a las vías del éxito; no hay más opciones. “No, no creo que “Portishead” ni “Pre-Millenium Tension” sean dos modos de evitar el éxito a toda costa. Te repito que cuando escribimos las canciones no predispusimos nada: salieron como tenían que salir y no hay que darle más vueltas al tema”. Adrian Utley pide turno de palabra: “Nosotros hemos tenido la misma actitud respecto al grupo desde que lo formamos. Cosas como el éxito o las críticas no influyen a la hora de escribir.Es cierto que cuando vimos la repercusión de nuestro primer disco nos quedamos realmente sorprendidos (incluso asustados), pero de ahí a intentar realizar un disco imposible para el público hay mucha diferencia“.

Con “Dummy” llegó el trip-hop (la etiqueta sigue siendo un grano en el culo); y con el trip-hop llegaron Mo´wax y NinjaTune. ¿Influencias de influenciados? “No. A mí, la músicaque siempre me ha gustado ha sido el hip-hop. Mis influencias siempre han sido Run DMC, Public Enemy, A Tribe Called Quest o Gang Starr; y a partir del hip-hop he descubierto otras músicas como el soul, el jazz oel rock. Bajo mi punto de vista, Dj Cam, y todo lo que hace Mo´wax (exceptuando a Dj Shadow) es básicamente trip-hop, no hip-hop. Yaunque no me gusta la etiqueta,prefiero llamarlo trip-hop a hip-hop. Te puedo decir que lo que más me ha influenciado, o lo que más he escuchado este último año es el disco de Jeru the Damajay el último álbum de Radiohead”. Barrows, contundente.Escena actual: “Hay cosas muy interesantes; sobre todo en lo que es la parte Este de Estados Unidos: Wu-Tang Clan, Jeru the Damaja, Mobb Deep…¿La guerra entre costas? No sé que decirte. No me interesa mucho el tema, pero me parece una gilipollez: en ambos lados se hace muy buena música”, apunta Geoff. Y en el otro lado del Atlántico,precisamente, los de Bristol decidieron hacer El Concierto. Acompañados por una orquesta de 30 músicos, Barrow, Utley y Gibbons ofrecieron una de las experiencias sonoras más estremecedoras de la década. “Si, fue una gran actuación. La verdad es que todo salió como quisimos, y la reacción del público fue genial. Nos sentimos muy cómodos haciéndolo”. “No, no creo que podamos repetirlo porque resulta muy caro llevarlo a cabo”. Puro cine. Ya soñamos con su más que posible aportación al celuloide (“si surgiera un proyecto realmente interesante, si alguien nos viniera con un buen guión y buenas ideas, nos encantaría poder realizar el soundtrack para una película; siempre y cuando la producción proviniera de fuera de los límites de Hollywood”). Veremos.Ahora es tiempo de despedirse. Un estrechón de manos, una breve alusión a la Península (“No habíamos venido nunca, pero me encanta su clima y su comida”) y un par de sonrisas (sí, ellos también ríen) hacen el resto.

…Fuera ya del hotel, entre la gran masa y el abrasivo calor barcelonés,el refugio se llama “Portishead”. Es irremediable: entras en contacto con él, te hunde, te maltrata, y tu primera reacción es de rechazo y miedo. Rechazo porque “Portishead” molesta y te lo pone difícil; miedo porque sabes que, pese a todo, acabarás encontrándote con él en la soledad de tu habitación a altas horas de la madrugada, y el impacto volverá a ser traumático.Y justo ahí, cuando la desesperación se transforma en lágrimas y compulsión, el monstruo te atrapa y no te suelta. Y tú,feliz: sabes que has encontrado un disco perfecto. Desde la simple  contemplación de esa inquietante y terrorífica portada a la audición de su contenido: del opresivo hachazo inicial (“Cowboys:” candidataa la mejor canción del año) al llanto del single imposible(“All Mine” es un suicidio comercial); de la decadencia emocional de “Undenied” (uno de los grandes momentos del disco) al aterrador punteo de guitarra de “Over”; del blues descarnado de “Mourning Air” a la fustigación jazz de “Western Eyes”. Dos años de redención, lucha interior y autoindulgencia es el tiempo que ha requerido “Portishead”, el agónico murmullo de una banda que tocó el cielo y que ahora muerde el polvo en el infierno. Eternos.