Como Asesinar A Felipes tienen nuevo disco. Se llama “Elipse” (Kool Arrow/[PIAS], 17) y está producido, una vez más, por Bill Gould de Faith No More. Aprovechamos el lanzamiento para entrevistar a Felipe Metralla, líder del grupo, y al propio Gould, como invitado especial.

Chile es un país particular. Su propia disposición geográfica así lo define, por consiguiente, es un pueblo que soporta la inclemencia de la naturaleza –terremotos, tsunamis, incendios forestales- con alarmante frecuencia. De allí se desprende una asombrosa capacidad para reinventarse y comenzar de nuevo. Casualmente “Comenzará de nuevo” fue el título del cuarto disco de Como Asesinar A Felipes, quinteto oriundo de Santiago de Chile. Aquel disco de 2012 fue el primero del catálogo del grupo que contó con la participación como productor de Bill Gould, bajista y fundador de Faith No More. A partir de ahí, Bill y CAF hicieron piña y lanzaron juntos “V”, epé grabado en Oakland, California en los Estudios de Kool Arrow, el sello propiedad de Gould.

Mañana viernes 6 de octubre lanzan su sexto disco, “Elipse”. Grabado también en los Estudios Kool Arrow y en una sesión continua, “Elipse” eleva sustancialmente aquel concepto de reinvención que la banda siempre ha llevado como estandarte y que se ha evidenciado en cada uno de sus lanzamientos y proyectos puntuales como sus grabaciones con big bands y orquestas sinfónicas. Su propuesta, inicialmente basada en el jazz de comienzos de los sesenta y en el hip hop (con influencia de clásica, progresivo, krautrock e incluso sonidos autóctonos de su país) ha ido enriqueciéndose y buscando caminos siempre interesantes.

En 2015 y luego de una exitosa gira junto a Faith No More por Sudamérica, se alejó del grupo su segundo teclista. Como Asesinar A Felipes pensaron en dejarlo o en empezar de nuevo. Así fue como se gestó el ingreso del saxofonista y flautista Cristian Gallardo. Prescindieron del teclado, un instrumento que estaba completamente incorporado a su propuesta sonora y tras diez años de carrera se abocaron a la creación desde cero. Este proceso de desciframiento del nuevo gen del grupo derivó en “Elipse”, un disco tan perturbador como esclarecedor, una rareza de principio a fin que revaloriza la idea de improvisación. Aquí están Gould y Felipe Metraca, baterista y director musical de CAF, para contarnos cómo fue ese camino.

Bill Gould

¿Por qué crees que CAF es una banda con la que merece la pena trabajar?
Creo que hacen algo realmente diferente. Ellos siguen su propio sonido, no es algo que muchos grupos estén haciendo, es muy inusual. Son incluso distintos para América Latina. Cuando comenzamos las conversaciones, me di cuenta de que los podía ayudar en algunos aspectos. No me gusta trabajar sólo por diversión, soy un tipo bastante vago (risas), pero cuando encuentro algo en lo que puedo ser útil, me gusta involucrarme. Me da energía.

¿Cómo te sientes con el resultado de “Elipse”? ¿Crees que es el disco que define el sonido de la banda?
Estoy muy feliz. Fue un desafío porque es la primera vez que la banda graba sin teclista. También la forma en que fue grabado: se hizo en una sesión continua, de principio a fin, así que lo que se escucha es una sola pieza. Yo nunca había hecho esto antes. Notarás que fue un reto importante a la hora de mezclarlo, porque la música tiene muchos cambios y sonidos. Así que estoy extremadamente feliz con el resultado, creo que es distinto a los otros discos, es bastante más psicodélico y supone un gran paso adelante para ellos. Puedo adivinar que en el futuro seguirán avanzado en distintas direcciones, pero sin duda están en un gran momento.

En este disco le dieron al saxo, su nuevo instrumento, un llamativo protagonismo.
Es que estos tíos no le tienen miedo a los cambios. Me recuerdan a ciertos grupos de San Francisco en los años ochenta en ese sentido. No había reglas, era todo muy punk. Realmente no había una “industria de la música”, eso era lo mejor. La gente tomaba riesgos constantemente y esto es algo que no se ve ahora. Cada generación posterior fue siendo más y más convencional, pero ellos no. Y no lo hacen a posta, simplemente están siendo ellos mismos. Lo hacen con mucha seguridad, y eso es algo extraño. A mí me entusiasma mucho encontrarme con ese tipo de visión.

El hecho de grabarlo de una sola toma, ¿fue una idea desde la raíz?
Sí, vinieron con una idea y una estructura. En Chile ensayaron varios meses esa estructura y la idea de cómo el álbum debía “suceder”, pero también dejaron espacio para la improvisación. Llegaron a San Francisco y el primer día estuvimos en el estudio controlando que todo quedase perfecto para la grabación. Al día siguiente tocaron el disco dos veces y al siguiente dos veces más y ya, de vuelta a Chile (risas) ¡Fue realmente rápido! Pero ellos sabían la estructura y cada vez que lo tocaron sonó muy distinta a la anterior. No sé cómo lo hicieron, porque nunca estuve en una banda que trabaje de esa manera, pero fue muy efectivo. Estaban muy confiados entre ellos.

Así que tienes cuatro versiones de “Elipse”.
Sí, quizá cinco. Es interesante, podemos ofrecer versiones alternativas (risas). Hay diferencias en las baterías, en algunos casos tiene más swing, en otros es más relajada. El saxo es completamente distinto de una versión a otra, Gallardo tiene una técnica asombrosa y toca con gran naturalidad. La sección rítmica es bastante consistente, pero aún así tiene variaciones importantes. Y lo más impresionante fue lo que hizo Koala, que aún cuando sus compañeros variaron su manera de tocar de una versión a otra, él clavó las vocales a la perfección en todo momento. No sé cómo demonios lo hizo. Increíble.

¿Qué es lo que más te atrae de producir bandas de otros países?
Hay dos cosas. Trabajar con buena música siempre es divertido. Y hacerlo con gente que tiene un buen sentido de la camaradería también es genial. Siento que estoy haciendo algo bueno al ayudar a grupos de otros países ya que Estados Unidos exporta la mayoría de su música y no le interesa lo que pasa fuera de sus límites, entonces es bueno intentar nivelar esa desventaja y pelear contra ese tipo de mentalidad.

Veo algunas similitudes entre ellos y Faith No More. En ambos casos se trata de grupos con miembros que tienen distintos tipos de formaciones, otros gustos musicales y que también se unen para crear un sonido único ¿estás de acuerdo?
¡Sí! Estoy de acuerdo y esa es posiblemente la razón por la que conecto de esta manera con ellos. Las similitudes no son musicales, pero sí están en la manera en que diferentes tipos de personas terminan en algo que no habían hecho con anterioridad.

¿Y crees que es importante tener este tipo de configuración dentro de una banda para lograr sonar originales?
No, creo que no. Creo que lo importante está en cómo vas a usar las condiciones que el grupo humano te presenta, tal cual lo haces cuando estás por comenzar a cocinar y piensas qué especias y qué cantidades de ellas vas a usar para llegar al mejor plato posible. Y por supuesto es importante estar en contacto con lo que sientes. Obvio que es importante tener gente para hacer algo genial, será mucho más interesante entre muchos que sólo, pero lo fundamental es que esa gente esté conectada con su voz interior. Creo que no hay reglas, o quizá sí y podrían ser “no pienses demasiado y no quieras ser algo que no eres.

¿En qué otras cosas estás trabajando en estos días y qué planes tienes para el futuro, Billy?
Buena pregunta. Estoy metido en muchas cosas pero cuando me lo preguntan me quedo en blanco (risas). Estoy metido en probablemente cinco cosas al mismo tiempo ahora mismo. Déjame pensar. Bueno, estamos entrando en etapa de mezcla con The Talking Book, el proyecto que comparto con Dominic Cramp y Jared Blum –quien está de invitado en “Elipse”-. Esperamos tenerlo terminado en el próximo mes. Llevamos ya dos años para llegar hasta este punto. No es nada fácil, al menos para mí, avanzar con este proyecto. Es música que requiere mucho tiempo. Pero el proceso está mereciendo mucho la pena. Una vez lo tengamos terminado veremos cómo demonios hacemos para tocarlo en directo, porque la verdad es que es un material bastante loco. También estoy produciendo una película sobre una banda de rock de Afganistán. Es una historia muy interesante. Conocí al director y de inmediato ofrecí mi ayuda como productor. Posiblemente se lance el año que viene. Es la primera vez que hago algo así y aprendí muchísimo, así como pedí consejos a muchos amigos que han hecho esto con anterioridad. La historia es muy divertida y es curioso ver como subsiste una banda de garaje en Afganistán, y los sacrificios que deben hacer para eso. Es fascinante. Me gusta asumir estos desafíos, es lo que me mantiene joven y hace que no me deprima (risas).

Felipe Metraca

¿Cómo definirías “Elipse”?
Este nuevo disco es un viaje psicodélico oscuro. Es importante resaltar que es oscuro porque en hemos ido mutando durante el desarrollo del disco, y no hay en “Elipse” un carácter colorido, como puede adivinarse tras leer que se trata de un disco psicodélico. Tiene mucho peso, mucha densidad, mucho de improvisación también. Nos planteamos tener estructuras de base, pero que fueran flexibles. Eso es nuevo para nosotros ya que siempre trabajamos las composiciones con rigidez, respetándolas a rajatabla. Es alucinante cuando uno está tocando algo y no sabe qué pasará con los demás, así que tiene sus reacciones y devoluciones. Nunca habíamos hecho esto y fue un viaje muy especial para nosotros. “Elipse” es cincuenta por ciento estructura preconcebida y cincuenta por ciento improvisación, mientras que en nuestros discos anteriores manejábamos una proporción de 95% y 5%. Creo que el disco consagra nuestra búsqueda, nuestra forma de trabajar, esto de ser tan obstinados. Como nos dice Billy, nos gusta reinventarnos, nunca estamos cómodos en el lugar en el que estamos. Teníamos un proyecto armado y entonces llegó lo del cambio de formación, así que con la entrada del saxofonista quisimos borrar todo y empezar de cero. De hecho lo hablamos con los chicos y fue como empezar una banda de nuevo. Lograr hacer este disco requirió una cantidad gigante de trabajo, incluso el saxo no era algo que nos convencía al principio.

¿Cómo surge la idea del disco y su concepto?
Nosotros somos totalmente “ensayólicos”, ensayamos muchísimo. En uno de esos ensayos surgió una conversación en la que yo como director musical me puse en la piel de “Mister” y analicé las virtudes de cada jugador de la banda. Con Cristian Gallardo noté que la improvisación se generó de forma muy espontánea, y un día llegó Koala diciendo que quería hablar de la vida, de nacer, vivir y morir y así nos fuimos acomodando unos a otros dentro de la idea. Siempre fuimos fans de los discos conceptuales del rock progresivo y a cada disco que hicimos tratamos de añadirle un concepto. Ese ímpetu es muy notorio en este disco. Para reforzar el concepto, nos planteamos el objetivo de que la música nunca parara, por eso está hecho en una sesión continua.

¿Qué tan complicado fue el cambio de mentalidad al incorporar a Cristian Gallardo?
Fue muy difícil. Musicalmente fue muy complejo. Veníamos tocando desde hacía diez años con el teclado. Llegó un momento, cuando se fue nuestro segundo tecladista, en el que pensamos en parar la banda o seguir, pero para seguir no queríamos que llegara un tercer tecladista y revisar todo el repertorio. Teníamos energía para hacer algo nuevo, así que lo primero que se nos ocurrió fue buscar músicos que manejaran bien los sintetizadores análogicos, los modulares. Hicimos un sondeo, pero no encontramos quien supiera hacer eso aquí. Si Jared Blum viviese en Chile hubiese funcionado perfecto. Ahí fue cuando probamos con Gallardo. De él nos atraía todo el rollo que lleva con los efectos, los pedales, etcétera, no es un saxofonista clásico. Comenzamos a hacer música nueva, pero fue muy difícil. Nos llevó ocho meses de “laboratorio” montar un show en el que toda la banda tuvo que tomar nuevos roles. Spacio, nuestro DJ, tuvo que empezar a tocar en ciertas partes en las que era cien por cien necesario, ya su parte no era tan improvisada o libre. Fue complicado pero hoy en día puedo decir con tranquilidad que la banda es mejor que antes. Somos más interesantes y tenemos más que aportar. Aunque también es verdad que algunos fans duros no nos acompañaron en este cambio y ya no nos siguen. En cualquier caso, lo primordial en este cambio fue haber congeniado muy bien el factor humano: no somos un grupo que se esté haciendo millonario, por tanto es fundamental que las relaciones sean buenas y puedan soportar el trajín de los ensayos, grabaciones, giras, etcétera. Al final eso es más importante que el hecho de que los músicos sean virtuosos.

Habiendo atravesado este cambio con éxito, ¿se puede pensar que el sonido de la banda puede seguir mutando sin límites?
Hay un ADN ahí detrás que pesa: seguimos estando cuatro de cinco integrantes fundadores, quizá sea un comentario que viene muy de adentro, pero así lo siento. Logramos hacer un disco que suene a Como Asesinar A Felipes porque al agregar saxo siempre tuvimos en claro que no queríamos ser la típica “banda experimental con saxo”, como Mr. Bungle, Fulano, Zu, etcétera. Queríamos incorporar este instrumento a nuestro sonido, dándole un enfoque más bien pianístico y no un elemento ruidoso y destacado.

Está claro, el saxo en “Elipse” tiene un protagonismo melódico muy notorio.
Fue la manera de que se metiera profundamente en el proyecto. La idea fue hacer un disco para que se integrase, para que comenzara a ser parte del grupo.

¿En qué forma se involucró Bill Gould en el proceso del disco?
Bill podría ser uno de nosotros, nos parecemos. Es muy respetuoso. No es un tipo que llegue y quiera que las cosas se hagan a su manera. Él se dedica a ser el ingeniero de grabación y a darle a tope a eso. Siempre está muy preocupado por el sonido, le gusta muchísimo producir, es minucioso con la posición de los micrófonos, probamos la batería durante un día entero. Su aporte viene por ese lado, casi nada desde lo musical. Luego cuando comienza a mezclar, vuelve a cambiar todo, se convierte en un cocinero que cambia colores y sabores todo lo que haga falta. Es perfeccionista, pero también deja lugar a lo inesperado, quizá aparece un ruido extraño que no sabemos de dónde vino y, si le gusta, propone dejarlo. Es muy trabajador y organizado.

El disco os aleja aún más del sonido jazz-hip hop para adentraros en terrenos de la electrónica antigua o el krautrock. ¿Cómo se relacionan con las influencias que van incorporando?
Compartimos mucha música entre nosotros, también libros, películas, pinturas… Vamos llegando a las nuevas influencias de manera muy natural. No sé cómo se llamará eso, pero siento que muchas personas en el mundo están conectadas porque tienen influencias y edades similares. A mí me pasó con Jared con quien comenzamos a hablar de The Beatles y nos dimos cuenta de que esa influencia nos llegó de la misma manera: tarde en nuestras vidas, y que nos gustaban las mismas canciones del disco blanco, etcétera. Siento que hay muchas conexiones que se dan por lo que está pasando en el mundo, una suerte de simbiosis entre personas de distintos orígenes. Esto debe tener un nombre, sé que no es una teoría muy original (risas). Por ejemplo nuestra relación con el jazz va cambiando también. Cuando comenzamos estábamos muy metidos en el “Kind Of Blue” y la obra de McCoy Tyner, y diez años después viramos a lugares que tienen conexión con lo que Miles Davis hizo diez años más tarde de “Kind Of Blue”. Creo que son búsquedas naturales cuando uno quiere llegar un sonido novedoso.