Mientras algunos les descubrieron con “Infinite Arms”, otros consideraron que habían dado forma a su peor disco. De todos modos, tanto unos como otros están esperando expectantes la publicación del cuarto disco de la banda. “Mirage Rock” no sorprende en exceso, pero tampoco defrauda. Y eso ya es.

Para los amantes del rock de raíces americanas, el de Band Of Horses debería ser uno de los lanzamientos más esperados del otoño. Desde sus inicios con “Everything All The Time”, los de Seattle han ido construyendo una carrera sólida y cada vez más popular gracias a involuntarios pero inevitables hits como “Laredo”, de su último trabajo “Infinite Arms”. Tras dos años de pausa, “Mirage Rock” debe ser recibido como lo que es, una continuación lógica a una carrera en auge. El título elegido para su último disco suena casi a nuevo género musical, pero para ellos no es más que una forma “graciosa” de restar importancia a lo intensa que pueda resultar su música. “Me pareció divertido partir del término ‘garage rock’, ya que la mayor parte de mis canciones las compongo en un garaje bastante apestoso, cambiándolo y añadiéndole el punto de vista del espejismo. Es decir, en la distancia, nuestras canciones pueden dejarte intrigado y hacerte suponer que a medida que te acerques vas a encontrar mucho más, pero si llegas lo suficientemente cerca te das cuenta de que no era para tanto. Así que el título es solamente una manera sensiblera de decir que no hay tanta sustancia en mis canciones… resulta gracioso, ¿no?”. Ben Bridwell (guitarra y voz) se contesta a sí mismo con unas risas ahogadas al otro lado del teléfono, contagiado de un frenesí que no sabemos si es habitual en él o provocado por todo esto de la promoción. Durante los quince minutos de conversación parece casi obsesionado en restar dramatismo e intensidad a su música, logrando un discurso alternativo a la misma bastante curioso, porque, sintiéndolo mucho Ben, no hay nada gracioso en “Mirage Rock”, aunque sí alguna sorpresa. Quien hasta ahora sólo haya escuchado el single de presentación del álbum, un trallazo de tintes épicos bautizado como “Knock Knock”, sin duda habrá apostado por un cambio de rumbo hacia sonidos más enérgicos y eléctricos en detrimento de su habitual filosofía melancólica y acústica, pero la sorpresa no es tanta. Escuchado en su totalidad, “Mirage Rock” expande sus sonidos, pero permanece fiel a la senda trazada hasta ahora. Son buenas noticias, el de Band Of Horses supone, desde su inicio, un personalísimo estudio de la tradición sonora americana, reinterpretada sin estridencias pero con convicción, lo cual no les convierte en los más originales de su promoción, pero les aleja de odiosas comparaciones con bandas como Wilco o My Morning Jacket. “Creo sinceramente que hemos logrado un sonido más crudo que no teníamos en ‘Infinite Arms’, aunque quizás no hasta el punto que el single puede hacer sospechar. ‘Knock Knock’ es la canción más radiable de todo el álbum y es lo que tanto nosotros como nuestro sello queríamos lanzar al mundo como primer impacto. La radio sigue siendo un medio muy importante para llegar a la gente, sobre todo a aquellos que aun no están familiarizados con la banda”.
Tanto para los nuevos como para los viejos fans, el mensaje del grupo parece claro. “Si hay alguna idea en este disco es la de volver a una forma directa y sencilla de hacer las cosas, grabando en una habitación, en directo y sobre una cinta y dejándonos la piel por una producción absolutamente genial”. Genialidad que, por primera vez en la discografía de la banda, no lleva el nombre de Phil Ek. En esta ocasión, le han sustituido por Glyn Johns, célebre por haber trabajado con gente como The Beatles, The Clash o Led Zeppelin, entre muchos otros, y al que ya se ha achacado gran parte del mérito de la energía que desprende “Mirage Rock”. “Necesitábamos un nuevo enfoque para mantener nuestro sonido fresco y desafiarnos a nosotros mismos. Después de lo tediosa que resultó la grabación de ‘Infinite Arms’, era fundamental para nosotros encontrar la manera de simplificar el proceso. Conocíamos la forma de trabajar de Glyn, en análogico y con la banda en directo, y era exactamente la dirección que nos apetecía tomar en este momento. Por supuesto, el hecho de que él también quisiese trabajar con nosotros no dejaba lugar a dudas. Glyn fue decisivo en todo, desde ayudarnos a elegir las canciones que grabamos a guiarnos con cada arreglo, cada botón a apretar o cada micrófono a colocar. Su papel es fundamental en el resultado final del disco”. Ni una sola mención a Phil Ek y varias referencias a “Infinite Arms” con el apelativo de “tedioso” parecen indicar que el líder de Band Of Horses está más cerca de los que opinan que su anterior trabajo, a pesar de su popularidad, no es el mejor. “El resultado final de un disco depende del proceso de grabación y este ha sido relativamente fácil comparado con los anteriores. Grabamos todo rápidamente y en directo, sin tiempo para caer en sobreproducciones. La grabación de ‘Infinite Arms’ acabó resultando tediosa y eso afectó al resultado, mientras que en este disco todos hemos mantenido un rollo relajado y divertido”. Menos épica y menos himno, más crudeza y ruido. Pero sobre todo, la misma emoción, honestidad y garra que les lleva conduciendo desde el 2005 a convertirse en uno de los grandes nombres del sonido americana. Si además ahora se divierten, poco más podemos pedir. Bueno sí, que incluyan a España en su próxima gira europea.