Para su tercer lanzamiento, “Solos” (Subterfuge 16), el alias musical de Guillermo Galguera se abre en canal con el antes, el durante y el después de una ruptura amorosa. Y  se adentra en un terreno nuevo de la mano del productor Ed Is Dead en el cual el vallisoletano por fin se siente como en casa.


Del espíritu cinematográfico y simbólico de “El valle invisible” (2013) has pasado a un álbum totalmente autobiográfico y transparente. ¿Fue la ruptura de la que versa el disco el detonante?
Yo ya había empezado a componerlo antes, pero al producirse la ruptura me volqué más en el disco.

Por el tono de las canciones que parecen el “antes de”, las cosas ya no iban bien…
Eso parece, lo que pasa es que yo no era consciente de lo que pasaba. Yo las componía en mi casa, estaba con mi pareja. De hecho, el título ya lo tenía pensado antes. Luego fue muy curioso. Lo cierto es que es muy autobiográfico, y ahí me he metido en un lío de la hostia, porque está muy bien sacar lo que tienes dentro, pero ahora toca hablar de ello, y hace un año que pasó. Es una movida, porque algo que no pensé yo en ningún momento es que la otra persona puede leer cosas que igual no le gustan… Si hablamos de sonido, casi mejor.

¿Alguna vez te ha dado reparo abrirte en canal en una canción? Pensar que luego vas a cantarla delante de mucha gente…
No lo pienso. En todo compositor, ya sea literario, de cine o de cualquier tipo de arte, siempre hay parte de ficción, de mentira y de realidad, imprimes ahí parte de tus vivencias. En “El valle invisible” a lo mejor había un 80% de ficción y un 20% de realidad, y en este es al revés. Yo no había contado con ello, pero es que no había otra opción, era lo que salía. Yo lo estaba pasándolo realmente mal y era eso o seguir mal. Y ahora toca hablar de ello, cantar sobre ello.

El contraste está presente en todos los aspectos del disco (portada, sonido, canciones). ¿Ha sido una decisión meditada?
Todo, tanto antes de que sucediera como después. Ha ido todo muy rodado, se han alineado los astros para que el disco fuera así.  El título del disco, “Solos”, es un palíndromo, se lee hacia un lado y hacia otro, y a mí esas ideas de círculo, de bucle, me gustan mucho. No hay principio, no hay final… esas cosas.

Y el giro estilístico, ¿también vino de una epifanía? ¿O era un campo que llevabas tiempo queriendo explorar?
Cuando yo empecé con Bravo Fisher!, solo quería hacer canciones, no tenía claro lo que quería hacer. Lo que salía era pop electrónico que, cuando me di cuenta, no reflejaba mucho lo que yo escuchaba, se me comparaba con grupos que yo no escuchaba nunca… Tenía ganas de acercarme a lo que yo escucho desde hace mucho tiempo, y las canciones las tuve que trabajar mucho. Por una parte, me tuve que decir a mí mismo, “haz lo que quieras, siéntete libre”, y eso me costó porque estaba un poco encasillado en componer estrofa-estribillo, indie-pop. Tuve un largo debate conmigo mismo. Fue eso, sentirme libre a nivel compositivo y armónico, y así surgió “Solos”.

¿Quizás ya te has visto con la confianza suficiente para dar este paso y hacer algo completamente diferente?
Era el momento. Era el tercer disco, que suele ser un poco clave. Es el momento en el que empiezas a tomar conciencia de dónde estás, lo que quieres, ya te has metido en el mundo musical, puede que estés cómodo o incómodo… Yo estaba cómodo, porque estoy logrando cosas, pero siempre he estado un poco incómodo en el sitio donde se me encajonaba. Es la apuesta, alejarse un poco de las convenciones, mezclar inglés y español, hacer lo que quieres.

El Dj, productor y músico Edu Ostos, alias Ed is Dead, te ha ayudado a encontrar este nuevo camino.
Yo lo tenía claro, para grabar el disco necesitaba a una persona que tuviera esa misma mentalidad abierta y que estuviera más metida en el mundo de la electrónica más fina y elegante. La verdad es que Edu es de los productores que más controlan estas historias en España, y con Subterfuge lo vimos claro. Fui con 15 canciones al estudio y las trabajamos todas. Al final, unas han sido muy fieles a mis maquetas y otras tienen un poco más el carácter de él. Cuida el sonido de cada elemento de la canción hasta el último detalle, y esa producción limpia y clara que a veces se rompe y se distorsiona está muy presente.

Nos pasaste una lista muy interesante de artistas que te habían servido de referencia para el disco: James Blake, Grimes, Jamie XX
A mí me gusta la electrónica, pero me tiene que contar cosas. El techno está guay pero no me emociona. Tiene que tener algo de letra, una buena melodía, un buen cantante… la música me tiene que emocionar. Y me hace gracia, porque “El valle invisible” es muy festivo, pero las letras ya iban por otro lado, y la gente tiene una idea de que va a un concierto de Bravo Fisher a dar saltos, y eso está fenomenal, al final son ellos los que mandan, pero creo que ahí ya en este no sé cómo se lo van a tomar. El 90% de las canciones que escucho son de emociones fuertes.

“[El productor Ed Is Dead] cuida el sonido de cada elemento de la canción hasta el último detalle”

¿Cuál dirías que es el más importante para ti de cara a “Solos”?
Los gustos del oyente cambian muy rápido, cada vez más. Los que no son artistas igual piensan que nosotros no cambiamos, y cambiamos un montón. Igual dentro de dos años me apetece volver a la acústica. James Blake siempre me ha gustado un montón y por fin he podido hacer algo, pero no hay un artista, no es un disco de James Blake, John Talabot o Jamie XX, por supuesto. Fue un poco el conjunto de cuatro artistas que escuché mucho durante dos años, esto es lo que me mola. “El valle invisible” fue una cosa, la idea que tiene la gente de Bravo Fisher probablemente no sea este campo, pero es lo que yo escucho y, ¿por qué no ir un poco más allá? Al campo que no es para todos los gustos, ni para todas las horas, hay que tener más paciencia para entrar en sus discos… es una música menos comercial.

Llama la atención lo minimalista de las canciones, empezando por el título. De una sola palabra, pero cargada de significado (Luto, Fuego, Frío…).
En “El valle invisible”, además de que las letras ya eran algo tristes pero estaban envueltas en una música alegre, eran muy largas. Aquí las letras son muy repetidas, a modo de bucle. Mi intención era contar con lo mínimo, transmitir los bucles que tenía yo en mi cabeza en esos momentos que estaba pasando, frases e ideas cortas.

¿Cómo te has sentido al liberarte del proceso de composición al uso? Pasas de una frase que domina una canción a una narrativa más completa, como “Despídeme”.
Me he sentido guay, aunque, como te contaba antes, el debate interno fue duro. No me salía nada como el disco anterior. Lo intentaba, pero no me salía nada bueno y soy muy crítico con mi trabajo. Por eso he tardado tanto. Una vez decidí que iba a hacer lo que me diera la gana, lo veo claro, a partir de ahora va a ser así, lo que me salga en cada momento. Si no tiene estribillo, pues no hay estribillo.

Y aunque mezcles con el inglés, ¿ya te sientes cómodo del todo con el castellano?
No, aunque me siento más cómodo ahora que cuando lo compuse, porque ya lo hemos tocado en directo. Componer en español es el horror. Me parece muy difícil que no quede manido o flojo, me cuesta. El castellano me parece muy poco musical para la historia que yo quiero hacer. Pero como a mí me gustan mucho los retos, pues sigo ahí, dale que te pego. Y me apetecía intercalar con el inglés, por probar. Lo hace C. Tangana, que es una música totalmente distinta a la mía, pero me gusta mucho cómo lo hace él. Y Empress Of, tiene las canciones en inglés y en español, y eso es algo que he pensado hacer.

El disco empieza con “Luto”, donde dices “El tiempo ha muerto” y acaba con “Solos” donde cantas “El tiempo es nuestro”. ¿De la ruptura hacia el origen, o al revés?
Mi historia es la mía, lo que me ha pasado a mí, pero en el momento que lo pongo en un disco, la gente la hará suya a su manera. Tal como yo diseñé el disco, la primera canción es la ruptura, viene el duelo y lo vas a pasar fatal. El resto son flashbacks. Y el final es abierto a libre interpretación. Mira, mi padre es escritor, y su libro favorito es “El Quijote”. Cuando yo lo leí, con 14 o 15 años, me dio pena el final, y yo no entendía cómo le podía gustar una obra tan triste. Él me decía, “¿Sabes lo que tienes que hacer cada vez que leas “El Quijote”? Volver a empezar”. Supongo que el disco es un poco así. La vida está llena de bucles, de círculos.

Con el disco ya hecho, una gira en mente, ¿qué te gustaría conseguir con este tercer trabajo?
Quiero ir a Sudamérica, lo estamos mirando. Yo me empeño en cosas, no tienen por qué tener ninguna lógica o ninguna razón, ni es porque me vaya a ir mejor como artista. Quiero ir, y hasta que no vaya, no pararé. Y espero que a la gente le gusten las canciones, que se emocionen.

Es tu segunda aventura con el apoyo de Subterfuge.
Ahora el apoyo de un sello discográfico es indispensable. Puedes tirar para delante con internet y redes sociales, autoeditándote y tal, pero es complicado. La labor de un músico es componer, ensayar, tocar e ir de gira. Todo lo que está alrededor (management, edición), ahí creo que los grupos se pierden un poco. Para mí es necesario contar con un sello, y más con Subterfuge, que llevan más de 25 años en esto.

Este año han salido muy buenos discos. ¿Cómo lo ves desde dentro? ¿Crees que se está reavivando la industria y la música en directo?
Habrá gente que se enfade conmigo por decir esto, pero no escucho casi nada en español, ni sigo a los grupos del indie nacional. Respeto, porque son compañeros de profesión, pero no es lo que escucho ni lo que pincharía. Tampoco sé si me pincharía a mí, eh, no lo he hecho nunca. Hace muchísimos años me gustaban Maga, tenían unas letras impresionantes, e Iván Ferreiro. Ahora me gusta El Guincho, porque desde el principio ha tenido un sonido más internacional y alejado de los convencionalismos. C. Tangana me gusta mucho, y canta en español, pero, en general, me pierdo un poco. Y me encanta Triángulo de Amor Bizarro, sus canciones me llegan como oyente, el último disco más aún.

Soy bastante crítico, pero veo que girar por salas para un grupo a veces es hasta costoso. No se vive de las salas, sino de los festivales, y me da la impresión de que lo poco que escucho es de gente que compone para festivales. Probablemente por eso escuche menos música española. Hay que comer, pero componer para poder petarlo en un festival, no sé… Yo voy a festivales como público y no me acaba de gustar la actitud que veo. Hay una batalla por entrar en los festivales y en las composiciones se nota, bastante, y eso es un poco negativo. Al final todo el mundo suena igual y no enriquecen mucho al indie español. Es mi opinión.