Bomba Estéreo acaban de editar su quinto disco “Ayo” (Sony, 17) y con él seguro que va a aumentar su popularidad. Por lo pronto ya lo andan presentado en salas y festivales con gran “éxito”. Y esa “mágica” palabra parece que los persigue con cada uno de sus discos y sus rítmicas canciones.

Primero fue con “Fuego”, esa cumbia electrónica que reventó las pistas de baile de medio mundo. Después enamoraron al mismísimo Barack Obama que los elogiaba por el vídeo de su canción “Soy Yo”. Posteriormente fue el celebre Will Smith quien les pidió cantar, ¡y llevaba diez años sin hacerlo!, en una nueva remezcla de otro de sus hits, “Fiesta”. Y ahora son Arcade Fire quienes se sintieron fascinados al verlos en directo y les propusieron que abrieran algunos de sus conciertos en Europa y en su próxima gira latinoamericana.
En algo más de diez años los colombianos se han ganado a pulso esas recompensas. Gracias sobre todo a esos singles rompedores que mezclan con inteligencia y buen gusto raíz y electrónica, o sea champeta y cumbia, con pop, rock y montones de beats. Y también por sus vitalistas directos que se han podido disfrutar en los más importantes festivales de todo el mundo, desde el Sónar barcelonés al Lollapalooza americano, del Glastonbury británico al Fireboll sudafricano, y en todos el público se ha dejado llevar por sus exuberantes ritmos.
Justamente hace unas semanas presentaron ese quinto trabajo en Madrid y Barcelona con sendos triunfos. Junto al dúo de componentes original, esto es Simón Mejía, compositor, bajo y programaciones, y Liliana Saumet, letras, imagen y voz, se les unen en directo tres cómplices músicos. Andrés Zea a la batería, Jose Castillo a la guitarra y Pacho Carnaval, todo un showman, a las percusiones y flauta de millo.
Justo al día siguiente de su concierto en Barcelona nos citamos con Simón en su hotel. Cuando llega al hall, se sienta y se hunde literalmente en un sofá, como queriendo desaparecer. Y es que la gira está siendo intensa, casi sin fechas libres y donde cada concierto parece exigirles cada vez más. Para empatizar con él, le digo que sé que lo qué peor se lleva de una gira, donde se suceden los conciertos y los viajes, es contestar una y otra vez a las mismas preguntas. Me asegura que sí, pero como buen profesional que es, me dice que todo lo que rodea a un grupo forma parte de un trabajo y en él siempre hay cosas menos agradables.

¿Y qué es lo que más te gusta de ese trabajo?
Personalmente me encanta el aspecto de la creación musical. Encerrarme en el estudio para mi es algo totalmente intimista que siempre hago solo. Liliana y yo trabajamos por separado. Ese es el punto de partida de las canciones de Bomba Estéreo, empieza con la música y nace así, sin músicos ni nada, completamente solo en mi estudio. Eso lo disfruto mucho.
Para mi el arte tiene mucho de eso, esa intimidad que luego se abre hacía el mundo.
También me gusta mucho cuando le enseño esas músicas a Liliana. Tenemos una sensibilidad común y no hace falta que le diga de qué me gustaría que hablaran. Después, cuando vamos al estudio con los productores y los músicos, el equipo empieza a crecer, llegan más ideas y la creación se hace más colectiva. Porque nosotros no nos consideramos músicos, técnicamente, somos más artistas que tenemos ideas y los músicos nos ayudan a toda esa parte técnica y a armar las canciones. Luego llega la presentación al público que es otra parte que disfrutamos mucho porque te encuentras con reacciones inesperadas de cómo la gente recibe tu música.

O sea que disfrutas también de los conciertos
Sí. Un show en vivo es algo muy potente, un cambio de energías reciproco. Es una manera de nivelar toda la virtualidad que vivimos en las redes. Creo que por eso afloran los festivales, porque la gente necesita salir de sus pantallas, escuchar y ver a sus artistas en directo y vivir una experiencia. Ese es el poder de la música, algo que nace de la intimidad, llega a muchísima gente que lo convierte en algo suyo.

Imagino que los encuentros con otros músicos afines en el camino es algo reconfortante también. A pesar que sois de nacionalidades completamente distintas, yo siempre os he relacionado con grupos como Balkan Beat Box o Skip&Die.
Somos buenos amigos de esas dos bandas desde hace años. Y sí, ellos tienen un proceso musical parecido al nuestro. Justo en este disco se dio la posibilidad de trabajar con BBB y llevábamos mucho tiempo intentándolo, así que todos nos alegramos.
Curiosamente en este disco pasaron muchas cosas por “casualidad”. Las dos primeras canciones que hicimos del disco fueron “Duele” y “Siembra”. La melodía que hay en “Duele” suena a Oriente Medio, como de Armenia, pero está interpretada por un instrumento folklórico colombiano que es la flauta de millo. Al poco tiempo surgió la colaboración con BBB en el tema “Química” que también tiene esos aires melódicos, pero no fue que dijéramos que en este disco íbamos a experimentar con esos sonidos, simplemente surgió.

He leído que decíais esto sobre “Ayo”: “Una ceremonia espiritual abrió el camino hacia la construcción de sus canciones y eso hizo que nos conectáramos mucho más con las raíces caribeñas de Bomba Estéreo”. ¿Puedes explicarlo?
Sí que hubo una ceremonia, pero no hubo sustancias de por medio, fue un ritual de meditación y también de conversación.
La mitad del disco lo hicimos en Santa Marta, una ciudad de caribe colombiano, en el norte, de donde es Liliana. Detrás de Santa Marta está la Sierra Nevada de Santa Marta, que es el sistema montañoso litoral más alto del planeta. Es un lugar muy power y muy espiritual, donde desde hace siglos hay unas comunidades indígenas pre-coloniales que han sobrevivido ahí. Ellos tienen unas creencias muy fuertes sobre el universo y la Tierra, una cosmogonía muy interesante porque consideran que la sierra es el corazón del mundo. En su visión, ellos son los abuelos de la humanidad y nosotros los hermanos menores.
El pico más alto tiene nieves perpetuas y está muy cerca del caliente mar Caribe.
Allí hay un estudio de grabación de un amigo estadounidense que dejó Nueva York, se fue a vivir allí y montó el estudio. Muchos grupos han grabado en esos estudios, como Systema Solar o Toto La Momposina.
Nosotros queríamos hacerlo también y para ello pedimos permiso a los lideres de las comunidades indígenas para poder hacerlo. De ahí la ceremonia espiritual que de alguna manera nos limpió para empezar nuestro proceso creativo.

Sin embargo el título es una palabra que no aparece en ninguna canción del disco.
De hecho el nombre sí que tiene que ver con la Sierra Nevada de Santa Marta. “Hayo”, con “h” es una mezcla de hojas de coca y sales que mascan los indios de allí, su planta sagrada.
De alguna manera quisimos hacer un homenaje a eso, pero no queríamos armar una discusión, porque se iba a hablar de la coca y no se trataba de eso. También nos gustó mucho porque es una palabra abierta y suena a algo luminoso, a alegría. Para acabar de confirmarlo, cuando trabajamos la segunda parte del disco en Los Ángeles, mientras grabábamos una de las canciones, el productor le dio ese título sin ninguna razón. Le preguntamos y dijo que no sabía por qué lo hizo. Y así se quedó.

Personalmente me encanta el inicio del disco con “Siembra”, un tema medio experimental y que enlaza con “Vuelve” que cierra el disco. Creo que es algo diferente a todas las otras canciones que habéis hecho. Aunque me recuerda a “Raíz”, un tema del disco “Amanecer”.
Es que “Raíz” cierra “Amanecer” y quisimos que enlazara con el principio de “Ayo”. Son temas que tienen un fondo de música tradicional. Justo en ellos trabajamos con un músico colombiano que se llama Teto Ocampo, que tocaba con Carlos Vives, que es muy interesante. Él ha trabajado mucho en la renovación de las músicas colombianas. Es un multiinstrumentista, toca guitarras, flautas y se encargó de los arreglos de cuerda.

En este disco trabajáis bastante con champeta, que en el sonido de las guitarras recuerda mucho al soukous africano.
La champeta es la asimilación del soukous y el highlife africano que sucedió sobre todo en Cartagena de Indias. Eso empezó en los años 70, cuando llegaron discos africanos y de EEUU de disco y funk. Todo eso mezclado se escuchaba en los sound system, que en Colombia se llamaban “picós”. Como en Colombia hay tanto músico talentoso, se empezó a versionar esa música, le metieron unos teclados con beat, tipo Casio, y así empezó la champeta que es una muy música popular en la costa del Caribe.
Nosotros venimos haciendo champeta desde el primer disco. Piensa que si bajas de tempo la champeta y mantienes la cadencia, se convierte en reggaeton.

Para mi tenéis una capacidad impresionante de hacer temas redondos. ¿Os resulta fácil?
Lo que nos ocurre es que a los dos nos sale de forma natural. Aunque sea fuerte decirlo así, son como vómitos. Sale de la barriga, no es nada estructurado. La parte lírica es siempre muy inmediata, Liliana capta enseguida la idea de la música y todo se ensambla de una manera muy orgánica. De alguna manera es como la tradición del folklore donde las letras salen casi sin trabajarlas.

El que Obama se interesara por una canción vuestra, que Will Smith quisiera cantar con vosotros o que Arcade Fire os eligieran para telonearos, ¿se ha notado en vuestra popularidad?.
Sí, mucho. A Obama no lo llegamos a conocer, a Will sí. Ambos nos ayudaron mucho porque puso a la banda en ojos de mucha gente, que de otra forma no hubiera sido posible. Will Smith nos puso en su nivel y visibilidad y gracias a él mucha gente supo en EEUU que existe un país que se llama Colombia y que allí hay una banda que se llama Bomba Estéreo.
De Arcade Fire lo que más me impresiona es ver como la música ha cambiado tanto. Que una banda de rock indie, entre comillas, porque ellos también están haciendo cosas diferentes, no solo rock, elijan a una banda latina para que abran su show, es porque algo está cambiando. Es como si los géneros musicales se estuvieran difuminando cada vez más. Ahora unos hacen música electrónica y añaden música africana, o meten reggaeton, hacen rock y les ponen percusiones del Caribe. Todo está entremezclado y eso me parece interesantísimo para la música.