Son el eslabón perdido entre la revisión setentas de cacharrería de The White Stripes y los viajes interestelares de The Mars Volta. Su sonido es comparable al de un mamut que, tras años de hibernación, rompe el hielo lanzando alaridos. Su álbum de debut, “Wolfmother” (Universal), una verdadera joya. Quédense bien con su nombre, porque dentro de nada todo el mundo querrá haberles descubierto.

Wolfmother es una banda de rock australiana con serias posibilidades de ser muy grande. En su país son un auténtico fenómeno que comenzó llenando auditorios antes de tener contrato discográfico. Nuestro encuentro con Andrew Stockdale (voz y guitarra), Chriss Ross (bajo y órgano) y Myles Heskett (batería) tiene lugar en Londres, ciudad en la que actúan por primera vez esta noche. Están sentados en las escaleras de la sala de conciertos Scala bebiendo tres tristes cafés en tres tristes vasos de plástico. Parecen muy relajados (cual sería mi sorpresa al redescubrirles en directo), especialmente Stockdale, quien contesta a mis preguntas con exagerada lentitud clavando sus profundos ojos en mí. “No estamos inventando nada, no somos pioneros, pero tengo la sensación de que estamos redescubriendo el rock´n´roll”. Treinta segundos después estalla en carcajadas. Heskett añade con algo más de cordura: “Estamos aquí para celebrar la música y el poder comunicativo de la misma”

Estos tipos parecen directamente salidos, si no de otro planeta, de otra época. Su espectacular disco de debut, “Wolfmother”, es un compendio de hard-blues y psicodelia que hace pensar en nombres del tamaño de (agárrense los cinturones) Black Sabbath, Hawkwind, T-Rex o Led Zeppelin, influencias que por edad (apenas llegan a los veinticinco) no deberían corresponderles. “Casi todos los grupos de los sesenta y los setenta son un referente para nosotros. En esa época las bandas sonaban peligrosas, reales. El rock es el sonido de la rebelión. También escuchamos mucha música de los ochenta y de los noventa, pero el rock & roll nunca ha sonado como en esa época… ni se han hecho canciones tan increíbles. Desde The Beatles hasta Iggy Pop. Cuando tocamos, cuando cantamos, intentamos trasmitir esa misma energía a la gente que nos escuche o venga a nuestros shows. Ese es el sonido que amamos y los discos que más nos gustan y nos inspiran”. Stockdale rompe de nuevo su silencio para indagar en el tema: “Esta mañana me he despertado en el hotel y he puesto ´Tommy´ de The Who. Es absolutamente increíble. Keith Moon es el mejor batería de todos los tiempos. Nadie había tocado así nunca y nadie lo ha vuelto a hacer. ¿Sabes a lo que me refiero? Ha habido muchos baterías, en grupos de metal, que han llegado más lejos con la técnica, con dos bombos y todo eso, pero no resulta tan extraordinario”. Aunque entiendo perfectamente lo que quiere decirme, el cantante, emocionado y monopolizando ya por completo las respuestas, continua explicándome lo que para él significa el rock & roll: “Cuando tenía diecisiete años todos mis amigos eran unos metaleros. Un día quedamos para ver la película ´Spinal Tap´. No pude verla hasta el final… me deprimí durante una semana. Ya sé que trata de hacer reír a la gente, pero yo sentí que estaban tirando por el suelo mis sueños, burlándose de ellos. Presentan el rock como una diversión de retrasados”.

No sé lo que opinaran sobre estas declaraciones todos los que ya han visto en este power trio el futuro del hard-rock, pero me temo que no son precisamente el arquetipo de sexo, drogas y televisiones destrozadas. “Evidentemente, se trata de tocar y pasarlo bien, pero eso no tiene que decir que no implique también un componente espiritual. Como los grandes del rock. Por ejemplo Jim Morrison o John Lennon, no creo que fueran santos, ni siquiera buenas personas, pero de alguna manera eran líderes espirituales. Podían trasmitir sensaciones y abrir la mente de su público”. Sin llegar a equipararle con figuras tan legendarias, me atrevería a decir que Andrew Stockdale es portador potencial de ese mismo magnetismo. Sobre el escenario se asemeja a un chamán (como Marc Bolan) y su peculiar sensibilidad roza el misticismo. “La primera vez que escuche ´Kid A´ de Radiohead me pareció increíble, sentí como si me hubiesen abierto una puerta. Conecte totalmente con esa sensación de frustración ante la vida moderna. Es ese tipo de espiritualidad a la que me refiero. Cuando la música te traslada a un lugar lejano. Eso es lo que intentamos hacer. Conectar con el subconsciente y trasmitir sentimientos reales y emociones interiores”. Habrá que ver si llegan tan lejos. De momento, temas crudos como “Dimensions” o la gloriosa “Mind´s Eye”, consiguen turbar al oyente. Sus armas son poderosas. A la fuerza de su música se suma también un universo lírico fantasioso y complejo. “Hay que tener cuidado con las letras, buscar las palabras adecuadas para que trasmitan exactamente lo que quieres, pero sin resultar demasiado obvio. Me gusta mantener cierto misterio. No como los grupos de punk o new wave, que lo dicen todo bien claro: (grita con un tono que, interpreto, pretende imitar a un punk antisistema) ¡nadie me entiende, que os den por el culo!… Puedes decir que te sientes incomprendido de muchas maneras, no hay que ser tan literal”. Sus opiniones acerca del panorama actual y la etiqueta de “nuevo rock” no podían hacerse esperar: “No me gusta que todas las canciones tengan que hablar de ir de fiesta (canta con vocecilla de retrasado “C´mon, C´mon “de The Von Bondies). Tiene una buena producción, un riff fantástico… pero dime una sola razón por la que debería dar algo por esa mierda. No hay que ser siempre tan serio, pero creo que se está perdiendo una parte muy importante de la música rock. ´Fun House´ de The Stooges es lo que debería ser el rock. Y dicen que eso es punk, ¡ja, ojalá el punk fuera así!… De todos modos también hay grupos buenos como The White Stripes, Kings Of Leon, Dead Meadow, Gas Light Radio…”. La conversación podría haber continuado de no ser porque el show comienza en un rato. Imposible resumir en las pocas líneas que me quedan la experiencia. Wolfmother ha de vivirse en carne propia. Así que dense prisa antes de que la llama se extinga