Tras el éxito que cosechó Imelda May con “Love Tattoo”, había muchas esperanzas depositadas en “Mayhem”, el segundo disco de esta irlandesa que ha sabido atrapar con su música y encanto natural no solo a los seguidores del rockabilly sino a un público aún más amplio que se identifica con su estilo.

“Mayhem” es un disco más accesible, hay más amplitud de miras, menos salvaje que “Love Tattoo”, su disco de debut, pero en cambio más elegante. “Quería que esta vez el sonido fuese algo más limpio, pero sin perder nunca la esencia de lo que soy como músico, la búsqueda de una calidad que es necesaria. Sobre todo me fijo en los detalles, en los solos de guitarra, que pueda controlar mi voz como yo quiero, que haya buenas letras y canciones que transmitan y que emocionen. Estoy muy contenta con el resultado el disco”. En “Mayhem” hay de todo, desde canciones frenéticas como “Psycho”, “Mayhem” (un single que puede funcionar igual de bien que “Johnny Got A Boom Boom”) o “Inside Out”, a piezas más tranquilas cercanas al blues como “Kentish Town Waltz”, “Too Sad To Cry”, “Proud And Humble” o la versión remozada de “Tainted Love”. “En el disco hay una mezcla interesante entre los temas más rápidos y otros que son más lentos. Es muy importante que haya un equilibrio. El inicio tiene mucha fuerza, en la parte central están las partes más tranquilas y, al llegar al final, todo vuelve a sonar más salvaje. Así que la estructura del disco es parecida a cómo pueden ser mis conciertos en directo”.
Para Imelda May es muy importante no sólo la música en sí, sino también toda la parafernalia que hay alrededor de la misma, el diseño, la imagen tan singular y personal de los músicos o la fotografía como gancho comercial. “Para mí es básico potenciar todo lo que hay alrededor de la música. Para entender mi universo hay que entender todo eso. Ahora se necesita más que nunca este tipo de recursos para seguir vendiendo discos y que así los músicos sigamos componiendo canciones. Que haya buenas fotografías en el libreto del disco, un bonito diseño para las letras de las canciones, haciendo más atractivo tu propio producto… Esa es una de las razones por la cuál adoro el vinilo, porque su formato te ofrece un abanico más amplio de posibilidades”. May es otra de las abanderadas de ese fenómeno musical que abraza a mujeres de todo tipo que están revolucionando el mercado. Una mujer con un discurso propio y que se siente orgullosa de ser mujer, aunque aún encuentre trabas en el camino. “En los últimos cinco o seis años ha habido otra pequeña revolución con mujeres que cantan, pero en realidad al final no son tantas las que pueden presumir con conseguir sus objetivos. Espero ser una de ellas, gozar de una carrera larga y productiva. De todas formas, todavía hay cosas que me sorprenden, como que la gente desconfíe cuando les explico que he sido yo quien ha producido el disco. Aún hay gente que te mira con cara de sorpresa, como si por ser mujer no tuviese capacidad para hacerlo”.
Otra conexión espacio temporal es la que, durante los últimos dos años, está devolviendo a la actualidad al rockabilly. La causa es la repercusión más allá de la escena de la propia Imelda May o de los jóvenes Kitty, Daisy & Lewis. “Muchos de los estilos musicales que nacieron después del rockabilly lo hicieron gracias al rockabilly, por ejemplo el punk, y otros géneros que han salido más tarde. Era una cuestión de actitud y del enorme peso de músicos como Elvis Presley, Gene Vincent o Little Richard. Sin su presencia las siguientes generaciones no hubiesen tenido la oportunidad de reivindicar el rock’n’roll como forma de vida. Este nuevo resurgir del rockabilly era necesario”.