Luz y resistencia (Limbo Starr, 18) es el tercer y más ambicioso disco de los madrileños Alborotador Gomasio. Como los enigmáticos exploradores antárticos de la misteriosa portada, han tenido que atravesar su particular desierto helado para encontrarse.

Luz y resistencia, título de una canción que se quedó fuera, acabó bautizando, paradójicamente, al álbum. El grupo consideró que condensaba la esencia de una banda que no encaja en moldes fáciles. Marco y Koldo (voz y guitarras), que llevan el peso compositivo -completan la formación Miguel Breñas al bajo y Alberto Robla a la batería, todos hacen coros-, se fijaron como objetivo encontrar nuevos matices a unas melodías que navegan deliberadamente entre el power pop y el indie noventero, y los hallazgos melódicos de la Movida. No ha sido un camino de rosas. En estos tres años posteriores a Los excesos de los niños (Limbo Starr, 15), la formación se encogió a cuarteto, y Koldo ha tenido que superar una tendinitis, algo que puede ser infernal para un guitarrista. Al final, entraron en Studio B (Rivas, Madrid) con el apoyo del productor Carlos Hernández (Los Planetas, Triángulo de amor bizarro) para dar forma a un disco que les ha salido impregnado de una mayor carga melancólica. Su contribución, dicen ellos, ha sido clave. Como la de Atilio González en unas atmósferas más densas. Conversamos sobre todo ello con dos músicos que llevan a gala (como en sus canciones) una naturalidad no tan frecuente por aquí.

Alborotador Gomasio estarán presentando Luz y resistencia el próximo 3 de febrero en El Café La Palma.


Koldo recurre a una efeméride temporal para explicar en pocas palabras qué ha pasado desde que se publicó Los excesos: “Casualmente, el nuevo sale el mismo día en que presentamos el anterior, el 19 de enero. Después de un tiempo haciendo el mismo tipo de canción y arreglos, nos planteamos explorar cosas nuevas. No hemos dado un giro de ciento ochenta grados, seguimos siendo un grupo de guitarras, pero al terminar el anterior, sí teníamos la sensación de haber llegado a un punto en que la cosa no daba más de sí. Sin volvernos locos, porque somos los mismos, empezamos a plantearnos hacer cosas nuevas. Alberto (batería) se compró un pad electrónico para desligarse un poco de la batería acústica y empezamos a funcionar con las nuevas canciones. El proceso ha llevado mucho tiempo”.

“También, -explica- nos han pasado cosas de todo tipo. Hace mucho tiempo que arrastro una tendinitis, pero cuando empezamos con las maquetas de las canciones nuevas, tuve una temporada muy mala y tuvimos que parar tres meses. Además, con el anterior disco, no hicimos las maquetas de una manera tan concienzuda. Con éste, queríamos darle a Carlos Hernández algo no cerrado del todo, pero sí más elaborado. Mirando las canciones así tienes la posibilidad de hacerlas crecer mucho más. Por eso, a nivel de arreglos, este disco está bastante lejos de los otros dos”.

“El proceso previo a la grabación con Carlos fue bastante complicado -coincide Marco-. El siguiente paso fue que viniera al local, y lo hizo durante un mes”. La implicación del productor fue, por lo tanto, máxima, algo que destacan ambos. Para Koldo: “Es la primera vez que hemos visto eso, no lo esperábamos, y eso que he visto a gente de este mundo tomarse muy en serio lo que hace. Estuvo todo ese tiempo preparando las canciones, dándole vueltas, cambiando tempos y estructuras. Se ha involucrado muchísimo. Después, la grabación fue como la seda. Hasta ahora nunca habíamos contado con una figura de productor a la antigua usanza. Siempre hay que llegar a acuerdos, pero teníamos que ser humildes: es una persona que lleva mucho tiempo en esto. Generalmente, sus ideas siempre llegaban a buen puerto. Es una persona muy metida en el noise-pop y el power-pop, que es donde nos movemos”.

“El problema es que ya no entra nada del underground en el mainstream, todo es fórmula”

Marco cree que “hubo más afinidad de la que pensamos que iba a haber, se metió totalmente en las canciones. Pensábamos que en algunos temas se implicaría más, pero se implicó en todos como si fuera parte del grupo. Cuida muchísimo las melodías de voz y nos ha dado la oportunidad de aprender un montón de cosas y potenciarlas. Nunca le habíamos dedicado la dedicación que requiere a hacer armonías y todo eso”.  “Estuvimos sólo seis días, pero el trabajo previo fue muy largo, así que al llegar allí, todo fue muy rápido -explica Koldo-. Y al tener tanta afinidad, salió perfecto. Sobre todo, él entiende muy bien lo que hacemos. Al cantar en castellano, hay gente que lleva las voces a un punto que no es el que tienes en tu cabeza. Siempre hemos dicho que nos gusta el pop ochentero: Modestia Aparte, Los Secretos, Hombres G y todo esto, pero no es algo tan representativo. No creo que pienses en Modestia Aparte si escuchas este disco, y creo que Carlos lo tiene claro”. “Muchos productores -matiza Marco- tienen el chip del mundo anglosajón y no entienden las voces en castellano, las escuchan desde otro punto de vista, desde referencias muy tópicas. Pero Carlos ha jugado mucho con grupos con voces pop en bandas más cercanas al rock”.

Los dos admiten que el trabajo del productor también puede haber influido en el hecho de que la huella de Los Planetas clásicos me parezca mayor en este disco, aunque, dicen, siempre de forma inconsciente. En cuanto al marcado tono nostálgico, de añoranza de algo perdido, Marco asegura que “la colección de canciones es producto de lo que hemos elegido en el momento. El filtro ha podido ser el estado de ánimo que hemos tenido para escoger éstas y no otras”. Koldo se explaya: “No creo que haya un hilo conductor, pero, retomando la primera pregunta, éramos un poco más jóvenes. Según pasa el tiempo, creo que eres más consciente de casi todo, y aunque siempre hemos tocado temas emocionales, en Los excesos de los niños estábamos en un periodo un poco más inconsciente y alegre, en general. En estos años nos han pasado cosas que a lo mejor se reflejan en ese tono nostálgico. Sin ponerme metafísico ni intenso: ha sido un proceso de tres años y aparte de la edad, hemos pasado por dificultades. Ha habido momentos complicados, y creo que eso se refleja en la música y las letras”.

Las formas electrónicas que irrumpen en el disco se hacen especialmente vistosas en el delicioso corte Errores, que evoca a los imbatibles Aviador Dro de 1981 (y volvemos a los guiños pre-indies). “Es muy curioso -sonríe Marco-, porque el origen de la canción está en otro proyecto más casero con un amigo, donde nos inventábamos las canciones sobre la marcha. Él editaba mis partes de guitarra y creaba una nueva canción. Era una canción low-fi y la teníamos mucho cariño”. “La idea era ver hasta dónde podíamos llegar con ese nuevo sonido con bases electrónicas, si podíamos hacerlo en otras canciones, y así fue”, explica Koldo.

Lo que se mantiene intacto en el grupo es la pasión por el estribillo como recurso supremo del pop.  “Si una canción no tiene un buen estribillo, la desechamos directamente -afirma, tajante, Marco-. Yo creo que ninguno de los dos entendemos una canción sin estribillo. De momento. A mí me gustaría llegar a ese estribillo con el que la gente se queda instantáneamente, independientemente del grupo. Eso sería lo ideal. Carlos (Hernández) piensa lo mismo”. “Hay gente que hace canciones-río muy bien -añade su compañero-, pero nosotros seguimos teniendo esa concepción clásica. Ahí no hemos cambiado”.

Toca, pues, presentarlo: el tres de febrero en el Café La Palma de Madrid, y después, en otras fechas ya cerradas por el resto de nuestra geografía. Ambos admiten que, por circunstancias, Los excesos de los niños no salió demasiado a los escenarios. “A nivel de prensa el disco sí se movió, nosotros notamos un gran salto fichando por Limbo Starr. A nivel de conciertos, no tanto. Resulta complicado meterte en la rueda o vorágine de los festivales, y es lo que más se fomenta ahora; por eso las salas, sobre todo fuera de Madrid y las grandes ciudades, están como están”.

Concluyo entonces sacándoles la pregunta del millón: ¿Hay una cantidad suficiente de público joven interesado hoy en la música de guitarras? “El anterior disco salió hace tres años, no diecisiete, y yo sí que noto un trasvase de público joven hacia otros tipos de música -responde Koldo-. Hubo un cierto repunte con el garage, pero a nivel de escena local tampoco ha beneficiado gran cosa a nadie. Yo no veo que mucha gente joven esté en este rollo. Pero no me quejo, es lo que hay y supongo que es lo que habrá. Nosotros vamos a lo nuestro. ¿Cómo lo ves tú, que además eres profesor?”. Marco recoge el guante: “Yo creo que en el underground siempre ha habido gente un poco más madura. Y luego está lo que se pone de moda en cada momento, y que atrae a mucha gente joven. El problema es que el mainstream ahora ni siquiera contempla algo que se salga mínimamente de los estándares. No entra nada: todo es fórmula. También es cierto que el rock ha sufrido un agotamiento estilístico, de mensaje. No ha habido un gran grupo de rock tipo Oasis desde,…¿Oasis? (Risas)”. No obstante, para Koldo “hay un distanciamiento entre la gente joven y la música de guitarras porque la música que suena en la radio marca la tendencia. Y la tendencia del mainstream está muy alejada de lo que sonaba hace quince años. Entonces, es más complicado, aunque a veces se puedan dar fenómenos sorprendentes”.