RESULTA SORPRENDENTE LA SEGURIDAD CON LA QUE LOS PLANETAS CONSTRUYEN, PASO A PASO, SU SÓLIDA CARRERA. EN SU CUARTO DISCO, “LOS PLANETAS: UNIDAD DE DESPLAZAMIENTO” (BMG,00) SE REINVENTAN CON ÉXITO UNA VEZ MÁS. DESPUÉS DE LAS INMEJORABLES CRÍTICAS QUE COSECHÓ “UNA SEMANA EN EL MOTOR DE UN AUTOBÚS”, LOS DE GRANADA NO SE HAN DORMIDO EN LOS LAURELES. ESTE ES, AUNQUE DIFÍCIL, EL MEJOR CUARTO TRABAJO QUE PODÍAN FIRMAR LOS PLANETAS. SEGURO.

El cuarto disco de Planetas, “Los Planetas: Unidad de Desplazamiento”, empieza a cámara lenta: lánguido, triste y atmosférico. “Flotando Sobre Loscos”, tema en el que oímos a Verónica de Meteosat, es un mantra de casi cinco minutos que imprime el pulso pausado que marcará toda la escucha. Corte a corte, Los Planetas van construyendo un edificio con una base sólida, un edificio en el que las canciones no luchan por brillar sino que trabajan por integrarse en un mismo discurso. “Flotando Sobre Loscos II” afianza la estructura y “Paseo Por El Parque” es la rúbrica instrumental, acuosa y envolvente, que cierra unos cincuenta y ocho minutos que deben consumirse sin pausa. Después de dar la razón con el laureado “Una Semana En El Motor De Un Autobús” a los que les consagraron con sus primeros álbumes (“Super 8” y “Pop”), Planetas han vuelto a caminar hacia adelante. No es que nos encontremos ante el último disco de Yo La Tengo, pero sí que estamos ante un ejercicio de coherencia que nos permite decir –por primera vez- que Los Planetas, más que una colección de canciones, han firmado un disco con un principio y un final.

A primera vista, existen una serie de factores que han influido en esta evolución. En primer lugar, “Unidad De Desplazamiento” ha estrenado el estudio que el grupo ha montado en Granada, alejándose del planteamiento del álbum anterior, que voló a Nueva York para ser producido por Kurt Ralske. Esta vez han producido ellos mismos junto con su técnico de sonido Carlos Hernández. En segundo lugar, Banin (hammond) y Kieran (bajo) han aportado más a la hora de componer. En tercer lugar, Kieran, el bajista escocés, ha abandonado el grupo definitivamente después de la grabación. Los cambios, sin embargo, no han impedido que el discurso de Los Planetas sea cada vez más sólido. Con esta grata sensación, me encuentro con Florent y Erick en las oficinas de BMG en Barcelona. Florent al habla. “Ha llegado el momento de que Los Planetas controlen su trabajo y de lleven las riendas de su producción artística. Decidimos meternos en la aventura de crear un estudio con unas condiciones muy concretas, un estudio analógico, con toda la experiencia de tres discos y de conocer estudios. Hemos invertido toda nuestra pasta y ahí está, supongo que podría haber estado mejor, pero es el principio de algo. De momento hemos grabado nosotros y el disco es la tarjeta de presentación de lo que puede dar de sí el estudio, que siendo del grupo que es, es bastante importante y fuerte, ¿no? Además está abierto para grupos que nos gusten y que quieran grabar”. Al escuchar el disco da la sensación de que todo está muy estudiado, como si hubieran partido de una idea preconcebida, ¿es así? “No, no. Hemos hecho el experimento de no grabar maquetas, de hacer tomas directas, de intentar reflejar el ambiente, de hacer que cuando pongas el disco en tu casa suene tan natural y directo que parezca que Erick está tocando la batería y que el guitarra está ahí. Hemos intentado salvaguardar este espíritu de grabar las primeras tomas y lo justo y necesario de voces”. Sin embargo, el sentido de unidad es nuevo en un disco de Los Planetas, las canciones han perdido protagonismo y las melodías se han diluido a favor de una mayor coherencia, de un hilo argumental. “Es un disco con trece canciones, a lo mejor resulta menos directo que los otros, porque hay desarrollos más largos y requiere más escuchas. De todos modos, a mí se me hace corto. Rompe también un poco con la idea de nuevo disco de Los Planetas que tiene cuatro himnos y el resto son canciones que se mantienen. Este disco es de los que a mí me gustan, de los que se entienden como una unidad y cuanto más lo escuchas más te atrapan”. Todo apunta hacia un nuevo estado de ánimo. Quizás, la tranquilidad de no tener que demostrar nada, de ser -desde el disco anterior- un grupo profesional, con medios propios, afianzado ante el público y la crítica, les ha permitido afrontar “Unidad De Desplazamiento” con una serenidad y un sosiego que antes no hubieran sido posibles. “Puede que sí, no sé, supongo que cualquier artista que presuma de ello tiende a reflejar su estado de ánimo. Aunque no seas autobiográfico, aunque no estés contando tu vida, quieras o no influye tu estado mental, tu salud… todas estas condiciones. Quizás somos más mayores, pero seguimos con este espíritu de decir cosas. Creo que las canciones de Los Planetas cumplen una función, ocupan un lugar”. Otro interrogante lo encierra el título del disco. Me parece algo bélico, ¿”pelotón” de desplazamiento? Mi lectura belicista no parece tener mucho que ver con la filosofía de Los Planetas. Debo de estar equivocado. “‘Unidad De Desplazamiento’ viene a decir que somos un grupo que mira hacia adelante, nunca insistimos en lo fácil ni en la radiofórmula, miramos hacia el futuro. El título encierra este espíritu de grupo inquieto que siempre se está cuestionado a sí mismo, bastante complicado de digerir, tanto de forma externa como interna, los propios miembros del grupo somos gente bastante complicada, tanto como músicos como en la vida”. Complejos, no lo niego, pero ¿en qué sentido? “Somos bastante idealistas, inconformistas, nos aburre el aburrimiento”.

“Unidad De Desplazamiento” es el punto más álgido de una evolución que va de la mano con el protagonismo creciente que ha experimentado la voz de J a lo largo de cuatro discos, un lamento que ha salido progresivamente de las catacumbas de “Super 8”. “En el primer disco, Fino (el productor) llegó a la locura y a odiarnos, aunque le convencimos para que la voz estuviera baja y muy fusionada. La gente decía que no oía la voz, pero ahora entienden las canciones. Ha pasado el tiempo, en el 93 la gente estaba acostumbrada a que la voz era lo primero y lo otro iba detrás, no se digería de otro modo. Ahora hemos perdido un poco de miedo, las letras han tomado una importancia fundamental y la voz ha ido saliendo porque lo ha ido pidiendo el desarrollo del grupo, no para vender más”. Quizás sea por que han emergido de las profundidades, pero parece que en este disco las letras son -más que nunca- autobiográficas. “No lo son aunque, por muy ficticia que sea una situación, a lo mejor el personaje tiene mucho de ti. Julio Verne nunca fue a la luna, pero a lo mejor sus personajes tenían mucho de él. J no asume el papel de protagonista”. Hablemos, por fin, de un tema triste. Kieran, el bajista escocés que, con su experiencia, otorgó calidad técnica a un grupo que en sus inicios pecaba de amateur, se ha largado definitivamente. “Sí, siempre estaba amenazando con irse, tenía bastantes problemas personales, vivía una vida bastante desequilibrada. La verdad es que nos preocupaba su salud mental, no es que esté loco, pero llevaba dos años largos fuera de Escocia. Es una persona culta e inteligente, pero necesita estar con los suyos, con su familia, nosotros no podemos darle este cariño. El tío siempre estaba: ‘Tíos me tengo que ir a mi casa’. Aunque a última hora quería volver, hemos decidido cortar”. Paradójicamente, éste es el disco en que más ha participado. “Sí, pero como dice el título, seguimos adelante. Es bastante complicado, no es que nos la juguemos, pero la vida es tomar decisiones. Imagínate que tienes una novia que está buenísima y la quieres mucho pero la convivencia es muy difícil, puedes seguir por el mismo camino tortuoso o romper y tirar para otro, aunque tengas que dejar a la rubia de dos metros. La vida es así de cruel”. Pregunta obligada. ¿Quién es el afortunado? “Se llama Miguel, es el bajista de Del Ayo, un grupo de Granada. Nos hem