Lo han vuelto a hacer porque son mutantes. Lo bordaron con el pop español clásico de “El murmullo” (autoeditado, 12), razón suficiente como para tirar por otro camino sin mirar atrás. “Rosi” (Sones, 14) no deja de ser Templeton, pero ahora lo es con nocturnidad y menos complejos. Los de Sones les dijeron, ahora o nunca, y la tropa se fue a ver a Paco Loco para grabar un álbum a la de ya aunque no tuvieran canciones. Ya saldrían, y salieron.

– No ha pasado mucho tiempo después de “El murmullo”, pero creo que justo después es cuando ampliasteis el grupo. Fue entonces cuando entraste tú, Sara, ¿no?

Sara U. Cordero (viola, teclados, coros): Yo no lo grabé, pero me hice la gira entera con ellos.

– Entonces hacéis algo que no os recomendaría nadie de la industria musical, que es montaros un grupo con siete personas. ¿Cómo lo lleváis para moveros, para dar los conciertos o para pagar facturas? ¿Cubrís gastos alguna vez?

Javier Carrasco (teclados y voz): Ahora empezamos a cubrir.

Santiago Castillo (guitarra y voz): Al principio de la gira hicimos unos cuantos conciertos en los que dijimos, madre mía, esto no va a haber Dios que lo sostenga, pero desde que hemos empezado, siempre hemos tenido una filosofía de gastos que consiste en que todo se reinvierte y al final del concierto nadie se lleva nada sino que todo va a parar a las arcas comunes, así que vamos dando conciertos para recuperar. Hemos dado muchos conciertos de cero euros, pero realmente nunca vamos los siete porque Brian, por ejemplo, estaba con Russian Red y no venía prácticamente ni a las grabaciones, aunque luego en el disco ha grabado, pero en el directo es muy difícil tenerlo.

– Y además de Sara, después de “El murmullo” entró Pablo.

JC: El bajista, pero ya había tocado antes con nosotros.

– Lo que ha cambiado en el grupo ha sido básicamente eso, ¿o han cambiado más cosas?

JC: Tampoco tanto, porque aunque ahora esté Sara tocando, antes ya era nuestra amiga y siempre ha estado ahí. Nunca hemos dejado de estar con los colegas, eso no ha cambiado.

SC: Sí, siempre cogemos gente de confianza, nunca hemos buscado músicos fuera.

– ¿Y a la hora de componer? Carrasco era el autor de muchas de las letras, ¿ahora también?

JC: No, creo que en este disco ha habido un poco más de todo el mundo.

– Es fácil ver un cambio en “Rosi”. Os conozco y veo vuestras maneras en el disco, pero de alguna manera se podría decir que este otro grupo.

JC: “El murmullo” lo hicimos en dos años trabajando todas las semanas en él, y este lo hemos hecho en mes y medio o dos meses.

SC: Con el disco anterior estuvimos como año y medio preparando las maquetas, y la llevamos muy bien grabadas donde Paco Loco para grabar sobre esas maquetas, y para este disco, eran maquetas que tenía Carrasco en su ordenador o yo en el mío, y que a lo mejor no habíamos tocado nunca juntos. Ahí se puede notar mucho la diferencia.

 – En el anterior disco lo teníais todo muy bien calculado para grabar, pero teníais ahora también libertad para prepararlo todo, y sin embargo os habéis metido en el estudio pensando a ver cómo sale la cosa mientras que podíais haberlo preparado en “El invernadero”, el estudio de Brian Hunt. ¿Por qué?

SC: Más bien ha sido que nos ha pillado el toro.

JC: De repente aparecieron Sones de la nada y nos propuso grabar un disco, y nos dijeron, muy bien, pero tiene que ser ya. Pues vale, vamos a hacer un disco en plan aquí te pillo, aquí te mato.

SC: Podíamos haberle dicho a Sones que no estábamos preparados y que lo haríamos para después de verano, pero en cierto modo era un reto, como diciendo, vamos a llevarlo mucho menos milimetrado, y con la intención de tener un poco más de manga ancha para probar cosas nuevas. No es que fuéramos a probar cosas extrañas, sino otro tipo de cosas que igual uno probaba en casa solo, y al llevarlo al ensayo, decíamos que no encajaba con Templeton, y esta vez nos hemos olvidado un poquito de esa etiqueta y hemos llevado mucho por hacer al estudio. Allí han salido muchas ideas que han conformado el disco, y muchas cosas que si las dejas en reposo, igual las hubiéramos olvidado.

– Básicamente ese puede ser el gran cambio entre vuestros otros dos discos anteriores y este.

SC: Sí, igual es mejor no pensar mucho las cosas.

– ¿Y cómo ha sido eso de encontraros con un resultado más improvisado?

JC: A la hora de escucharlo ha habido un poco de extrañeza, hostia, que tenemos un disco, ¡y es este, aquí hay movida! Y cuando hemos empezado a ensayar, podía ser la primera vez que hiciéramos una canción, muy guay. Salían canciones nuevas de la nada.

SC: Es muy diferente la sensación. No es lo mismo llevar mucho tiempo con una pareja que acabar de conocerla. Con “El murmullo”, llevábamos dos años tocando las canciones, y cuando grabamos el disco, nos gustó, pero no nos lo poníamos en casa porque no había sorpresa, te lo sabes de memoria. Sin embargo al escuchar estas canciones grabadas por primera vez, nos ha encantado.

– Bien, o sea que ahora lo importante es la improvisación y la frescura, lo que puede darnos un poco más de seguridad a los fans de que tendremos más nuevas canciones de Templeton en menos tiempo… ¿De dónde viene el sabor ochentero del disco?

JC: Tampoco está tan marcado. Sobresalen dos o tres canciones que tienen algo, pero creo que se impone ese matiz sobre el resto.

– Si lo quieres ver, lo puedes ver desde la portada, te puedes dejar llevar fácilmente por esa etiqueta y encajar casi todo lo que hay en el disco.

JC: Es evidente en “La ciudad”, “Fucsia”, o “Las noches blancas”, en el momento en el que metes un secuenciador de bajos. Son cosas que nos gustan y que tarde o temprano tenían que permearse.

SC: A Javi le gusta mucho la música de sintetizadores. En el último año yo he estado escuchando mogollón de new-wave y se nota. Al final siempre es una progresión.

JC: Hago canciones en casa y me pongo a pensar en la producción que le haría, y al final termino pensando que sería adecuada para Betacam, pero más que nada porque tiene sintetizadores y por eso parece que no la podemos meter en Templeton, pero joder, vamos a intentarlo. Tenemos tropecientos teclados además de las guitarras, pues vamos a hacer que suenen los sintetizadores.

– ¿Qué os ha impedido entonces buscar un saxo para meter algunos solos en el disco?

SC: Fue una autoimposición que nos hicimos. Fue una decisión consciente de no contratar a nadie de fuera del grupo para evitar el lado sinfónico que tenía “El murmullo”, que nos gustaba, pero queríamos hacer algo que pudiéramos hacer entre nosotros en directo sin necesidad de llamar a nadie, para no andar pensando si nos faltan esos vientos que entran en la canción, y poderlo hacer con unos sintes.
 JC: Fue una imposición para limitarnos. Estábamos con Paco (Loco), y confiaba en que íbamos a llamar a las violinistas, pero le dijimos que no, que no nos hablara más de eso.

SC: Hay bastantes violas en el disco que toca Sara, pero el planteamiento de las cuerdas ha sido hacer algo menos sinfónico y armónico, y más en la onda de tener solo una viola sonando a la vez.

– Parecíais dispuestos con “El murmullo” a explorar la canción pop española con mayúsculas de los 60, y aquí no hay prácticamente ni rastro de aquello, ¿por qué habéis pasado página de una manera tan impulsiva y habéis pasado de algo que os salió tan de puta madre?

JC: Tú lo has dicho, lo hicimos bien, así que vamos a por otra cosa. También nos cansamos bastante rápido de las cosas. Somos conscientes de que “El murmullo” es una buena obra y estamos orgullosos de ella, pero no queríamos seguir por ahí. De hecho hay canciones de este disco que podían no encajar porque veíamos que sonaban mucho a “El murmullo”.

– Cuando te pones a hacer una canción y sientes que encaja con Templeton, cuando Templeton es un ente mutante, ¿qué es lo que hace que sea para el grupo o para Betacam?

JC: Lo primero de lo que me doy cuenta es de si una canción vale o no vale, y si mola, lo primero en lo que pienso, obviamente, es en Templeton. Luego si es muy puti o demasiado tontorrona, soy consciente de que hay cosas que tengo que parar. Al contrario, cuando hice “La ciudad”, en seguida pensé en lo que molaría que esto lo tocáramos con los muchachos. La traje y salió de puta madre. Si una canción es buena, te das cuenta.

– ¿Alguna vez te has arrepentido porque podías haber dado una canción a Templeton y te la has quedado para Betacam?

JC: No. Creo que saben prácticamente todo lo que tengo por ahí, y cuando algo les ha molado, lo han cogido.

SC: Con el disco anterior, las cosas no eran tan blanco o negro, había canciones que había traído Carrasco, que habían salido de una maqueta que podía ser demasiado Betacam y les dábamos una vuelta.

– Os ha salido vuestro disco más oscuro. Este disco me suena a estar jodido, ¿me podéis contar un poco por qué?

JC: Yo lo veo al revés, el tipo que habla está mucho más jodido en “El murmullo”. Puede ser por eso que le tocara a mucha peña, porque retrata un momento en el que estás muy jodido con tu novia o con tu vida…

– Pero lo contabais tan bonito, que te acababa subiendo la serotonina.

JC: Pero en ese sentido no es tan duro emocionalmente este disco. Es más oscuro, es más de noche.

SC: Es más oscuro de sonido.

– Sí, pero ya que se ha citado la película “Drive” en algún momento, tiene algo en común con “La ciudad”, y es que se encuentran muy pocos sentimientos en el protagonista de ambas.

JC: Puede ser oscuro y estar de puta madre.

SC: Una marca de la casa Templeton es que no hay ninguna canción ni muy luminosa ni muy oscura, casi todas las canciones tienen un doble juego en ese sentido. En “El murmullo” jugábamos con letras que eran muy tristes y melodías que eran lo contrario, y en este disco pasa lo mismo aunque la sensación que da el disco es más nocturna. Por la lucha de personas de Templeton componiendo una canción, siempre se llega a ese equilibrio. Si alguien trae una canción que es demasiado happy, siempre va a haber alguien que se esfuerce en quitarle un poco de ese happy, y al contrario, por eso siempre habrá un tira y afloja que dará una sensación agridulce, medio de día, medio de noche.

– ¿Qué demonio es 39300?
 SC: Es el código postal de Torrelavega.

– Vale, más fácil no podía ser… ¿Me podéis explicar un poco de qué va “Fucsia”?

SC: “Fucsia” va sobre una prostituta que bajo los focos brilla como la que más, y después, a la hora de llamar a su casa, no se atreve ni a contestar, sí, ¿quién es, Rosi, Rosi…?

 – Joder, ¡y dices que no es oscura!

JC: Es menos de contar si estoy jodido porque me ha dejado mi chica e intentar trascender eso. “Fucsia” se puede visualizar como una radionovela igual que “La ciudad” u otras.

– En la red decíais que “Fucsia” era vuestra canción más arriesgada, ¿por la temática…?

SC: No, yo creo que fue por lo de llegar una mañana y ponernos a llamar a teléfonos de Torrelavega al azar y empezar a grabarlo. Era como meter un puñado de realidad en una canción improvisada, que era algo que no habíamos hecho nunca. Visto con perspectiva, no es para tanto, pero en su momento nos pareció un hito.

JC: También es coger una canción que tiene un groove muy marcado, y de repente, te cortamos y metemos otra canción que no tiene nada que ver y que hicimos en el momento y nos volvimos locos para sacar algo de ahí, y de pronto vimos que apenas entendíamos nosotros lo que estaba pasando, así que, como para que la canción la entendiera alguien.

– ¿Hace falta que alguien entienda del todo lo que proponéis en una canción? No hace falta explicar los chistes para que tengan gracia. No sé, ahora querría preguntaros por “El látigo”, pero desde luego que si me explicáis la canción, la entenderé, pero si no me la explicáis, también entenderé. De acuerdo que si me contáis lo que dice “Fucsia”, la canción cobra un sentido diferente y mucho más grande pero, ¿hace falta entenderlo?

JC: Sí tú has entendido algo en algún sentido…

– Hombre, yo llegué a pensar que era la madre de uno de vosotros.

JC: Pero eso es perfecto, si tú te has imaginado cualquier cosa, ya está, es suficiente porque tú le has dado un significado que a lo mejor coincide con el mío o a lo mejor no.

SC: Pasa siempre y es algo que nos gusta a todos. Hay muchas veces en las que, cuando descubres de qué va una canción de verdad y hablas con su autor, te sorprende porque te imaginas algo que no tiene nada que ver, y eso que estabas entusiasmado con esa canción. Eso me pasó con “Segundo premio” de Los Planetas, que todos hemos sentido que estaba relacionada con un romance, mientras que es Jota esperando a que le llamase Florent cuando estaba muy mal con las drogas. Creo recordar que era eso, pero siempre la he imaginado como un hombre destrozado con una ruptura, y en este caso, a mí me gustó todavía más.

– Son las virtudes de las canciones buenas, cuando las puedes aplicar a cualquier cosa… vale, pues no os pregunto más sobre los secretos de las letras, pero cada vez que oigo “Cowboy”, encuentro un dibujo melódico que me recuerda vagamente a algún clásico de la independencia, ¿encierra algún homenaje a algún grupo de por aquí?

JC: Hay muchos y muy variados. Esta canción empezó por la parte instrumental. Dijimos que era mil cosas, ¿y qué? Pues para adelante.

SC: Hay dabadabadá de película española de los 60.

JC: Los de Rusos Blancos me avisaban que había cosas que les recodaban a este o aquel pero, ¿qué te crees, que ellos no están copiando cosas de los 60 también?

– He tenido varios nombres en la cabeza hoy y se me han ido, solo puedo recordar a Nosoträsh ahora mismo.
S

C: Pero están Mercromina con “Llamas.

– Y Klaus & Kinski, aunque estos son más recientes.

SC: ¿Sí? De eso no somos conscientes.
J
C: Y toda la rueda de acordes es un estándar.

SC: Eso me pasó con el disco de Espanto, que no es más que un disco de canciones de género puro y duro a las que les dan una vuelta. Son estándares de rock’n’roll, y sin embargo suena completamente nuevo y fresco.

– Vale, ¿y por qué repetisteis con Paco Loco teniendo aquí El Invernadero (el estudio y local de Brian Hunt)?

SC: Porque teníamos muy poco tiempo y necesitábamos un productor de confianza, y somos incapaces de trabajar sin alguien que ponga orden.

SU.: Y porque necesitamos concentración.

JC: Si lo hacemos aquí, seguro que a alguien le sale algo y terminamos tardando. Para grabar un disco en doce días, prefiero estar en un lugar distinto.

– Perdonadme que vuelva sobre “El látigo”, que me interesa más que nada por los tiempos que corren, ¿de qué va?

JC: Es evidente en el sentido de que es un poco canción-protesta. Bueno, no quiero decir canción-protesta, pero es el resultado de que nos estén jodiendo, me está jodiendo mi jefe, me está jodiendo mi Presidente, me están jodiendo mis amigos, me está jodiendo mi novia… ¡me está jodiendo todo el mundo!

– Pero te da repelús decir lo de canción-protesta.

JC: Está tan vilip…

– Llevo veinticinco años o más oyendo que la canción-protesta está muy mal considerada, pero los tiempos y los músicos ahora son otros. Tiene que llegar un momento en el que lleguemos a la conclusión de que hay ciertas cosas que no hace daño que se digan.

JC: Desde luego si lo hemos hecho es que necesitábamos decirlo, aunque también sentí que era un poco arriesgado hacer esta canción sobre esta movida en concreto, pero nos sentimos identificados, y coño, funciona. No nos avergüenza hacerlo y necesitamos…

-…sacarlo de dentro.

SC: Es lo que te trataba de decir, que en “El murmullo” hablábamos solo de nosotros mismos, mientras que en “Rosi” hablamos de otras cosas, y muchas, provocadas por los tiempos que corren.

– ¿Y qué pasa con la portada? Me perdí cuando en Facebook vuestros amigos empezaron a decir a lo que les recordaba o lo que les sugería, ¿tiene algún tipo de interpretación que me pierdo?

SC: ¡Como las canciones!

– Vale, pues entonces no me la cuentes.

SC: La sensación que te dé ya va bien.

– Es que la sensación que me da es que me encaja con el rollo ochentero, nocturno y frío que estaba de moda entonces.

SC: Cada uno tiene sus sensaciones, pero yo estaba pensando más en los 70, pero si a ti te parece que puede ser 80’s…

– Claro, se me ha filtrado todo por el tamiz de los primeros 80, pero porque hay un montón de cosas que se van a saborear de una manera distinta desde que conocemos el “Kaputt” de Destroyer con todo lo que ese disco reabrió.

JC: ¡Es que ese disco es la hostia!

– Claro, pero además es que leí en vuestro diario de grabación, que este es un disco sexy, ¿me lo puede explicar alguien?

SC: No me mires a mí, pregúntaselo a Carrasco.

JC: A la hora de ensayar aquí muchas de las canciones, son… Así como las canciones de “El murmullo” eran de mover la cabeza, estas son de las que te entran ganas de bailar contoneándote.
SC: Esta es una de esas cosas que son más fáciles de ver desde dentro del grupo. Cuando llevábamos dos años seguidos tocando las canciones de “El Murmullo”, que serán lo que quieras, pero sexys no son ni de coña sino que son más bien de guateque de falda larga; hacemos de pronto un par de canciones que tienen cierto Groove, por lo que, desde dentro la asociación de ideas es que esto es como sexy, como de bailar, como un poco de pardillos al verlo, pero es la sensación que nos da; pero entendemos que si hay una persona como tú que no está en el grupo, y que escucha todos los días música mucho más sexy, “Rosi” no le parecerá nada sexy. ¡A un fan de Isaac Hayes, esto le parecerá una mariconada!

– Sé que en todos vuestros discos hay referencias, pero aún no he pescado la referencia a los Simpson que hay en “Rosi”.

JC: Si te lo digo, desvelaré el truco… en lo primero que oyen, hay algo… El verdadero fan de los Simpson, lo sabrá. Me he dado cuenta de que una de cada seis canciones que hago, tiene algo que ver con los Simpson. En “El murmullo” hay cosas de los Simpson también.

– O sea, que eres de los que te sabes los diálogos de memoria… Me parece perfecto, tengo unos cuantos amigos así, de los que se masturban poco.

JC: Yo te digo que pones el disco y lo van a pillar.

 – Pues a ver si me lo cuentan, pero vamos a centrarnos un poquito más. Sois un montón y habéis conseguido terminar un disco en muy poco tiempo porque habéis tenido un determinado látigo u organizador detrás, ¿es la única manera en la que os podéis organizar ahora?

SC: ¿Lo dices por la discográfica?

– No necesariamente por Sones, aunque os ha ido muy bien que os hayan llamado, porque supongo que no estabais contentos con lo que estaba pasando con “El murmullo”, que era autoeditado.

SC: Sí que estábamos contentos con “El Murmullo”, estábamos muy panchos con nuestra autoedición. Estamos muy orgullosos de todo lo que pasó, lo que pasa que, hoy en día, gestionar un grupo de siete personas que están en edad de trabajar y de pensar en que, o me consigo un curro o no llego a fin de mes o no como, es muy complicado; entonces dijimos que si encontrábamos una discográfica que vaya a poner cariño en esto como pusimos nosotros, y que nos ponga unas condiciones que no sean demasiado abusivas para como está el patio, ¿por qué no probar? Y apareció Sones que directamente nos dijeron que les gustaba nuestro disco aunque no les hubiéramos mandado nada. Nos pusieron unas condiciones muy buenas.

JC: Sones nos ha liberado de hacer mucho trabajo sucio y nos ha puesto una fecha límite, algo que ni se nos hubiera ocurrido a nosotros. Pensábamos que seguramente íbamos a sacar un disco este año, pero no se nos ocurría que lo íbamos a hacer ya.

SC: Ese látigo, entre comillas, es adquirir un compromiso y ponerte una meta, porque si no, tiendes a dispersarte, sobre todo cuando tienes a gente como la que hay en este grupo, que no es profesional aunque toquemos en festivales junto a otros profesionales. No nos podemos dedicar solo a la música, entonces, en el momento en el que tienes que tener una meta, o te la marca alguien, o es mucho más difícil contentrarte.

– En el diario de grabación contáis que buscabais desesperadamente un título para una canción que se llamaba solo “Medieval”, ¿cuál terminó siendo?

SC: “Hortensia.