Decididos a conquistar a todo tipo de audiencias, en “The Hunter”, un disco más libre y variado que nunca, pero también más directo y concentrado, Mastodon prescinden de obras conceptuales y largos temas progresivos. Un salto sin red en el que riffs con vida propia y ambientes de magnética belleza se funden con inusual naturalidad.

Mastodon no son una banda al uso. Hay algo único y especial en su música y en todo lo que les rodea. Quizás sea su poderosa imaginación a la hora de componer y dibujar melodías, su habilidad para desmontar clichés y lugares comunes, o sus frecuentes vínculos con otras disciplinas artísticas. “The Hunter”, su quinto álbum de estudio, confirma que el cuarteto de Atlanta juega en su propia liga. Más directo que su célebre y expansivo antecesor “Crack The Skye”, su nueva y palpitante obra respira totalmente libre y atomiza en temas de entre tres y cinco minutos sus principales rasgos de identidad. La esencia, la actitud y las cualidades estéticas de su sonido perduran, aunque vuelven a mutar. Probablemente en ese equilibrio entre revisionismo, reinvención y vanguardia radica uno de sus grandes secretos. “Muchas de las nuevas canciones son una reacción directa a ‘Crack The Skye’”, reconoce el cantante y bajista Troy Sanders. “Nos gusta emprender nuevas direcciones. Siempre hemos querido mantener vivo cierto sentimiento de frescura”. Esta inquietud por querer desmarcarse del rebaño se apreciaba ya en su estruendoso debut “Remission”, con el poder del fuego como leit motiv y su fibrado y original acercamiento al sludge metal como tarjeta de presentación. Desde entonces, ningún disco ha sido igual al anterior. Aunque en esta ocasión han ido aún más lejos. “Teníamos claro que no íbamos a escribir otro álbum conceptual. También decidimos cambiar de artwork y de productor. Cambiar de todo, y espero que a mejor”. Una necesidad vital que les ha llevado a sustituir en los mandos de la nave a Brendan O’Brien (Pearl Jam) por Mike Elizondo. El hecho que este último sea conocido principalmente por sus trabajos con artistas de hip hop como Eminem, Dr. Dre o 50 Cent, ¿debería preocuparle a alguien? La duda ofende. “Confiamos en nosotros mismos. Sabemos que estamos haciendo lo adecuado. Seguimos escribiendo toda la música y las letras, y nunca hemos tenido ningún tipo de presión externa de nadie. Mantenemos el control al cien por cien. Así que no tengáis miedo, confiad en nosotros y acompañadnos en nuestro viaje”. Una expedición con carrocería del ilustrador y escultor A.J. Fosik, cuyo catálogo se centra en la creación de detallados y coloristas bustos de animal tallados en madera y con múltiples e imposibles yuxtaposiciones de bocas, lenguas y ojos. Con un pie en la mitología china y otro en el surrealismo pop. “Habíamos visto su trabajo en muchos libros y revistas. Teníamos su nombre en mente desde hacía tiempo. Su proceso creativo, de algún modo, es similar a cómo nos sentimos componiendo y tocando. Es fruto de mucha dedicación, tiempo, energía y talento”. Quizás ese cuidado por la estética, la convivencia en su sonido de referencias tan dispares como Thin Lizzy, Black Sabbath, High On Fire, Alice In Chains, Queens Of The Stone Age o Neurosis, y sus manifiestos intereses extramusicales –que abarcan desde la lectura compulsiva hasta la fotografía, pasando por el cine de terror de la Universal, Star Wars y el pop art- les ha llevado a ser considerados poco menos que un grupo de metal posmoderno. Contribuyen a ello unas letras que beben abiertamente de la literatura de Lovecraft, Dostoievski o Melville –sin ir más lejos, su segundo disco, el inasible “Leviathan”, está inspirado directamente en la caza de la ballena blanca de “Moby Dick”-. Metal sofisticado. Evolucionado. Incluso “metal que escuchan aquellos que se creen demasiado listos para escuchar metal”, según The New York Times. “Es divertido (risas)… Definitivamente, nunca hemos querido ser una banda de metal unidimensional. Llámalo metal, rock o psicodelia. Sumamos muchas influencias entre los cuatro y disfrutamos explorando todos los estilos de música que nos intrigan. No queremos ser planos en ninguna de nuestras facetas. Lo mejor de todo es que surge de un modo muy natural y orgánico, nunca hablamos de ello”. Lo que sí hablan son sus canciones, en este caso dedicadas al fallecido hermano del guitarrista Brent Hinds, a quien “The Hunter” rinde un implícito tributo. “Una cosa que realmente me gusta de nuestra banda es que podemos coger una experiencia trágica o negativa y canalizar esa energía a través de la música para obtener algo bonito que va a vivir para siempre”.