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Siempre hay que escuchar distintos puntos de vista, analizarlos y valorar sus argumentos. De ese modo cualquier debate será más rico y sobre todo más global. Nadie debe conformarse con las visiones sesgadas y partidistas de la realidad, y más todavía cuando nos referimos a cuestiones artísticas, por lo general mucho más abstractas de lo que suele estarse acostumbrado. Por eso cualquier persona interesada en el mundo de la música, el cine o cualquier otro tipo de arte no debería dejar pasar una obra como “Pretenciosidad. ¿Por qué es importante?”, un librito de poco más de ciento cincuenta páginas, pero plagado de razonamientos certeros y que, al margen de que conectemos o no con ellos, aportan una luz distinta al momento actual.

En estos tiempos en los que hasta se intenta que debamos sentirnos culpables de nuestros gustos, “Pretenciosidad” se vislumbra como una obra necesaria y un análisis que mucho tiene que aportar alrededor del concepto mismo que le da titulo y de las connotaciones negativas a las que se le suele asociar en la actualidad, armas de un antiintelectualismo que, en muchas ocasiones, esconde el rechazo a aquellas cosas que buscan ir más allá de lo que a algunos les gustaría. Y así, por el camino, Fox nos hablará de David Bowie, de la creatividad, de censurar la pretenciosidad o del lugar qué ocupan las barreras en las mentes de los artistas. Lo dicho, una obra que aporta un punto de vista distinto al que suele darse más cancha en estos momentos, pero que ayuda –y mucho- a pensar en las cosas de un modo mucho más desprejuiciado.

“Tal vez por esnobismos como los anteriores, la sospecha de que las formas de arte experimentales han de ser forzosamente un timo -el instrumento de una conspiración de las elites para desplumar al honesto y trabajador contribuyente y salvaguardar los intereses económicos de una camarilla de intelectuales, marchantes y coleccionistas- se ha mostrado tan persistente.

La fábula del traje nuevo del emperador sale a colación una y otra vez, una conspiración para timar a alguien, un pretexto pretencioso con el único objetivo de hacer que personas inocentes o culpables parezcan estúpidas. Se trata de una paranoia narcisista: la mayoría de artistas no tienen ni el tiempo ni el dinero para molestarse en tomarle el pelo a la gente y están mucho más preocupados por dedicar sus jornadas a trabajar con ideas en el estudio por muy absurdas que esas mismas ideas puedan parecerles a los demás”

(página 17)

 

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