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Morrissey

Morrissey ha tardado tres años, porque ni él mismo tenía interés alguno en que sus memorias fueran traducidas a otro idioma, pero ya está aquí la traducción al castellano que la colección Penguin Classics editó hace tres ejercicios con el oropel propio de los clásicos de la literatura, categoría a la que él mismo prácticamente se adscribió. Y a ver quién era el guapo de negársela. Se dijo ya entonces, y la estupenda traducción de Rubén Martín Giráldez obliga a reincidir: el relato de su coming of age, su infancia y adolescencia como rito iniciático en la gris Manchester de los años 60 y 70, es -con diferencia- lo mejor del libro. En su más puro estilo, no escatima luego estopa hacia Tony Wilson, John Peel, Nick Kent, sus ex compañeros Mike Joyce y Andy Rourke, el juez John Weeks o Geoff Travis. Ni el New Musical Express ni Sandie Shaw se libran del reparto de puyas, y el relato del agrio litigio legal con sus ex compañeros resulta farragoso y reiterativo. Pero el primer tramo del libro es brillante y evocador hasta decir basta, fiel reflejo literario de uno de los letristas más mordaces y genuinos que ha dado el pop británico en su historia.

La evocación borrosa de una Inglaterra postvictoriana que se debate entre la decadencia del viejo imperio y el orgullo de una tradición arcana, y que él asume a través de un imaginario particular en el que se agolpan el swinging London, el free cinema, soap operas como “Coronation Street” y la sombra patriarcal de Lou Reed, Marc Bolan o David Bowie, es modélica. Sin la posterior generosidad en la dispensa de mandobles, no siempre despachada con la distinción que él mismo presume (ni mucho menos), no se entendería la idiosincrasia de Morrissey. Contradictoria y propensa al estruendo, aunque siempre se las apañe para superar al espectro de la autoparodia en la photo phinish. Lástima que esa extrema diligencia en una prosa magnética no tuviera reflejo en el terreno de la ficción, porque “List of the Lost” (Penguin, 2015), su primera novela (aún no traducida al castellano), fue vapuleada con saña por la crítica de su país un par de años después.

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