MondoSonoro Libros

Ríanse del “do it yourself” del que se vanaglorian algunas bandas de hoy. ¿Acaso tienen que construirse sus instrumentos? ¿A que no? Pues eso… “Batería, guitarra y Twist” nos traslada a una época oscura en la que varios destellos, varios fogonazos de juvenil ímpetu creativo empezaron a cambiarlo todo. Más de lo que sus propios protagonistas creen.

Los primeros combos rockeros de la capital, ésos que allá por los primeros sesenta trataban de imitar a los héroes anglosajones utilizando escasísimos medios, construyéndose guitarras con cajas de madera o tuneando bandurrias, apañando pedales de batería con diccionarios de latín y reconvirtiendo viejas radios de onda media en amplificadores, son los protagonistas de este interesantísimo libro editado por La Fonoteca.

Las excepciones a esta regla fueron, no obstante, muy notorias. Tal como señala el autor Julián Molero, algunas de las bandas más populares estaban integradas por hijos de individuos bien posicionados en el régimen franquista, ya fuera económica (los instrumentos eran infinitamente más caros que hoy, en valores relativos), política o militarmente (no olvidemos el papel crucial de las bases norteamericanas, a las que sólo podían acceder los enchufados del Movimiento). Pero incluso ellos tuvieron que lidiar con la difícil tarea de crear algo de la nada, de la nada más absoluta. Cuenta Molero que no sólo los músicos, sino también los periodistas, técnicos de sonido, empresarios, vendedores de instrumentos, locutores radiofónicos, todos consiguieron dar a luz ese primer rock madrileño a golpe de improvisación. “Nadie tenía ni idea de nada”, asegura el autor (que por cierto, señala que los inspectores de la SGAE se inventaban los repertorios de los conciertos que controlaban…).

El volumen apenas entra en la contextualización política, comentando sólo algunos momentos cruciales de la relación del primer rock madrileño con el poder, lo cual facilita la lectura rápida de sus poco más de 150 páginas. Sí hay una contextualización social muy interesante, que consigue que el lector empatice y pueda entender (sin compartir, claro) las reacciones del españolito medio ante semejante estallido de vandalismo. Impagables son las recopilaciones de reacciones de la prensa y el gobierno, que aludían a la “peligrosidad para la salud física” del twist, y citaban a Irán como país modélico al ser el primero en prohibir bailarlo en público “por razones morales”.

El libro demuestra que a pesar de la proliferación de bandas en el lustro 1958-1963 (el nacimiento de Los Brincos, en 1964, marca el final de la narración), las que ocupaban los carteles de matinales, conciertos en colegios mayores, salas de juventud, etc… eran siempre las mismas (un mal que parece endémico a tenor de lo que se ve en la actual escena festivalera). Y eso genera una única pega para la lectura, pues se repite la misma retahíla de nombres (Los Pekenikes, Los Sónor, Los Relámpagos, Los Estudiantes…) una y otra vez a lo largo del texto.

Quizá lo más interesante sea el homenaje que el libro rinde a publicaciones pioneras en radio y prensa, a los personajes más míticos (y visionarios, como el radiotelegrafista de Iberia que convenció a El Corte Inglés para que vendiera los discos que se traía de sus viajes a EE.UU.) de las bambalinas, a las bandas callejeras que seguían a sus nuevos ídolos como una religión, a los organizadores de los primeros festivales…

En definitiva, “Batería, guitarra y twist” es un libro que, además de hacer justicia a un montón de nombres sepultados por el polvo, es absolutamente esencial para comprender de dónde venimos, analizar dónde estamos, y así poder diseñar mejor adónde vamos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies