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Hace unos años cumplí mi sueño de ver en directo a uno de mis grupos favoritos de la adolescencia, The Jesus and Mary Chain. Sucedió en el malogrado Summercase, donde, para mi desgracia, no sentí ni frío ni calor. ¿De verdad eran esos anodinos funcionarios del rock los macarras que tuvieron que salir por patas del Haçienda tras 20 minutos de acoples?

Una sensación aún peor me asalta al sufrir el nuevo disco de la mítica banda de Leeds. ¿Son los mismos que hicieron aquel glorioso manifiesto post-punk, “Entertainment!”? Por supuesto que no. Para empezar, han pasado 36 años. El fuego de la urgencia post-adolescente que propulsaba aquel memorable debut hace tiempo que se ha extinguido. Es normal. Ley de vida. Peor síntoma es que de la formación original sólo quede el guitarrista Andy Gill. Indudablemente, este noveno álbum, como la resurrección de Gang of Four en 2004, llega a rebufo de la reivindicación, cada vez más justificada, de su obra temprana y del inagotable legado del post-punk. Pero uno espera que las viejas glorias de aquel periodo empeñadas en seguir en esto, tengan algo que decir. Y así como sus coetáneos Wire mantienen la dignidad, los Gang of Four de 2015 (es decir, Andy Gill y compañía) nos entregan un artefacto indigerible.

Sonido sintético mal entendido, abundantes tics de los 90 -esos efectos en la voz, que ya envejecieron mal hace una década-, riffs de garrafón, como el de “Born Talk”, que hacen sutiles a Killing Joke, extrañas baladas industriales (“Obey the Ghost”), coros sonrojantes (“Graven Image”). La nómina de colaboradores intenta salvar la papeleta, pero ni el alemán Herbert Grönemeyer con la electrónica de saldo de “The Dying Rays” ni la norteamericana Alison Mosshart (The Kills) con el discreto single “England´s in my Bones” pueden levantar las canciones.

En este contexto musical, los posicionamientos políticos de brocha gorda sobre las contradicciones sangrantes del mundo en que vivimos carecen de relevancia. Hacia el final salta algún destello de la grandeza pasada como las guitarras de “Isle of Dogs” y las estrofas de “Stranded”. No es suficiente: Demasiadas ideas mal digeridas.
Tengo cada vez menos certidumbres, pero estoy bastante seguro de que nadie toserá el debut de Gang of Four dentro de 20 años, mientras que “What Happens Next” se perderá en el limbo de la irrelevancia.

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