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Esa idea que propugna que el post-rock es underground debería perecer junto al susodicho género. No podemos caer en semejante ingenuidad cuando Explosions In The Sky, Mogwai o Sigur Rós arrasan en festivales masivos como Primavera Sound. La burbuja explotó y 1996 fue hace dos décadas; ese cuento ya no nos vale.

De la gran eclosión que se ha producido en la última década cabría destacar a algunas personalidades que han sabido comprender el estilo más allá de sus ya aburridos clichés fusionándolos con géneros más agresivos, como el hardcore. De esta nueva sensibilidad -prácticamente incatalogable- ha surgido un seguido de bandas que ha logrado generar una nueva categoría estilística. Tales son los casos de Boneflower, Descubriendo A Mr. Mime, los ya disueltos La Parade, Trono De Sangre o, por supuesto, los cordobeses Viva Belgrado.

Y es que el ascenso del cuarteto ha sido imparable desde su debut “Flores, Carne” (14): a sus innumerables giras a lo largo y ancho de España se le suma su aparición en festivales como Aloud Music Festival, Primavera Sound, el checo Fluff Fest o la particular meca británica del math rock, ArcTanGent. Su garra sobre el escenario –no exenta de cierta actitud shoegazer– y la desmedida agonía de sus letras, tan crudas como poéticas, les ha llevado a ser nada menos que el estandarte de todo un movimiento a nivel nacional.

Dos años después, cabía preguntarse si su éxito era una mera coincidencia o el capricho de unas circunstancias favorables. Y ni una cosa ni la otra. “Ulises” es la constatación de una verdad a gritos: Viva Belgrado es una de las bandas más consistentes que el panorama nacional ha brindado en los últimos años.

La caída en la autocomplacencia era fácil viendo la buena acogida que tuvo su primer álbum de estudio. Y en un primer momento, una sospecha de tal cosa sería pertinente: el tema de apertura, “Calathea”, guarda un parecido más que razonable con la apertura de su antecesor, “Báltica”. Lo cierto es que el tono no tarda en variar, y el armazón de post-rock con el que se presentó la banda cae prácticamente al instante. ¿Qué es, pues, lo que ofrece en esta ocasión Viva Belgrado? ¿Una vuelta al hardcore recrudecido de su epé “El Invierno” (2013) deudor de At The Drive-In? Nada de eso; el tono de “Ulises”, bajo la metáfora que ofrecía Joyce en su célebre novela del hombre moderno, se adecua más a los paradigmas del indie pop, sofisticando su sonido y abriendo la puerta a posibilidades hasta ahora inexploradas por los conjuntos de screamo. “Por la mañana, temprano” o “Apaga la llum” son buenos ejemplos de la versatilidad de la banda andaluza. Por otro lado, tampoco es que la contundencia brille por su ausencia precisamente. La fina retórica de sus letras ha dado paso a un estilo más directo en el que no hay lugar para las lecturas ambiguas; el abanico cosmopolita de lentejuelas rojas con el que esta vez nos acompañan es un viaje por el dolor de las noches vacías y los ojos del hastío – para más señas, el tema “Erida”.

“Ulises” es un álbum que corría el riesgo de ser un intento paupérrimo de repetir la fortuna de “Flores, carne”, o bien ser un apresurado intento de reinvención sin fundamento. Pero la solvencia de sus composiciones y el tono dinámico del álbum lo convierten en una auténtica joya que, definitivamente, supone un punto de inflexión en la percepción de toda una corriente.

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