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Huido Alan Wilder y con David Gahan recuperado -pese a las visibles secuelas-, Depeche Mode han vuelto al mundo de los vivos. Cuatro años después de aquellos dos “Songs of Faith and Devotion”, los de Martin Gore nos han devuelto todas las esperanzas que muchos habíamos depositado en ellos, desde que abandonaron el inocente tecno pop de sus dos primeros álbumes, completando una de las grandes piezas maestras de su historial. Con Tim Simenon -alma matter de Bomb the Bass- a la producción y colaboradores de la talla de Keith LeBlanc y Doug Wimbish -ambos miembros de los desaparecidos Tackhead, del colectivo On-U-Sound de Adrian Sherwood y, el segundo, bajista de Living Colour durante sus últimos meses de vida-, Depeche Mode nos ha sorprendido con un álbum denso que, retomando la esencia techno oscura de “Violator”, se desmarca de la prepotencia de las guitarras de su anterior larga duración- únicamente presentes en “Useless” o en la slide invitada de The bottom line»-.

Pese a la indiscutible valía de esos singles que son “Barrel Of A Gun” y esa pieza de baile arrollador llamada “It´s no good”, “Ultra” guarda sus mejores bazas en esos cortesdónde el intimismo de los años intermedios de su carrera vuelvea florecer con fuerzas renovadas. Así no requiere demasiados esfuerzos el citar a “Home” -con Gore en la parte vocal- o a “Sister of Night” entre sus mejores composiciones.

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  • Anónimo

    I’m impressed! You’ve managed the almost imilpssboe.

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