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Según Trepàt, el amor está en la tierra y la lujuria, el desenfreno y la frivolidad habitan en el cielo. Los granadinos se visten de blanco en este segundo disco para elevar su propuesta a cotas celestiales. Después de “La fiesta oscura” y lejos de acusar la resaca de un debut prometedor, Trepàt amanecen con la mente despejada, cristalina a juzgar por el sonido de un álbum que aún así se instala entre lo divino y lo humano.

Lo consiguen entre guitarras crepusculares que recuerdan a Echo & The Bunnymen, como es el caso del single “Torturas en los bares” y beats más actuales en la onda de El Columpio Asesino y esa síntesis narcótica de pulso y ritmo. Pero no se dejen embaucar por ese blanco Versailles, dentro de palacio el ambiente sigue siendo enrarecido, insinuante y vertiginoso con temas como “Onix” o “Crack” que iluminan esa noche eterna y terrenal. Entre los destellos la voz de Miriam en “Retrofestiva”, una reencarnación de Jeanette en su lado más esquizoide. Trepàt han conseguido plasmar ese disco de los ochenta que nunca se hizo pero que todo el mundo dice haber escuchado alguna vez. Pues aquí está, como caído del cielo.

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