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Ha sido necesario esperar al tercer disco de los escoceses Franz Ferdinand para constatar de forma definitiva dos cosas. La primera es que cada uno de los trabajos firmados por la banda ha acabado teniendo una personalidad propia dentro de su trayectoria. La segunda es que pocos, muy pocos, grupos actuales han dado en el clavo tres veces consecutivas con la rotundidad con la que han hecho ellos. Que les quede clarito: Franz Ferdinand han vuelto a conseguirlo.

Ha sido necesario esperar al tercer disco de los escoceses Franz Ferdinand para constatar de forma definitiva dos cosas. La primera es que cada uno de los trabajos firmados por la banda ha acabado teniendo una personalidad propia dentro de su trayectoria. La segunda es que pocos, muy pocos, grupos actuales han dado en el clavo tres veces consecutivas con la rotundidad con la que han hecho ellos. Que les quede clarito: Franz Ferdinand han vuelto a conseguirlo. “Tonight: Franz Ferdinand”, el disco más electrónico del cuarteto, vuelve a ser una gloriosa demostración de pop hedonista, vacilón, con un punto psicodélico y cargado de hits (a excepción de los minutos finales con las pausadas “Dream Again” y “Katherine Kiss Me”). Los de Alex Kapranos se zumban prácticamente diez canciones con el potencial suficiente para ser singles (“Bite Hard”, “No You Girls”, “Twilight Omens”, “What She Came For” –con la parte de guitarras más rabiosa que jamás hayan grabado-, “Can’t Stop Feeling”, etcétera), lo cual no significa que vayan a ocupar el lugar de las ya inmortales “Take Me Out” y “Do You Want To” o mucho menos que pequen de obvios, para nada. Sus nuevas canciones nos obligan de nuevo a levantar el culo de la silla, a ponernos la camisa nueva, beber la pócima de la eterna juventud, pavonearnos arrogantes por la pista y agarrarnos con fuerza a las nalgas más cercanas, pero lo hacen con la maestría suficiente para que no pensemos en un reset tras varias escuchas y una fuerza extraterrestre nos lleve a pincharlas una y otra vez incluso en días de resaca. Nick McCarthy aporta más teclados que nunca, situados todos estratégicamente, consiguiendo que la electrónica gane en protagonismo (acérquense al single “Ulysses” o a los segundos finales de la reinventada “Lucid Dreams” para constatarlo), compartiéndolo con unos bajos que nos llevan a contornearnos como nunca en el disco más nocturno de los chicos. A Franz Ferdinand no hay quien les tosa.

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